El inmenso carrusel de la corrupción y el latrocinio político de faca y trabuco, togas arrugadas y sediciosos

Todos colgados y coligados del inmenso carrusel de la corrupción y el latrocinio político, giran y giran en una juerga de libertinaje despreciable y abyecto. Viven felices y tranquilos, aunque de vez en cuando, el de atrás coja demasiado impulso y le dé patadas en el trasero. ¡Gajes de la fiesta! Son conscientes que la máquina tiene cuerda para rato. Ya, nadie ni nada puede precintar el negocio. El espectáculo continúa.

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Pérez de los Cobos y la actualidad del histórico expediente de la Viga de Ohanes

El otro día me carteaba, por “correo.e” claro, con un amigo, hablábamos del bochorno/deposición del “jurista de acreditado prestigio” Pérez de los Cobos en su despedida del tribunal prostitucional para concluir que en esta tierra que pisamos el único delito que va a quedar es el de defender España y su unidad.

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Me da vergüenza lo que está pasando con la Justicia en España

Casi todo va de mal en peor en España, en especial la Justicia que ni adrede ofende tanto a los españoles. El caso es que te detienen si intentas echar a un okupa que se ha colado en tu vivienda. Si se meten te puedes dar por jodido porque tu intento se considera violación de domicilio. Si eres una tonadillera que todo lo que ha hecho es colaborar con el verdadero ladrón, vas a la cárcel una buena temporada.

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Hasta en el paraíso de la Peña de Arias Montano, en Alájar, afloran las miserias de la justicia española

El de Fregenal de la Sierra, Arias Montano, teólogo esclarecido, intérprete de los Libros Sagrados, conoció bajo el reinado de Felipe II todas las estancias del poder terrenal y sus refinados mecanismos. Como representante de España en el Concilio de Trento participó de las deliberaciones de la Alta Diplomacia y en el desarrollo del encargo del Emperador de crear la biblioteca de un Escorial recién construido, tuvo bajo su atenta lectura la posibilidad de ordenar los libros mas valiosos que habían sobrevivido hasta ese siglo XVI del que él es humilde y desconocido protagonista.

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Vivimos un esperpento, pero mantengo la esperanza y quiero creer

Como ser humano, más allá de mensajes navideños y de aquella película, Polar Express, que cada año veo con mi hija pequeña, siento la profunda necesidad de creer, de creer en el ser humano, pero de entrada he de afirmar con dolor que, en este momento, yo no creo en la justicia española.

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