Todos estamos en Bouville, o sea en la ciudad del lodo

De dónde vengo y (sobre todo) a dónde me dirijo
De dónde vengo y (sobre todo) a dónde me dirijo: Todos estamos en Bouville

 

“El protagonista está esperando un tren que le llevará no dice dónde pero subraya el protagonista …“mañana lloverá en Bouville”, o sea en la ciudad del lodo”

Ya lo decía  Robert Schumann en su álbum para la juventud. La creación consiste en un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de transpiración. Se refería, como todos sabemos, a que las ideas aunque no muy pródigas, sí se producen con bastante frecuencia. Pueden ser malas buenas o mediopensionistas, o sea ni buenas, ni malas, simplemente son. Pero no bastan para acabar una creación.

Lo que está claro es que de un mal guión se puede hacer una película que no desmerezca a una medianamente decente pero de una mala idea no pueden salir producciones, de cualquier arte, decentes. Para que se produzca algo lejanamente parecido a la perfección siempre hay que partir de una buenísima idea. Siempre se quedará, para el autor de ésta, a medio camino de la perfección. Cada uno es consciente de que para un creador, incluido él mismo, la perfección nunca se alcanza, siempre está más allá. Su pensamiento, su bombilla interior alumbró un asunto que, ahora una vez plasmado, suele parecerle carente de sublimidad.

¿Por qué piensan esto? Pues la respuesta es evidente, el pensamiento, que está basado en reacciones quimio eléctricas en las neuronas, tiene un soporte rebote en nuestras neuronas que le prestan ese aura etérea de perfección suave y desdibujada que levita sobre la realidad, precisamente por que carece de plasmación fija, porque es fluctuante, podemos ver nuestra idea o modelo, por partes, flotando en la nada y podemos variarla en cada instante para reconducir los desvíos que ocurran. Esto realmente solo es el inicio, ahora, hay que hacer de ese aura desdibujada un realidad material que tenga la simpleza, la aleatoriedad y el desenfoque que lo haga perfecto. ¿Es suficiente?, pues como decía Robert Schumann , solo es un punto de partida, ese uno por ciento. El resto es… el resto… Sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas, a veces textuales. Porque cuando se vuelca el corazón, los sentimientos tienen por fuerza que salir a flote y, a veces las lágrimas brotan por la pena, la nostalgia o la alegría, son irremediables, marcan el camino hacia el culmen de la obra; ese que desearíamos obtener.

También a veces arrancan arrebatos violentos de ira y desesperación ante un lienzo vacío, una hoja blanca o una partitura sin rellenar. A veces pueden aparecer las vagancias, las desidias, las tentaciones que te dicen desde una boca inexistente de tu propio imaginario diablo, déjate vencer, no vale la pena, ¿para qué si el resultado no valdrá para nada? En ese nada incluyes tu propia desazón interior. Ahí, en ese momento es donde luchan el creador sensible y el hombre corriente que solo desea mecerse en la irrealidad de lo no plasmado, de lo prestado, de lo inacabado.

Es ese deseo de leer en vez de escribir una historia, el deseo de visitar un museo en vez de pintar o la facilidad de escuchar un disco en lugar de pegarse con un instrumento musical y arrancar armonía donde solo hay teclas, madera o metal. Ese efecto contrario a la combatividad y competencia interna con uno mismo que nos hace andar o que arruina el camino a la consecución de un resultado. Digo un resultado, no el resultado, porque éste siempre es voluble. Es ese camino que dice Robert Schumann, ese noventa y nueve por ciento que nadie, ni tu pensamiento te va a regalar y tienes que sufrir en carne propia y en sensibilidad propia.

Y duele, vaya si duele, y cansa, vaya si cansa, agota y te dan ganas de tirar la toalla porque eres una “mierda” que no consigue ese ideal de perfección; porque no vales o porque eres débil y derrotista. Como todo, la creación exige un esfuerzo grande, pero con el añadido de una lucha interior a muerte entre el deseo de conseguirlo y la pereza de ponerse a trabajar, en medio del dolor de los sentimientos y la alegría de ver el trabajo terminado. Ese trabajo siempre será malo a tus ojos, cualquier otra persona lo hubiera hecho ¡muchísimo mejo!, porque si no, no seria lo que tienes ahora delante de la vista o de los oídos. Sería aquello que ideaste; sublime, incorpóreo; lo que levitaba en tus neuronas y sonaba tan bien. Ahora solo ves un producto, que semana a semana necesita ser modificado, para avanzar hacia la perfección, como hacía Viola con sus cuadros, el negro absoluto… ¿Qué más perfección que la acumulación de todos los colores, de todos los sonidos, de todas las palabras. Entonces paras tus pensamientos de golpe y te dices a ti mismo, “¡para!, puedes lo que puedes, recuerda que solo eres una persona más, no te pueden juzgar por no ser perfecto, nadie lo es”.

Y como dice Sartre, al Final de su novela la Náusea, imaginando al compositor de una canción, sudando en su cuartucho de Nueva York para acabar una partitura que le de unos dólares para sobrevivir, o como la canta la intérprete dejándose el alma por los aplausos de los borrachos del pub a media noche. El protagonista está esperando un tren que le llevará no dice dónde pero subraya el protagonista …Mañana lloverá en Bouville, o sea en la ciudad del lodo.

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Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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