
«Lo malo de tocar fondo son los dolores del batacazo y sobre todo el comprobar que los miserables comienzan a excavar para huir a cualquier santuario conocido»
Lo malo de tocar fondo son los dolores del batacazo y sobre todo el comprobar que los miserables comienzan a excavar para huir a cualquier santuario conocido. Lo bueno es que el paseante oye, y lee, sobre los grandes conceptos: la traición, la ética, la secesión, la libertad, la convivencia,la libertad de expresión y la fractura social … la verdad. Sobre todo la verdad, ese concepto, ya manoseado pero que ilumina la visión en unos metros cuadrados a todos aquellos que han decidido dirigirse al centro de la tierra y, en el comienzo de su largo viaje profundizan en las tinieblas con la sola compañía de su brújula rota que, temeraria e insistente, marca el norte de su ideología.
Daré solo un nombre propio de esa legión de iluminados. Un protagonista principal. Puigdemont. Le siguen sus cuatrocientas familias de la nueva Cataluña y miles de subvencionados. Le susurra en el cerebelo el canto de las sirenas sobre las riquezas y tesoros que encontrará ahí, abajo del fango. El guión lo han escrito centenares de periodistas sin ética, que claro, no están equivocados por su alto grado de sensibilidad social, comprensión y compromiso político con los sindicatos verticales pero también con quien les da de comer gambitas a la plancha un día tras otro.
Leo con rubor esta mañana los titulares de la batalla campal que organizaron los fascistas independentistas en Barcelona y recuerdo el lema principal de los podemitas en sus protestas en la calle en el manifestódromo de Madrid. Decían así: «Ahora que se tambalea vamos juntos a dar el empujón». No especificaban si se trataba de acabar con el gobierno del PP, si se trataba de la economía, la monarquía o del estado constitucional,
Y es que parece que muchos están dispuestos a que seamos todos los que bajemos a buscar el centro de la tierra, cuando en realidad todavía queda mucha luz aquí afuera, en las calles que son de todos, y en la libertad de asegurar que por la verdad, por su verdad, el ser humano es capaz hasta de asesinar.


Pues, tengo que darte la razón, Manuel, has dado en el clavo.. Saludos…