Las dos sorpresas del Huevo Sánchez

SORPRESA EN EL HUEVO
Las dos sorpresas del Huevo Sánchez

 

Lo externo casi siempre es fachada, apariencia, sinsustancia, pero a veces se prefiere a la sustancia, lo que demuestra un pensamiento superficial, materialista y poco evolucionado. Una excepción a este postulado psicofilosófico serían los huevos sorpresa que tanto les gustan a los niños, que prefieren la sorpresa del interior y tiran la cobertura de chocolate.

 

Aparentemente esta segunda opción de preferir lo interno parece mejor pero no nos engañemos; casi siempre estamos comprando una cosa por el regalo más o menos escondido que trae, no por el objeto principal. Y es costumbre muy frecuente, no sólo en los infantes, sino en todas las capas de la sociedad.

 

“Este fenómeno dual del huevo con sorpresa se produce también en la cosa política. Unas veces nos venden un envoltorio y compramos embelesados el producto en forma de sufragio al candidato sin mirar el interior”

 

 

Todos hemos comprado alguna vez una enciclopedia abreviada (treinta y cuatro tomos y el apéndice) sobre la vida y vetustas costumbres de los asirios porque nos obsequiaban con un bonito jarrón de porcelana china de imitación. Tras recibir la enciclopedia y el jarrón y viendo que aquello no satisface las expectativas creadas, se propone uno a sí mismo no volver a hacerlo, y es así, en efecto…hasta que nuestra pareja de hecho o de derecho llega contentísima a casa afirmando que se ha hecho socia del Círculo de Amigos de la Música de Percusión porque una chica simpatiquísima en la calle la ha convencido de las excelencias de tal arte, además de regalarle un práctico robot multiusos que lo mismo te hace un gazpacho andaluz que unas croquetas. El sufrido cónyuge termina casi en el frenopático, fruto de la saturación timpánica que produce el continuo sonido de la batucada desde el equipo de música, mientras comprueba desolado que aquellas croquetas se parecen más al turrón de Alicante que a otra cosa.

 

Entonces jura en arameo y promete que la cosa no se repetirá, pero con el tiempo el acontecimiento vuelve cíclicamente a suceder en otra forma. Todos estamos condenados a repetir nuestras pautas y hábitos.

 

Este fenómeno dual se produce también en la cosa política. Unas veces nos venden un envoltorio y compramos embelesados el producto en forma de sufragio al candidato sin mirar el interior; luego vemos que el envoltorio no escondía nada…o nada bueno. Otras, desechamos las ideas negativas que parece haber en el exterior porque las minimizamos y pensamos que en la esencia está lo interesante; la realidad viene a darnos una guantá cuando comprobamos con desazón que el jarrón es más falso que un euro de goma y las croquetas son incomibles, pero ya nos tenemos que quedar con la enciclopedia durante cuatro años.

 

En ambos casos, mil pestes se echan y se dice que no se volverá a votar a tal o cual preboste…pero somos animales de costumbres y volveremos a hacerlo. O lo mismo ya ni nos dejan.

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Guillermo Emperador

Guillermo Emperador

Español, bajito, republicano y alopécico. Profesor de la escuela del maestro Ciruela, boticario y bloguero en Libertad Digital con el espantoso nick de “chinito”. Ahora autoascendido a Emperador de la tierra de las Mil Naciones (España, obviamente). Tengo un blog, una coneja y muchos amigos en la Llanura de Palmaria. Nunca pensé en escribir pero la vida es un camino que lleva por derroteros extraños.

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