España, Una gran nación de nuevo convertida en crisol de emociones encontradas

Somos una gran nación
Una gran nación y de nuevo convertida en crisol de emociones encontradas

 

 

Los españoles, ante el horror de lo ocurrido el pasado día 17, por el tremendo mazazo que supuso y por nuestra inevitable sangre impulsiva, nos hemos empachado de sentimientos, incluso contradictorios. Queremos abrazar, perdonar y castigar; todo de una sentada. Acordémonos del infausto 11 M. Luchamos contra el buenismo a la vez que caemos en él. A propósito de este arrebato de sentimientos, me ha llamado la atención la viñeta de The Telegraph, la de un toro bravo, embistiendo la furgoneta blanca de los asesinos, en la que retrata con gran acierto nuestra furia solidaria. Me ha gustado.

 

“Este ímpetu  y crisol de emociones encontradas da mucho juego para los amigos de la carroña”

 

Sin embargo, este ímpetu  y crisol de emociones encontradas da mucho juego para los amigos de la carroña, esos que se aprovechan de tu desconcierto emocional para hacerte caer en la peor de las demagogias.

 

 

Nos dejamos llevar del ronzal, y caemos en la arenga de la nada, de lo que no está en la mano de gentes de a pie. En nuestro impetuoso afán por arreglar el mundo de un sopapo, relegamos lo que en un primer momento es lo más importante y necesario: arropar con nuestro apoyo explícito a las víctimas de semejante barbarie.

 

 

He visto, en la redes sociales y en la primeras tertulias televisivas, cómo nos ha podido más la crítica, -muy merecida por otro lado-, a los políticos que no saben o no quieren aportar soluciones al gran problema que vive Europa, -la muy generosa y desprotegida Europa-, antes que nuestro afecto por los que en esos momentos estaban sufriendo el terror en su propia sangre. (Nunca he podido entender, cómo en España no tenemos el mejor de los gobiernos, dada la cantidad de gente que parece tener claro cómo se hace esto de gobernar con acierto total). Incluso, se ha ridiculizado al que no tiene otra cosa que ofrecer más que un simple lazo negro, una flor o un inocente osito de peluche con el que transmitir a las víctimas un “sabed que estamos aquí, que no os dejamos solos con vuestro dolor. Os sentimos nuestros, seáis de donde seáis”.

 

 

Otros muchos han abundado en que se necesita más contundencia que la “chorradita” del lazo o la flor, que eso no soluciona nada, que así no se combate a los asesinos. Llevan razón, así no se combate a los asesinos. Pero es que resulta que la prioridad para muchos otros –en estos momentos- es sólo la de abrazarnos a esas almas destrozadas para evitar pisar los pedazos de su dolor con nuestro silencio.
Probablemente, sea de lo poco que podemos hacer por ellos, porque para detener, enjuiciar y proteger a la población, están otros más autorizados que sabrán mejor cómo hacerlo.

 

 

Para que no haya confusiones ni malos entendidos, que a nadie le suene a buenismo mi sentir. Nadie, como yo, odia y critica más al nefasto buenismo que nos lleva a pasos agigantados al suicidio de Europa. Reniego de esos buenistas que, por pura ignorancia, se creen a salvo del alfanje asesino, cantando bobaliconamente, “Imagine….”, cuando seguramente, la mayoría ni entienden lo que cantan ya que, de otro modo, no lo harían.

 

 

Pues de eso hablaba yo aquí, de las prioridades. Luego, ya nos recogeremos en nuestro odio y rabia hacia los que nos matan; hacia los que, teniendo obligación de hacerlo, no nos protegen de estas malas bestias; hacia los repugnantes medios de comunicación que, sin el menor escrúpulo, se beben la sangre de nuestros muertos delante de sus cámaras, barriendo así para sus intereses espurios. Y, por último, hacia los que eligen no perder una macabra instantánea con su móvil a echar una mano al que se le está vaciando la vida, viendo como la sangre de su ser querido corre por el suelo hacia el sumidero. Yo no puedo imaginar un dolor mayor. Y esta es mi prioridad.

