Termómetro de la calle, el taxista no imagina: ve, oye y palpa. Por Vicky Bautista Vidal

Martin Scorsese en el taxi de Robert de Niro durante el rodaje de Taxi Driver
Martin Scorsese en el taxi de Robert De Niro durante el rodaje de Taxi Driver

 “El taxista español, si le permites manifestarse y no empiezas a darle la lata con el itinerario y otras sandeces, es el mejor termómetro que conozco de la vida cotidiana”

No soy yo persona que, habitualmente, vaya pegando hebra con cualquiera. Soy más bien callada y voy a lo mío sin molestar casi nada a nadie. Pero siempre he sentido debilidad por mantener charlas con los taxistas. En especial con los de Madrid, que, sin dejar a nadie a un lado, son con quienes suelo tener más empatía, y con quienes suelo iniciar distendidamente conversaciones estupendas que no encuentro en otros sitios. 

Porque, el taxista español, si le permites manifestarse y no empiezas a darle la lata con el itinerario y otras sandeces, es el mejor termómetro que conozco de la vida cotidiana, y salvo escasas excepciones, de las personas más amables con las que me cruzo: Insulares, peninsulares… ¡Todos!

Conozco lo que son unos nervios en la cuerda floja, por ello, admiro profundamente a aquellos que hacen de su vida un duelo de titanes vial, soportando en continuo estado de tensión durante doce o catorce horas diarias la lidia con el tráfico de la gran ciudad. Añadido además a la presión que supone tolerar al personal y sus especificaciones que transportan de un lado a otro, que también tiene su aquel. Y por ello, no dudo en felicitarles y hacerles conocer de mi admiración.

“El taxista no imagina: ve, oye y palpa. Tiene una filosofía realista que permite que, cambiar impresiones con él se convierta en una lección recibida”

La lógica del hombre acostumbrado a la calle suele ser más certera y equilibrada que la de los ingentes “colaboradores” que pululan por los canales de televisión pontificando a la carta del color de la cadena. El taxista no imagina: ve, oye y palpa. Tiene una filosofía realista que permite que, cambiar impresiones con él se convierta en un gozo y en una lección recibida en vena sobre la verdad del pueblo. El es pueblo y testigo. 

Si usted está interesado en tomar la temperatura de la calle y de la sociedad, no se siente a ver voceros interesados en canales pagados. Tome un taxi, comparta y escuche. Una de las anécdotas vitales que guardo en la memoria se produjo ya hace muchísimos años, precisamente, a causa de una de esas amenas charlas con un taxista madrileño.

Tengan cuidado los políticos y personajes varios por que la calle tiene ojos y oídos en todas partes. Y a veces, las intimidades “secretas” del mandatario de turno, se vocean, “inocentemente” en mercados, plazas, o en conversaciones banales en el interior de un taxi.

Dos mujeres, congresistas, comentaban sobre sus affaires con un político de primerísima línea de los tiempos de Felipe González. Resulta que una de ellas, sin contar con la oreja atenta del conductor y sin el más mínimo pudor, comentaba con la otra lo mucho que le gustaba a “X” que le dieran “zurriagazos en los riñones” antes del acto, que con esas mismas palabras me lo contó el taxista muerto de risa. 

Por lo que en un momento me enteré de varias cosas: que “X” se ventilaba a congresistas y que era un masoca de esos que en la vida real tienen mucho poder pero que necesitan que alguien les zurre bajo cuerda: para compensar, digo yo, y dice algún psiquiatra también, tanto poder.

De forma que, guardaespaldas, agencias, organizaciones, medios de comunicación pagados para el silencio selectivo no protegen nada cuando la cuerda se rompe por el lado más débil.
Que todo se sabe, oiga.

Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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