La Paseata que va de Madrid al cielo

 

Saludos, presentaciones, abrazos y ósculos, todo el ceremonial previo a los grandes eventos.
Saludos, presentaciones, abrazos y ósculos, todo el ceremonial previo a los grandes eventos.

 

 

Noto mis pasos apresurados por las viejas calles del Madrid de las Letras. En otra ocasión hubiera disfrutado del camino, pero voy echando el resuello y hasta los higadillos; llego tarde a la cita. Una hora de cola en Doña Manolita para comprar unos décimos de lotería tienen la culpa, pero no hay que perder la ocasión de hacerse rico porque la de hacerse  pobre es demasiado fácil de conseguir. Respiro aliviado al ver a mis amigos en la calle de Lope de Vega, cerca de la Iglesia de las Trinitarias donde se supone que está enterrado el gran Cervantes. Nunca tal lugar fuera tan adecuado, pues allí nos juntamos una buena cohorte de letraheridos. Unos, grandes maestros, como Amando de Miguel; otros, simplemente escribimos o emborronamos cuartillas y folios virtuales —y conste que algunos muy bien, entre los cuales no me encuentro— pero todos tenemos el arte de escribir como último reducto al que aferrarnos en esta España de tristes tiempos oscuros, en que la posverdad sienta las bases del futuro que pinta de color de hormiga.

“He disfrutado de un gran encentro  con mis amigos, algunos venidos desde bien lejos, y asistido a una tertulia excepcional. Doy gracias al Cielo, a ese cielo que hoy he podido ver desde más cerca y pido que esto se repita en algún futuro no muy lejano. Gracias, Manuel, gracias, La Paseata

 

Saludos, presentaciones, abrazos y ósculos, todo el ceremonial previo a los grandes eventos. Después, entrada a la Taberna del Bacalhao Portugués, el local que nuestro amigo Manuel Artero ha elegido para la comida de hermandad de La Paseata y que presagia algo más que no tardaremos en conocer. Jamón serrano y tortilla de patatas para empezar y luego bacalao guisado de varias portuguesas maneras. España y Portugal unidos, como siempre estuvieron y como siempre deberían estar. Ahora que algunos quieren irse, otros deberían entrar, pues ya lo dijo Camoens: “Hablad de castellanos y de portugueses, porque españoles somos todos.”

Taberna del Bacalhao Portugués, el local que nuestro amigo Manuel Artero ha elegido para la comida de hermandad de La Paseata
Taberna del Bacalhao Portugués, el local que nuestro amigo Manuel Artero ha elegido para la comida de hermandad de La Paseata

La sorpresa viene cuando, al poco de entrar, Manuel desvela que uno de los motivos de tan magno conciliábulo es la entrega de los Premios de la Paseata, en ésta su primera edición. Para ello, ha reunido un jurado inmejorable: Amando de Miguel, el escultor Salvador Amaya, autor entre otras muchas, de la magnífica estatua que Blas de Lezo tiene en Madrid y Policarpo Sánchez, un héroe de España que lucha desde hace años para evitar la infamia que constituye el expolio del Archivo de Salamanca. Premiadas son Mercedes Ibáñez y María Castellano, por su gran dedicación a la Paseata, así como Fernando Iván de Cárcer, del que no voy a glosar sus virtudes porque es primo mío y no quiero que digan que hago propaganda de la familia. También son galardonados Silvia Gutiérrez Oria y el periodista y escritor Luis del Pino, que no pudieron asistir.

Premiadas son Mercedes Ibáñez y María Castellano, por su gran dedicación a la Paseata, así como Fernando Iván de Cárcer
Premiadas son Mercedes Ibáñez y María Castellano, por su gran dedicación a la Paseata, así como Fernando Iván de Cárcer… Foto de Juan Miguel Novoa

Tras la comida, la tertulia en torno al tema habitual de estos días. Cataluña y el eterno problema de España, que es el nacionalismo. Llevamos casi cuatrocientos años con lo mismo y, con altibajos, no deja de ser sino un bucle al modo del día de la marmota, que se repite inexorable y periódicamente para exasperación de todos. Gran intervención de Amando de Miguel sobre la cuestión que tan bien conoce de primera mano, por haber vivido allí y tener que “exiliarse” forzosamente por la presión y las amenazas de esa ideología supremacista e intolerante. Asimismo, Salvador Amaya comenta que el golpista Puigdemont —Cocomocho, para los amigos y, sobre todo, para los enemigos— nunca sería merecedor de una estatua porque el personaje da muy poco de sí. Termina Policarpo haciendo un resumen de la situación del Archivo de Salamanca con la triste conclusión de que el expolio del mismo no tiene otro fin que romper la unidad de España, esa España que odian los separatistas y, sin embargo, de la que no pueden desvincularse aunque lo pretendan con furor. Porque, quieran o no, son tan españoles como los demás y en sus comportamientos y actitudes no difieren del resto. Y al respecto, ya lo dice la copla: “Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas, sin ti porque yo me muero”.

Gracias a Francisco, un amigo de Manuel, nos hemos trasladado a un club privado desde cuya terraza hemos podido contemplar el cielo de Madrid y todos los tejados de la vieja Corte de las Españas
Gracias a Francisco, un amigo de Manuel, nos hemos trasladado a un club privado desde cuya terraza hemos podido contemplar el cielo de Madrid y todos los tejados de la vieja Corte de las Españas

Termina la tertulia y comienzan cafés y postres en forma de pastelillos lusos. Amando y algunos se despiden pero la mayoría seguimos en la brecha y con ánimo de proseguir en otro lugar. Nunca pudo imaginar este madrileño que ya peina canas, o mejor dicho, que apenas ya peina pelo, que sus ojos pudieran contemplar al cabo de tantos años el maravilloso espectáculo que constituye el glorioso colofón de tan épica jornada. Gracias a Francisco, un amigo de Manuel, nos  trasladamos a un club privado desde cuya terraza  podemos contemplar el cielo de Madrid y todos los tejados de la vieja Corte de las Españas. Desde las montañas azules de Castilla, que decía Machado, hasta las cúpulas, torres y edificios que dibujan el paisaje de la capital de la Gloria. Como diría Roy Batty, el replicante de Blade Runner: “He visto cosas que vosotros no creeríais…” aunque, después de esa frase y otras magistrales sobre lágrimas en la lluvia y la Puerta de Tanhausser, va el tío y se muere. Así que espero que no me pase lo mismo. Pero no sólo he visto cosas, he disfrutado de una comida con mis amigos, algunos venidos desde bien lejos, y asistido a una tertulia excepcional. Doy gracias al Cielo, a ese cielo que hoy he podido ver desde más cerca y pido que esto se repita en algún futuro no muy lejano. Gracias, Manuel, gracias, La Paseata.

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Guillermo Emperador

Guillermo Emperador

Español, bajito, republicano y alopécico. Profesor de la escuela del maestro Ciruela, boticario y bloguero en Libertad Digital con el espantoso nick de “chinito”. Ahora autoascendido a Emperador de la tierra de las Mil Naciones (España, obviamente). Tengo un blog, una coneja y muchos amigos en la Llanura de Palmaria. Nunca pensé en escribir pero la vida es un camino que lleva por derroteros extraños.

2 comentarios sobre “La Paseata que va de Madrid al cielo

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