
Vivimos en un mundo en el que una serie de individuos de mal carácter, muchas veces violentamente descarados, tienen convicciones políticas o religiosas producto de carencias afectivas o de particular lucha contra el subconsciente. Quieren librar batallas que Cervantes situaría en el mundo de los molinos gigantes, por irreales. Las religiosas impuestas éstas por las jerarquías dominantes en ciertas culturas, que no lograron salir del remoto pasado del pensamiento. Siguen blandiendo en estos días de tecnología, racionalidad y eficiencia la espada y el yelmo de Mambrino.
«El psicoanálisis y la psicoterapia están indicadas para estos individuos e incluso, aunque ya no se lleva, el internamiento psiquiátrico»
Evidentemente, ninguno de nosotros habitantes de un mundo desarrollado, que navegamos por un mar de libertades auto concedidas, podemos admitir estos despropósitos irracionales y de psiquiátrico, o cuando menos de tratamiento psicológico. El psicoanálisis y la psicoterapia están indicadas para estos individuos e incluso, aunque ya no se lleva, el internamiento psiquiátrico. Porque sino es más que probables que al enfrentar los mundos perdidos y mágicos de la antigüedad uno más cercano, 1917 y otro más lejano siglo VI, acaben saliendo chispas sanguinolentas a diestro y siniestro.
Es evidente que los demás seres; más o menos estables, porque no hay nadie que se salve de algún desequilibrio; no tenemos porqué aceptar los postulados de estos digamos desequilibrados intensos, tanto políticos como religiosos. Tenemos derecho a vivir en un mundo aséptico y equilibrado, que acepte la variedad democrática, dentro de la legalidad y las diferencias de organización y estructura de los estados y que estos no estén basados en postulados totalitarios con marcado carácter seudo religioso político o religioso a secas.
Todos los tipos de Estado totalitarios, que para imponerse hayan de usar la coacción, el crimen y la violencia han de ser erradicados quirúrgicamente si fuera necesario, para evitar males mayores. No sé si esto lo entienden los gestores a nuestro servicio en los Estados de Derecho o habrá que hacérselo saber por otros medios más contundentes. Parece que últimamente les cuesta, por temor a lo políticamente correcto. Pero para eso las personas que viven en esos mundos separados de la opresión deben tener el coraje de salir a manifestar su opinión sin vergüenza y falsos remordimientos acerca de nada, porque no son culpables de las mentiras y ponzoñas que arrojan los enfermos acomplejados de su propia esencia y existencia.
¿Cuándo esas grandes movilizaciones, que recuerden a las anti ETA de los noventa, pero hoy anti totalitarias? No lo sé. Somos millones los seres libres que queremos seguir siéndolo, ¿dónde están las gestoras que pueden manejar estas masas para luchar contra lo que algunos quieren imponer? No sé, pero deberían sacar la patita por debajo de la mesa sin miedo. Muchos estaremos con ellos, somos mayoría.

Magnìfico, como siempre.
Me ha encantado, pese al desasosiego.