Manuel Vicente para La Paseata: Con el PSOE vivimos mejor… o no

Manuel Vicente
Manuel Vicente: Con el PSOE vivimos mejor… o no

“En el argumentario franquista predominaba una frase que, por absurda, demostraba la inconsistencia intelectual del régimen: ¿Acaso no se vive mejor en España ahora que hace 40 años?”

Cuando finalizaba la década de los 70 y en las generaciones nuevas de españoles despertaba nuestra conciencia política, quienes nos escorábamos hacia la democracia, más por influencias familiares que por verdadera convicción, escuchábamos de nuestros interlocutores proclives al franquismo argumentos, que considerábamos peregrinos, para defender la labor del dictador y la necesidad de continuación de su régimen. En el argumentario franquista predominaba una frase que, por absurda, demostraba la inconsistencia intelectual del régimen: “¿Acaso no se vive mejor en España ahora que hace 40 años?”. Contraargumentar tamaña obviedad no era precisamente fácil para que nuestro  obtuso interlocutor franquista admitiera que sólo faltaba que la sociedad española no hubiera progresado ni mejorado su calidad de vida en 40 años y después de haber dejado atrás una guerra civil.
Escuchar tamaña insensatez chirriaba los oídos de quienes a finales de los 70 entrábamos en la adolescencia y empezábamos a tomar conciencia de la importancia del momento que vivía nuestro país. Si alguien nos hubiera anticipado que 40 años después volveríamos a escuchar el mismo argumento de quienes entonces eran compañeros ideológicos, no habríamos dado crédito. Sin embargo, cuando ya estamos en pleno siglo XXI, los andaluces nos encontramos con que vivimos inmersos en un nuevo régimen, cuyo argumentario se basa igualmente en la proclama franquista de que “con el PSOE vivimos mejor que hace 40 años”.  
Inicialmente, seamos bondadosos y aceptemos la falacia de ceñir el progreso a lo exclusivamente material. Y a partir de aquí preguntémonos qué sería de Andalucía si aún tuviésemos los índices de analfabetismo que teníamos en los años 80, o si los agricultores aún anduvieran con alpargatas y labraran con bueyes; o, si en lugar de coches híbridos y eléctricos, por nuestras calles todavía circularan ‘seítas’ y ‘cientoveintisietes’. ¿Acaso es obra del PSOE la socialización de los smartphones o la ‘wifi-inundación’ en la que vivimos los andaluces?

“Es desolador que excompañeros de dialéctica cuando confrontábamos con los defensores del franquismo utilicen sus mismos argumentos”

Ya es desolador que excompañeros de dialéctica cuando confrontábamos con los defensores del franquismo utilicen sus mismos argumentos, pero aún más desolador es confirmar con datos irrefutables que, efectivamente, el resultado de su régimen es similar al franquista: disponer a su antojo de una sociedad anestesiada incapaz de rebelarse contra quien le somete. Claro que Andalucía ha avanzado con respecto a hace 40 años ¡sólo faltaba que hubiéramos retrocedido! La cuestión está en si hemos avanzado más o menos que nuestro entorno europeo, máxime cuando hemos recibido 100.000 millones de euros de ayudas comunitarias para fomentar nuestro desarrollo. Ésta es la pregunta que el PSOE y sus miles de clientes se niegan, no ya a responder, sino ni siquiera a plantearse.
Después de 100.000 millones de euros recibidos de la Unión Europea, Andalucía sigue teniendo menos del 75% de riqueza que la media europea, lo cual no significa que no nos hayamos acercado a Alemania, Dinamarca, Suecia y demás países ricos. El asunto muestra su verdadera gravedad si tenemos en cuenta que, tras la incorporación de países como Malta, Chipre, Bulgaria o Polonia, la riqueza media de la UE descendió considerablemente, lo cual implica que el recorrido de Andalucía ha sido de aproximación a las regiones más pobres en lugar de acercarse a las más ricas. 
Cualquiera que sea el indicador socioeconómico que se consulte en ninguno de ellos se observará que Andalucía se haya aproximado a la media en los últimos 30 años, antes al contrario, continuamos siempre en los últimos lugares, a excepción de los indicadores de paro y corrupción, en los que el nombre de nuestra Comunidad figura entre los primeros.