 

 

De todo ésto, a muchos nos surge, cómo no, la contradicción de si deben ser o no ser publicadas esas durísimas imágenes. Unos optamos porque se debería respetar el derecho a la intimidad de un cuerpo mutilado, y la visión de una familia aniquilada por el dolor y la incredulidad ante esa evidencia; otros, a los que tampoco les falta su razón, sostienen que es necesario sean publicados para que todo el mundo lo vea en su cruda realidad y pueda calibrar la clase de alimañas a la que acogemos. Y, ya de paso, despertarnos de una santa vez de la anestesia del risible “welcome refugees”, patrocinado por el esperpéntico dúo de alcaldesas, C y C, (Carmena y Colau).

 

 

¡¡Pero hombreeee!!, si aquí está mi Max para recordarme, con disimulada ironía, que la Colau, ¡ahora!, pide unidad. -¡Manda hu…..! dice Max-, ésta moza sí que tiene un sentido de la unidad de ¡¡alirongo, alirongo, antes me la quito y ahora me la pongo!!.

 

 

Me temo que, en este crisol de emociones y contradicciones del ánimo, sea inevitable el que nos dejemos arrastrar a una vorágine incontrolada que nos impide el sosiego necesario para afinar nuestro nivel de exigencia política, aunque nos vaya mucho en ello. Imaginemos una España regida por esta banda de la barra libre al invasor, que inauguró, por cierto, aquel político que parecía haber nacido ya caracterizado para hacer de Nerón en cualquier serie de la Sexta; me refiero a Jesús Caldera. En fin….

 

 

Mientras escribo esto, veo la entrevista a una chica catalana muy joven que, entre lágrimas y sollozos, dice que no entiende por qué pasa ésto en una ciudad y a unas gentes pacíficas que no están en guerra con nadie. Y sigue, diciendo con gran desconcierto: “esta no es nuestra guerra”. Craso error, pobrecita ignorante, me digo yo en voz alta como si me pudiera escuchar. ¡Claaaro que es nuestra guerra, ya lo creo que lo es!, nos la ha declarado, ya hace tiempo, un Islam radical que ejecuta, y otro Islam, interesado, que calla.

 

 

Y aquí nos hallamos: los buenistas, por un lado, alentando estúpidamente el suicido de Europa. Por otro, los jerifaltes de la Generalidad, hablando muy campanudos al mundo, -en catalán- para no desaprovechar la cuña publicitaria de su procés. Otros,….. que dicen que mejor balas, porque los lacitos negros son una pamema inútil. Carmena, dando la bienvenida “orgullosa de los valientes que saltan las vallas de Ceuta y Melilla, porque aquellos son los mejores”. La Colau, cayendo repentinamente en la cuenta de que lo de poner bolardos no habría sido tan mala idea, pero…. bueno, va….., ya pasó, y, como después de todo, nadie le va a exigir que dimita pues ella, sin echar un paso atrás y con un desparpajo que acochina, ahora va y pide ¡unidad!

 

 

¿Hay quien dé más?

 

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Belén López Delgado

Belén López Delgado

Soy una apasionada de la aviación y de la escritura. Quise ser piloto pero me faltaron medios económicos, y me tuve que conformar con ser azafata. Poco después descubrí que es mucho mas divertido y gratificante estar en una cabina de pasajeros que aburridos frente a un montón de relojitos. Encontré ante mí un mundo deslumbrante para aprender de otras gentes y otros países, que me absorbieron toda la dedicación a ese libro en ciernes que me habría encantado escribir. Valoro y defiendo, hasta donde me es posible, la Coherencia. Tengo para mí que es una de las cosas más difíciles de mantener en nuestra esencia y existencia humana. Y Max, ese personaje, que suele acompañar casi todos mis escritos, lo visualizo como un diminuto demonillo, de color rojo; un ser travieso, descarado y adorable que forma parte de mi otro yo; ese yo que, libre de pudor y diplomacia, se atreve a decir abiertamente lo que estoy pensando.

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