Juanma cojea de la “pata” naranja. Por Manuel Vicente

Juanma Moreno Juan Marín
Juanma Moreno Juan Marín

“El Gobierno que está formando el nuevo presidente de la Junta, Juanma Moreno, no será pato pero sí será cojo; concretamente, cojo de la ‘pata’ naranja”

Semanas después de su comparecencia en la noche electoral reaparecía públicamente Susana Díaz ante los periodistas para desvelar su intención de ejercer como líder de la oposición -ya se verá por cuánto tiempo le permiten desde la calle Ferraz- y de paso calificar al próximo Gobierno andaluz como “un pato cojo”. Aunque parcialmente, la realidad le ha dado la razón.

El Gobierno que está formando el nuevo presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, no será pato pero sí será cojo; concretamente, cojo de la ‘pata’ naranja. El bipartito ciudadano-popular será efectivamente un cuerpo que se moverá sobre dos extremidades independientes, que funcionarán con dinámicas distintas, aunque sus políticas estén coordinadas, lo cual ni presagia nada bueno ni corresponde al cambio esperanzador que añora la sociedad andaluza.

Los procedimientos que se han puesto de manifiesto hasta ahora se complacen poco con la ansiada regeneración democrática que necesita Andalucía, ya que la acción del Gobierno no puede estar dividida en dos mitades perfectamente diferenciadas tanto en sus contenidos como en sus formas de actuar. Partido Popular y Ciudadanos han dividido en dos partes las competencias del Ejecutivo y han empezado a ejercerlas con modos y maneras distintas, como revela el hecho de que los nombres conocidos hasta ahora como próximos consejeros pertenecen a las áreas de Ciudadanos mientras que el PP guarda el sigilo de sus representantes en el próximo Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía.

Poco halagüeño resulta comprobar que el reparto de las áreas de gobierno se está haciendo para el interés y lustre de uno de sus componentes, concretamente, del vicepresidente y líder de Ciudadanos en Andalucía, Juan Marín, quien está componiendo un extraño cóctel de competencias con la única intención de disponer de notoriedad pública durante los próximos cuatro años. Sólo desde esta perspectivas se puede entender que a su Vicepresidencia le haya añadido las áreas de Turismo, Justicia, Violencia de Género y una nueva función de Regeneración Democrática, la cual queda automáticamente desautorizada sólo con esta aberrante composición de un solo departamento. Semejante gazpacho de Consejería obedece sin duda a la intención de Marín de disponer de motivos para aparecer ante la opinión pública como una figura tan relevante en el Gobierno como el propio presidente, lo que hace prever que su gestión irá más encaminada el electoralismo y al postureo que a una verdadera y eficaz acción ejecutiva. Viniendo de una persona, y de un partido, experto en la cosmética política no resulta nada extraño.

Javier Imbroda
Javier Imbroda

“En Ciudadanos va emergiendo con fuerza la figura de Javier Imbroda, a quien el todopoderoso líder Albert Rivera, está promoviendo y dotando de un papel preponderante desde el inicio de la precampaña electoral”

En un ejercicio de mal pensamiento, se puede atribuir tanto afán por la acumulación de competencias incluso a una denodada competencia interna, por cuanto que en Ciudadanos va emergiendo con fuerza la figura de Javier Imbroda, a quien el todopoderoso líder Albert Rivera, está promoviendo y dotando de un papel preponderante desde el inicio de la precampaña electoral. La inclusión de Imbroda en el Ejecutivo autonómico, aunque por decisión directa de la dirección nacional de su partido, se produce en un departamento oscuro y problemático poco propenso al lucimiento en el que la ausencia de una mínima trayectoria política o de gestión es un lastre importante. Educación, Formación y Deporte no son áreas proclives a ‘vender’ grandes hitos sino más bien a hacer frente a problemas que pueden surgir si la gestión no es eficaz, de ahí que la incorporación de una persona carente de experiencia en tareas ejecutivas tiene altas dosis de riesgo.

Del mismo modo, sin actividades políticas o de gestión previas va a llegar probablemente a la Consejería de Igualdad y Dependencia, Rocío Ruiz, una directora de instituto onubense captada por Ciudadanos para un departamento igualmente de escasa proyección pública que va a ser, además, objeto de tensiones con Vox, el tercer partido que sostiene al Gobierno y con el que los ‘naranjas’ quieren marcar distancias, para lo cual Marín ha ideado la rocambolesca operación de desvincular del área de Igualdad el problema de la violencia de género.

