La divergencia entre la virtualidad oficial y la triste realidad de nuestros días además de ser dramática es muy preocupante.
Virtualidad y realidad, dos orillas de un río sin puentes. Por Antonio de la Torre

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La divergencia entre la virtualidad oficial y la triste realidad de nuestros días además de ser dramática es muy preocupante.

Al Sr. ministro se le subió la bilirrubina; tanto, que hubo que operarle de urgencia antes que fuera a ahogarse en ella misma.

Atención, que la culpa es de los periodistas que tienen la mala intención de preguntarle por lo que hace el PP y ella responde.

El progreso para esta gentuza no es más que una palabra, un cebo, un mantra, un yogur caducado al fondo del frigorífico de un alérgico a la lactosa.

El conocido mito habla de los males que sobrevienen a los que quieren ser como los dioses y nuestro protagonista de hoy se siente como un dios.

Parece que dolió de lo lindo, en el soberbio ego de don Narciso, la pretensión del líder pepero de derogar el puto sanchismo.

Hoy sale adelante la Ley de vivienda que otorgará más derechos y ventajas aún a los okupas obviando las recomendaciones de la Policía.

La prensa vendida canta Un globo, dos globos, tres globos sin tener en cuenta que España es ya un globo que se nos escapó.

Destino del dinero que nos sacan con los impuestos aunque yo añadiría una gran boñiga morada y un lindo montón de excrementos.

La realidad de los números nos dice que La Sareb, sólo dispone de 15.600 viviendas en las regiones más tensionadas, o sea donde realmente hacen más falta.

No hay valores, solo las 3R, rencor, revancha y resentimiento y el repugnante manejo de una sociedad aborregada e ignorante mediante las 3M, la mentira, el miedo y la manipulación.

Hoy sabemos de aquellas ilegalidades y puede que las pruebas hayan ardido en el Ministerio de Sanidad. ¡Socialismo es impunidad!

Los afiliados ultra lo eligieron en primarias. Prefirieron tener la posibilidad de pisar moqueta mediante acuerdos con los flipados del Congreso.

La Nación no sólo son ustedes y sus machitos, la Nación somos todos, menos la escoria infecta y miserable que la quiere destruir ¡Suerte señores!