
«No todos los individuos musulmanes son malos, ni terroristas, ni por supuesto desean el mal a otros humanos. Este argumento es real, sí. Algunos lo esgrimen para contraponer a lo que llaman Islamofobia»
No todos los Musulmanes son malos, ni terroristas, ni por supuesto desean el mal a otros humanos. Este argumento es real, sí. Algunos lo esgrimen para contraponer a lo que llaman Islamofobia. No creo yo que nadie odie a las personas por lo que son, personas. Otra cosa y ese, aunque no lo parezca, no es el problema principal con los inmigrantes musulmanes, es el terrorismo de radicales como los que pertenecen a grupos como Al Qaeda, ISIS o el propio DAESH. No es el problema principal, por una sencilla razón. Primero son grupos muy localizados y aunque puedan contar con numerosos recursos humanos en la actualidad, convencidos o por convencer, poco a poco serán controlados más y más por los cuerpos policiales y de inteligencia.
De hecho con el tiempo serán asumidos como algo que puede ocurrir y que afecta a todo el mundo, tanto cristianos, como evangélicos, budistas, musulmanes o ateos. Los individuos que componen estos grupos en parte deben ser considerados psicópatas y, claro se encuadran en el número global de desequilibrados que de tarde en tarde, pueden ocasionar crueles matanzas, véase por ejemplo los casos de francotiradores en Estados Unidos y otras partes del mundo.
Evidentemente pueden llegar a ser muy peligrosos y ocasionar incluso una guerra mundial, pero las autoridades ya están sobre ello y lógicamente trataran de evitarlo. El verdadero problema de la inmigración, no es ese, el verdadero es el tiempo. Cuando dentro de veinte, treinta o cuarenta años los numerosos hijos de estos acogidos alcancen la edad para votar en las elecciones irán consiguiendo poco a poco, y debido a su gran número, tener representaciones parlamentarias tanto en municipios, como nacionalidades o en el propio parlamento nacional.
La inocencia del pueblo dirá que vivimos en una democracia y que esto es lógico y hasta sano que ocurra. Los inmigrantes tienen ese derecho. Ahí está el error. Los Estados de derecho y democracias no pueden dejar subvertir el orden Constitucional, las leyes democráticas y los principios del mundo libre. Si no, ¿para que queremos la democracia?. Tan peligrosas son las mayorías comunistas y antisistema que en caso de alcanzar el poder tratan de dar la vuelta al orden establecido que garantiza la libertad, como lo son las culturas y personas que basan su vida en postulados religiosos y que no toleran en cuanto tienen la sartén por el mango, ni lo diferente ni nada que puedan pensar vaya en contra de sus normas y creencias religiosas.
Así que si dentro de equis años estos grupos musulmanes controlan parcelas del Estado de Derecho occidental, éste acabará sucumbiendo, bajo el propio peso de sus postulados de libertad y respeto, al estado teocrático Islámico. Esto es así, porque solo se pueden establecer ámbitos de libertad cuando no hay mayorías de individuos que no entienden otras formas de vivir que las subyugadas a las normas de sus Dios. ¿Queremos regresar a la edad media dentro de treinta años?. No creo que ningún musulmán se plantee por las malas, salvo terroristas, acabar con la sociedad occidental que les da de comer y les acoge, pero si es cierto que en el momento en que esta sociedad deje de tener la sartén por el mango, o sea la libertad del Estado de derecho, éste sucumbirá bajo el orden social y religioso de la media luna. Esto probablemente no es políticamente correcto decirlo, pero como decía Oriana Fallaci con razón, es la realidad que se nos viene encima como los gobiernos no empiecen a controlar las migraciones. Y los habitantes de occidente no comprendan que solo pueden gozar de libertad gracias a sus democracias no basadas en la religión.
