Los enjuiciados en el Procés, el cumplimiento de la Ley, la huelga y las mamás de los futuros golpistas. Por Rodolfo Arévalo

Las mamás recogiendo a los CDR
Las mamás recogiendo a los CDR

“Me extraña muchísimo, y no sé a que se debe, esta falta de conocimiento de la realidad, de las normas y de las leyes”

Me extraña muchísimo, y no sé a que se debe, esta falta de conocimiento de la realidad, de las normas y de las leyes. Si mañana, quisiéramos asaltar un banco y llevarnos unos cuantos millones de euros, pensarán algunos, nada mejor que comprarse unos fusiles ametralladores de asalto y entrar a saco, en una sucursal del centro de la ciudad, de cualquier entidad si es posible a primeros de mes. Luego bien enmascarados y con un poco de distorsión en la voz, pediremos toda “la pasta”. Lógicamente los trabajadores del banco agacharán las orejas y colaborarán en todo, por no perder su vida. A lo sumo lo que harán será activar la alarma sin que los atacantes lo sepan.

Esto solo se les ocurre a personas que no tienen muchas luces o que están rematadamente locos, tienen fuertes Psicosis, o actúan bajo los efectos de drogas o alcohol. Ésta falta de entendimiento de que la ley es para todos, producida por su falta de raciocinio, es una de las razones por las que esa gente hace esto y no lo hace la mayoría del resto de ciudadanos. Saben que está mal porque actúan en contra de la mayoría social, y no dejan de hacerlo porque sea contrario a la ley si no porque los enfermos mentales no suelen ser conscientes de esto. Lo hacen por necesidad de dinero, por ambición o simplemente porque creen que van a vivir del cuento toda la vida sin tener que rendir cuentas ante la justicia si no les cogen. Solo entienden, como los niños, la inmediatez, saciar una necesidad a golpe de lo que sea.

“Esas normas que desde el jardín de infancia nos van conformando para ser personas adultas que acatan las leyes para poder vivir en sociedad”

Esto que es una cosa de parvulario, que te enseñan a esa edad: “Pepito, no cojas el juguete de Ricardito, hay otro para ti” es lo que nunca han llegado a aprender nuestro niños hasta el momento en que adquieren uso de razón. Si después de este periodo, su comportamiento sigue siendo nocivo para el grupo en general o para otro individuo en particular, es cuando hay que aplicarle los castigos inherentes al incumplimiento de las normas. Esas normas que desde el jardín de infancia nos van conformando para ser personas adultas que acatan las leyes para poder vivir en sociedad. Hasta aquí todo es correcto, ¿pero qué pasa cuando un país vive en democracia?

Algunos dirán, con más razón hay que obedecer las leyes. ¿Por qué? Precisamente porque son la base de la convivencia social. En las democracias el origen de la ley emana del pueblo, no de una parte de él, si no de todo el pueblo que conforma el país. La Constitución es la ley de leyes y es el referente por el cual todos los pobladores de ese país deben regir sus actitudes y comportamientos, puesto que todos ellos votaron esa constitución en un estado de derecho. Votaron todos y como es usual en las democracias ganaron las mayorías sociales del país. Esta es la razón principal por la que me es difícil encajar el pensamiento de cualquier independentista, que frente a la mayoría de personas que conforman el país están obcecados en no sé qué derecho del pueblo a la autodeterminación.

En el caso bastante dudoso de que los pueblos tuvieran ese derecho, que no ha sido nunca refrendado por la historia, no está recogido en ninguna ley de ningún país, el que debe votar es el sujeto pasivo de la Constitución, el pueblo, pero no el pueblo que yo elijo, si no, todo el pueblo que votó esa Constitución. Una parte de ese pueblo no puede abrogarse el derecho unilateral de votar sin contar con el resto de habitantes sujeto a las leyes. Y por supuesto también deberían de entender, estos errados individuos, que el querer no es poder de por sí. Imponer una manera de ver las cosas de manera unilateral sin tener en cuenta al resto de personas, que votaron unas leyes por la que regirse, no es de ninguna manera algo que case con la democracia que ellos esgrimen como moneda de víctimas de no sé que opresión absurdamente inventada por quienes desean mandar a golpe de lo que sea sin tener en cuenta que aparte de los mecanismos dispuestos constitucionalmente para abortar estos casos de locura, también podrían conseguir levantar ampollas entre quienes, ya fuera del poder judicial, también ostentan el derecho y el deber de hacer cumplir la ley, por otros medios en una parte del territorio y que también está recogido en la Constitución.

“Me da igual que penas acarrean los delitos cometidos por los encausados en el juicio del procés ,  porque lo que creo realmente es que hay muchos miles con graves psicopatías como los propios encausados”

Es difícil de entender en cualquier país de nuestro entorno, en el que la mayoría de las personas entienden que la Constitución, las leyes en general están, votadas por el pueblo, para respetarse y obedecerse y no como pasa aquí en España, donde los chuletas abundan para pasársela por el arco del triunfo. Qué vamos a pedir en un país en el que todo bicho viviente se toma el derecho de circular por las rotondas como le viene en gana, cruzar por paso de peatones con semáforo en rojo y en el que muchos hacen burla de los agentes de la autoridad. Pues de eso es de lo que se trata. Y me da igual que los delitos cometidos por los encausados en el juicio del procés, palabro que no significa nada, sean culpables de cualquier cosa, porque lo que creo realmente es que hay muchos miles con graves psicopatías como los propios encausados.

Vemos incluso que la gente de ultra izquierda, que impondría un estado dictatorial en caso de poder hacerlo y que por supuesto no admitiría autodeterminaciones, se arrima a estos separatistas por intereses bien concretos y malévolos, vendiendo el producto como arma de solidaridad con los oprimidos. Mientras que no se haga una limpieza mental, de chulerías, psicosis, paranoias, mala educación, falta de respeto y corrección política manipuladora de la realidad a través de palabras retorcidas y huecas nada tendrá solución. No se puede pactar absolutamente nada con quién quiere separar al país, puesto que para hacerlo, habría que cambiar la Constitución del 78 y eso es algo que tienen que votar 47 millones de españoles. Si hay que hacerlo, hágase, pero dudo mucho de que el cambio fuera votado por la mayoría. Es muy bonito tener gorro de jefe de nación con todas las plumas, pero eso no puede serlo todo indio de Comunidad Autónoma, para tener ese tocado hay que optar a la presidencia del gobierno del país España, el único reconocido por la Constitución. Ya está bien de jugar con las palabras y con la gente.

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Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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