“En la distribución de la poca riqueza generada es donde el régimen prima y favorece afinidades, o bien denosta a los contrarios”

La contumaz falacia de que el PSOE ha hecho avanzar a Andalucía, expresada como un mantra a pesar de su inconsistencia intelectual, pretende esconder el colosal fracaso de gestión de un modelo, el socialista, cuya finalidad jamás ha sido generar progreso sino distribuir a su antojo la poca riqueza que es capaz de crear. Y aquí es donde debemos introducir una segunda variable inmaterial para calibrar nuestro progreso como sociedad, ya que en la distribución de la poca riqueza generada es donde el régimen prima y favorece afinidades, o bien denosta a los contrarios. Que Andalucía no está al margen de los derechos y libertades recogidos en la Constitución es evidente y sería absurdo afirmarlo, pero ello no obsta para que no se haya de evidenciar que nuestra calidad democrática deja mucho que desear, no sólo por la multitud de casos de corrupción que se han fraguado en nuestras instituciones públicas sino también, y lo que es peor, por las represalias que sufren quienes se atreven a enfrentarse al régimen denunciando sus abusos de poder.
Al inicio de la legislatura que está próxima a concluir, PSOE y Ciudadanos dieron a conocer un compromiso que garantizaba la gobernabilidad de Andalucía a pesar de que Juan Marín había negado durante la campaña cualquier posibilidad de permitir a Susana Díaz mantenerse en el gobierno. La razón aducida para tal cambio de parecer -la enésima traición política que ha tenido que soportar la sociedad andaluza a lo largo de siglos- era, entre otras, la creación de una oficina contra la corrupción en la que los funcionarios conocedores de posibles irregularidades pudieran denunciarlas garantizando su privacidad. Cuatro años después de tal compromiso, y tras haber proporcionado otra plácida legislatura al régimen, la presión hacia los denunciantes de corrupción, lejos de relajarse, ha ido en aumento sin que ninguna de las formaciones políticas parlamentarias se haya inmutado por ello.
Esta afrenta sitúa a Ciudadanos en el mismo nivel de desencanto -aunque inicialmente no parece que vaya a tener la misma repercusión electoral- que el Partido Andalucista e Izquierda Unida, cuya contribución al sostenimiento del régimen llevó aparejada una extraordinaria erosión de su imagen pública. Lo preocupante, en cualquier caso, no es la repercusión electoral que en Ciudadanos puedan tener sus decisiones políticas sino el incremento del desánimo social ante una nueva decepción de su clase política -la enésima- que eleva aún más el desafecto de los andaluces hacia su élite gobernante, una vez constatado que eliminar deshacerse del régimen socialista va a ser prácticamente imposible.
Ni cuando al final de la década de los 70 nos adentrábamos en la democracia ni cuando al inicio de los 80 clamábamos por disponer de cuotas de autogobierno, lo hacíamos con intención de reemplazar a un régimen por otro. Con Franco no vivíamos mejor; sin el PSOE sí podemos hacerlo. Aunque parezca mentira.
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Manuel Vicente

Manuel Vicente

Cosecha sevillana del 64. Una treintena de años de ejercicio periodístico (El Correo de Andalucía y RNE, entre otros, y actualmente en Canal Sur Radio) al lado de la clase política me han permitido comprobar la degradación en las capacidades de aquellos a quienes los ciudadanos otorgamos la responsabilidad de resolver nuestros problemas. Analizar en ocasiones lo que se cuenta y lo que no, es una ejercicio generalmente gratificante. Huelga decir que mis opiniones y pensamientos son sólo míos y que sólo yo soy responsable de lo que escribo. Como siempre.

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