Profanar tumbas era propio de saqueadores del antiguo Egipto. Por Rodolfo Arévalo

Profanar tumbas era propio de saqueadores del antiguo Egipto. por Tano y Tina
Profanar tumbas era propio de saqueadores del antiguo Egipto. por Tano y Tina

“Profanar tumbas era propio de saqueadores del antiguo Egipto. Casi siempre la razón era robar las riquezas enterradas con los faraones”

Profanar tumbas era propio de saqueadores del antiguo Egipto. Casi siempre la razón era robar las riquezas enterradas con los faraones o los altos dignatarios del gobierno. Esta práctica un tanto macabra no ha dejado de existir a lo largo de la historia de la humanidad. También hacia mil ochocientos había expertos en recuperar ataúdes de los enterrados recientes, para provecho de los estudiantes de anatomía y medicina, era un negocio al parecer lucrativo. Afortunadamente hoy en día esto no es necesario y muchas personas donan sus cuerpos a la ciencia para la investigación médica.

No podemos comparar aquellas prácticas con las de los saqueadores y profanadores de sepulcros modernos, que muchas veces solo aspiran a llamar la atención, porque son macarras de tomo y lomo. También existen los aficionados al satanismo que hacen lo mismo pero por otras razones. Vamos que saquear tumbas y exhumar cuerpos solo se ha hecho a lo largo de la historia por tres razones, conseguir dinero, por macarrismo o por necesidades judiciales. En este último caso para poder comprobar las causas de la muerte de un individuo. Hoy estamos asistiendo al desentierro de un general del ejército Español, que fue condecorado varias veces por méritos de guerra por la desaparecida República de los años treinta y ascendido meteóricamente, como el propio Napoleón, hasta la categoría de general. Después su historia es conocida por todos.

“A mí ya me tocó de refilón su gobierno, que decían dictadura, tan de refilón que murió cuando yo tenía diecinueve años y estaba haciendo la mili”

A mí ya me tocó de refilón su gobierno, que decían dictadura, tan de refilón que murió cuando yo tenía diecinueve años y estaba haciendo la “mili”. Me apunté a filas un año antes de cumplir con la edad obligatoria, como voluntario, mi idea era elegir cuerpo y destino, como hice finalmente. Me chupé algo así como ciento sesenta y cuatro guardias, por la enfermedad y muerte de este hombre ahora desenterrado, por lo que debería al menos no tenerle simpatía, pero mira tú por donde, el general de mi destacamento nos dio la absoluta al año de haber entrado en el ejército; esto fue un premio, (había firmado dos años), por haber estado de guardia el día de la muerte del general Franco.

No sé si esto se lo debo de agradecer a Franco o al general que estaba ese día al frente de mi departamento, en este caso el general del ejercito del aire. Viendo que en la policía interna del ejercito del Ministerio se libraban cuatro días a la semana y se tenía pase de pernocta, yo me pase de manera voluntaria a la policía militar del lugar. El día diecinueve de noviembre del año setenta y cinco, entré de guardia. Me toco el turno de relevos de cuatro a seis, por lo que aquella noche del veinte de Noviembre estaba de guardia precisamente en el puesto de la torre donde vivía el Ministro del aire. A eso de las cinco de la mañana recibimos la llamada del capitán de guardia que nos dio una escueta orden. ”Cierren las puertas, pongan las armas en prevengan y si ven algún tumulto disparen a matar si ven movimientos sospechosos frente al Ministerio”.

Al cabo de un rato oímos pasos acompasados de una multitud que venía hacia el puesto desde el interior de uno de los pasillos, eran los de un brigada al mando de unos cien soldaditos que portaban armas colgadas de su brazo derecho aparte las suyas propias. Se nos dijo a un cabo, que había allí conmigo y a mi mismo, que cargáramos el arma, quitáramos el cargador y que procediéramos a cambiar el cetme por uno de los nuevos que nos traían. Al parecer eran los buenos, además se les podía poner bayoneta e incluso podían lanzar granadas.

Una vez hecho el cambio, la tropa se alejó en dirección al siguiente puesto de guardia. Lamentablemente para el cabo y para mi, a pesar de habernos dejado otro soldado de refuerzo no nos relevaron hasta las once de la mañana del día siguiente. Yo ya me veía en la guerra cuando el capitán nos dio las órdenes, pero afortunadamente para mí, la sociedad española de aquella época, vamos la mayoría, estaba ya madura como para aguantar las ganas de rebeldía.

“El General fue enterrado en el Valle de los Caídos, no porque él quisiera si no porque así lo decidieron las Cortes de aquella época”

Todavía no se sabía que aquello acabaría con la Constitución del setenta y ocho, pero eso se consiguió porque todos los españoles estaban deseando vivir en paz y sin dictadura, que en realidad casi nadie notaba porque desde los sesenta solo fue una dicta blanda. Así que el General fue enterrado en el Valle de los Caídos, no porque él quisiera si no porque así lo decidieron las Cortes de aquella época, algo parecido al Parlamento, pero como diría, dictatorial.

Franco hubiera querido ser enterrado junto a su mujer Carmen, pero la razón de estado pesó más en la decisión. Da un poco de pena no por el dictador, si no por el hombre, que sea trasladado de nuevo a otro lugar de enterramiento por un odio que perdura contra él en los descendientes de aquellos que visitaron con lealtad y veneración el velatorio de cuerpo presente de General y entre los que se encontraban más que probablemente los padres y abuelos de los actuales gobernantes.

“Espero que todos puedan y podamos descansar en paz y no ser perseguidos por los fantasmas y las maldiciones de profanadores de tumbas del antiguo Egipto”

A mi, como he dicho ni fu, ni fa, ni siquiera fuimos ni yo, ni nadie de mi familia a ver su capilla ardiente, no era algo que nos implicara personal, ni emocionalmente, pero al parecer, hoy en día hay mucho post nacido del Franquismo que sí se siente afrentado por un personaje y un régimen del que solo han oído hablar de refilón. Hay que ser bobo de baba para resucitar un odio enconado, tan antiguo que ni siquiera existía ya en el momento de su muerte. Espero que todos puedan y podamos descansar en paz y no ser perseguidos por los fantasmas y las maldiciones de profanadores de tumbas del antiguo Egipto. Aunque no sé, los espíritus pueden atormentar las mentes de los más bragados. Algunos lo pagan con las elecciones… Oído cocina.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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1 comentario

  1. Lic. José J. De La Grana Prunés

    Es increíble hasta donde llega la bajeza de aquellos que aún después de muerto el GENERALÍSIMO, le temen y lo persiguen.
    Dan asco y pena
    VIVA EL CAUDILLO DE ESPAÑA

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