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Resaca sentimental por sobredosis del genérico derecho a decidir. Por Manuel Artero

Reconozco mi mareo de los últimos días por abusar de la realidad política española y sus ficciones, claro está, y sobre todo por asomarme con inocencia a ese abismo social que plantean la mayorías de las noticias bomba y los titulares cañón. Pero sobre todo, intuyo que me afectan los disgustos que han asestado a mi corazón un montón de conocidos y amigos que, apresados en la telaraña publicitaria de los falsos conceptos, me recitan el falso mantra del derecho a decidir, con la soberbia propia de su autoestima como progresistas y esos ojos fijos y desorbitados que tan solo había visto antes en los sectarios creyentes de falsos y millonarios profetas.

El día de la marmota, las luces de la Candelaria y las sombras negras de los iluminados sin luces. Por Manuel Artero

Entre la gente que sabe y los iluminados que se creen sabelotodos, entre los inteligentes que dudan y los estúpidos seguros de cada una de sus frases, existe el mismo recorrido que une a la Puerta del Sol con las antípodas o lo que todavía es de mas largo recorrido, por la consideración metafórica y de las ideas que lo impregna, desde la olla a presión de los sentimientos hasta el puchero en el que cuecen a fuego lento los debates de la razón

Entre la Poesía y la realidad de las líneas rojas: la perversión del lenguaje. Por Manuel Artero

Leo esta mañana a la Pizarnik y me sobrecoge la profundidad de sus palabras. Dice así : «Y nada será tuyo salvo un ir hacia donde no hay dónde.» Deliro con su poesía tan solo un leve momento porque la realidad que me rodea reduce las ensoñaciones a líneas rojas que no se deben cruzar. Es la misma lata de siempre con los chantajes y amenazas que los políticos se hacen entre ellos y que, en realidad, se dirigen a nuestras emociones y nuestros estómagos.

Hacia el cantonalismo que nos viene de la mano del neosocialismo, del separatismo y del dontancredismo: ¿Les suena de algo?

El derecho a decidir es solo del Pueblo Español señores míos, pues es el titular único de la Soberanía Nacional Española. Recuerden el cantonalismo, cuando el Presidente federalista de la Primera República Española, Pi y Margall, estuvo a punto de romper la unidad de España al reflejar y sancionar en la Constitución Federalista que las regiones eran Estados Soberanos.