Otra Rocío, apellidada Blanco, protagoniza, según algunas fuentes, un nombramiento en el que sí parece primar la lógica ya que la carrera administrativa que le ha llevado hasta la dirección en Málaga de la Tesorería General de la Seguridad Social va en consonancia con la Consejería de Empleo y Emprendimiento que le ha sido adjudicada. En su currículum figura la concesión de la Cruz al Mérito Policial por sus actuaciones en la lucha contra el fraude, lo que avala su nombramiento y fortalece su compromiso con la honestidad y el cumplimiento de los procedimientos administrativos en las contrataciones públicas del que en no pocas ocasiones ha carecido el régimen socialista.

En un caso similar al de Rocío Blanco, figuraría Rogelio Velasco, un catedrático de Teoría Económica con experiencia en la gestión empresarial, que asumirá la Consejería de Economía. La procedencia igualmente del mundo universitario de sus dos últimos antecesores socialistas pone de manifiesto que no siempre la gestión de un experto teórico garantiza un buen resultado, sobre todo teniendo en cuenta que las competencias de las que disponen las Comunidades Autónomas en esta materia son muy limitadas. No obstante, la elección de Velasco refuerza la pretensión del nuevo Ejecutivo de optar por políticas de fomento de la iniciativa privada en detrimento del sistema de reparto de subvenciones implantado por el PSOE.

La conclusión, pues, de la primera participación de Ciudadanos en un Poder Ejecutivo en España es que responde perfectamente a la idiosincracia de un partido neófito en el que todo se mueve en torno al líder con la intención de mostrar una imagen exitosa de persona capaz de superar las mayores dificultades. Si esto es lo que necesita y requiere Andalucía, el tiempo lo dirá.

Elías Bendodo en el programa de Carlos Alsina: “Va a ser una legislatura estable y larga”
Elías Bendodo en el programa de Carlos Alsina: “Va a ser una legislatura estable y larga”

“Una vez que se incorpore a su despacho, Bendodo encontrará en la bandeja de las ‘Decisiones Complicadas’ el problema del relevo en la RTVA, convertido en un ‘marrón’ por la gestión tramposa del régimen socialista”

De la que no se pueden sacar aún conclusiones es de la mitad del Gobierno andaluz que correspondiente al PP, de la que únicamente se pueden dar por ciertos dos nombres: el del presidente Juan Manuel Moreno, obviamente, y el de Elías Bendodo, hombre fuerte en las conversaciones postelectorales y candidato a rebajar el protagonismo de Marín desde la Consejería de Presidencia. De hecho, las competencias habituales de este departamento han sido objeto de ardua negociación para distribuirlas con la Vicepresidencia del líder ciudadano, sobre todo para no perder el control de la acción del gobierno, buena parte de la cual recae en los ‘consejillos’, la reunión de viceconsejeros en la que se preparan los asuntos que serán posteriormente tratados en el Consejo de Gobierno, cuya dirección corresponde al consejero de Presidencia.

Una vez que se incorpore a su despacho, Bendodo encontrará en la bandeja de las ‘Decisiones Complicadas’ el problema del relevo en la RTVA, convertido en un ‘marrón’ por la gestión tramposa del régimen socialista que buscó un subterfugio administrativo para evitar cumplir con la disposición legal que obliga a que el director general del ente sea elegido por dos o tercios o tres quintos del Parlamento, es decir, 73 diputados en primera instancia o bien 66, en una segunda votación. En ambos casos y con la composición del actual Parlamento, sería preciso que a los votos de PP y Ciudadanos se sumaran los del PSOE, lo que concede a los socialistas el protagonismo de una negociación que, en caso de fracaso, dejaría al Gobierno ciudadano-popular en la incómoda diatriba de tener que volver a utilizar el mismo subterfugio inventado por los socialistas para burlar la ley, con el consiguiente desgaste político que ello conllevaría, puesto que una decisión así concuerda poco con los anhelos de cambio de los andaluces.

La lupa, no sólo de la rencorosa oposición socialista sino también de la parte de la sociedad andaluza anhelante de cambio, va a estar puesta sobre este Gobierno, cuya mitad naranja está mostrando unas primeras señales decepcionantes. No se conocerá su composición definitiva hasta el lunes; a partir de ahí se abrirá el periodo de 100 días de gracia que a buen seguro ni PSOE ni Podemos van a conceder, aunque nunca ha estado tan justificado conceder el beneficio de la duda por mucho que las primeras actuaciones de Ciudadanos sean tan desalentadoras.

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Manuel Vicente

Manuel Vicente

Cosecha sevillana del 64. Una treintena de años de ejercicio periodístico (El Correo de Andalucía y RNE, entre otros, y actualmente en Canal Sur Radio) al lado de la clase política me han permitido comprobar la degradación en las capacidades de aquellos a quienes los ciudadanos otorgamos la responsabilidad de resolver nuestros problemas. Analizar en ocasiones lo que se cuenta y lo que no, es una ejercicio generalmente gratificante. Huelga decir que mis opiniones y pensamientos son sólo míos y que sólo yo soy responsable de lo que escribo. Como siempre.

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