
Al igual que muchos catalanes han cerrado ya sus falsos libros de historia para recuperar la memoria, a partir de mañana, cuando se consume la cabalgata de Reyes politizada de Vich, algunos padres catalanes descubrirán con el infame espectáculo de los Magos recibidos con los farolillos de la estelada, el delirio fascista de los organizadores, los fanáticos sin escrúpulos de Òmnium y la ANC, que cuentan con la ayuda, subvenciones y solidaridad del Gobierno Autónomo y retransmitirá en directo la TV3.

Cuando creíamos que lo habíamos visto todo en el adoctrinamiento de la educación perversa, esta iniciativa política eleva la manipulación de los niños a la categoría del fascismo en la que no todo vale para la consecución del ideal secesionista, sino que por ese fin, los líderes hacen sacrificar lo que mas vale. A los niños, a sus hijos.

Al límite de la razón y el desafío de la convivencia, la Cabalgata de Reyes de Vich se convierte en la primera gran manifestación del secesionismo catalán este año en el que ha fijado para el mes de septiembre su anunciado golpe de estado. Expone sin complejos la politización, adoctrinamiento y manipulación de los niños, una «tradición» arraigada en Cataluña, pero arriesga que España y Europa comiencen, de una vez, a preocuparse por el populismo fanático y antidemocrático que la falsa estrella representa y, sobre todo que a partir de mañana algunos padres al ver a sus hijos adorando al becerro de oro quizás comprendan que el adoctrinamiento de sus hijos decretado por Puigdemont y sus adlátares tan solo les lleva a la mas absoluta de las miserias morales
