
«El juicio en el Supremo destapa cada día la violencia de los golpistas al esgrimir su sectario concepto de la democracia como superior a las leyes de todos»
El juicio en el Supremo destapa cada día la violencia de los golpistas al esgrimir su sectario concepto de la democracia como superior a las leyes de todos que representa la Constitución en vigor, y por la que precisamente está ahí, en el banquillo de los acusados. Me temo que olvidaron el necesario beneficio de la convivencia, el sentido común y hasta el octavo diálogo de Platón.
Al ritmo de los interrogatorios en la Sala, y con las polémica declaraciones de los afines amplificadas en los altares del periodismo basura, los golpistas, y satélites, descargan su munición mirando al futuro de Estrasburgo. Una artillería ideológica cargada con sus misiles de mentiras tópicas del hangar de la liturgia dialéctica independentista: «España nos roba», «la Inquisición de Madrid», «el democrático derecho a decidir» y otros lemas publicitarios con la forma del argumento, estudiados de memoria en los salmos doctrinales de sus escuelas y repetidos al infinito en los titulares de sus medios de comunicación, públicos o comprados con el dinero de todos.

«El juicio me hace recordar al octavo dialogo de Platón dedicado a las Leyes en el que el filósofo en su madurez, expresa su filosofía sobre la política, la justicia y la organización del estado»
Y esa falacia, expresada sin solución de continuidad por los golpistas catalanes empeñados en la locura social, me sugiere la incómoda presunción de que ya cuentan en sus prietas filas para la batalla, con un cuerpo de jueces y fiscales que han jurado, en catalán, fidelidad a la mentira y el robo constitucional, pero sobre todo, me hace recordar el octavo dialogo de Platón dedicado a las Leyes en el que el filósofo en su madurez, expresa su filosofía sobre la política, la justicia y el proyecto de la perfecta organización del estado.
Al contrario que en la mayoría de los diálogos de Platón, Sócrates no aparece en Las Leyes. Esto es porque el diálogo tiene lugar en Creta, y Sócrates nunca aparece fuera de Atenas en los escritos de Platón. En lugar de Sócrates, tenemos como protagonistas a un anciano ateniense (contrafigura del propio Platón) y otros dos ancianos: un espartano (Megilo) y un cretense (Clinias) de Cnosos.

«Las leyes: Pero procuremos alcanzar una convicción acerca de cada institución, sin considerar ahora las victorias y las derrotas; digamos que tal institución es buena, que tal otra no lo es»
Los tres mayores camino desde Cnosos hasta el Monte Ida, santuario dedicado a Zeus, aprovechan las sombras del camino para descansar y reflexionar. Y su diálogo encarna hoy a la perfección el grave desatino político que sufre España en la actualidad. Las similitudes se descaran nítidas en el reflejo de la batalla política que han emprendido los corruptos políticos catalanes y aquella otra sociedad troyana que vivía para la guerra, y que en cada una de sus leyes asumía la posibilidad de la contienda mortal a cada instante de su vida.
Así leemos y asumimos que el peor de los peligros para la ciudad y el individuo no llega desde fuera sino desde dentro. En el caso de la ciudad, de las revueltas internas, y en el caso de los individuos, de la peor parte de sí mismos, su tendencia a escuchar en demasía los consejos de los placeres y dolores. Estos hacen a los hombres esclavos y cobardes. En el caso de la Autonomía Catalana su deriva al abismo.
Atenienses: «Pero procuremos alcanzar una convicción acerca de cada institución, sin considerar ahora las victorias y las derrotas; digamos que tal institución es buena, que tal otra no lo es.»
