Entre el aplauso de los hombres mansos y el ladrido del perro domesticado. Por Nacho Rodríguez Márquez

Dedicado a Silvia Ballester Bernabéu
Entre los aplausos de los hombres mansos y el ladrido del perro domesticado
Entre el aplauso de los hombres mansos y el ladrido del perro domesticado

«El ladrido del perro es semejante al aplauso constante  del político. Es querer decir al jefe de la manada que esta de acuerdo con todo lo que diga»

Os voy a comentar algunos asuntos relacionados con la domesticación. En el paleolítico y a principios del neolítico, el hombre consigue domesticar a diversos animales salvajes. Curiosamente, solo en ese periodo el hombre tuvo el talento para conseguirlo, pues tantos milenios después, ese proceso casi desapareció. Parece como si ese don y magia se hubiese esfumado. Incluso algunas especies como el guepardo y la hiena, en tiempos mansos, volvieron a su estado mas salvaje y montaraz.
Algunas teorías afirman que el perro y el gato hubiesen sido ellos los que se acercaron al hombre por sus restos de comida y, en especial, por el calor del hogar y sobre todo, el  de la lumbre.  Decíamos mas arriba que «casi» se había extinguido la maestría del hombre para la domesticación, pero no es así, pues ha llegado en los últimos tiempos al paroxismo. Me refiero a los componentes del Parlamento y el Senado tanto nacional como autonómico, que en su mayoría, han pasado voluntariamente a la categoría de mansos.
El animal domestico es, bien se sabe, un animal degenerado, como lo es,  a su vez, el hombre aborregado porque, al estar amaestrado, pierde gran parte de su instinto natural, adquiriendo, no obstante, otros  menos éticos, como son la sumisión y la comodidad. El animal domestico, sobre todo el que sestea en los foros políticos, es un intermedio entre el puro animal y el hombre.
Un ejemplo es el aplauso en el hombre y el ladrido, un gesto no natural en el perro. Sabido es que el ladrido es sinónimo de domesticación en el perro, pues ni el lobo ni el chacal ladran sino que aúllan. Son diferentes formas de expresarse. Lo evidencia que existen ciertos perros que están en la fase intermedia, pues son mudos. Ni saben aullar ni tampoco han aprendido a ladrar. Existen así algunos, pocos, políticos en esa fase, aunque la mayoría han adoptado la forma mas fácil y beneficiosa para sus intereses: ladrar y acercarse a la lumbre que mas calienta.
El ladrido del perro es semejante al aplauso constante  del político. Es querer decir al jefe de la manada que esta de acuerdo con todo lo que diga, con el Coleta que no le deja dormir, o con el Coleta que es un fenómeno. La cuestión es aplaudir como bellacos las propuestas del líder da la manada. Estos hombres amaestrados son como los lebreles, que juguetean en sus jaulas pero cuando se les suelta en el campo se comportan como verdaderos cazadores. Así le pasa a los políticos fanatizados que es posible que estén relajados pero al entrar en campo, que es el hemiciclo, se comportan con una jauría al son de la corneta de arrebato.
Por cierto, la primera aparición documentada de la domesticación del perro,se halla en España, en la Cueva de la Vieja de Alpera. La prueba palpable de la domesticación del hombre moderno se encuentra en el Congreso de los Diputados, donde se aplaude de pie y a rabiar todo lo que manifieste el jefe de la manada. Son los llamados despectivamente palmeros cuyo paradigma es el inefable Rafael Simancas, incansable manos de acero, director del coro de aplaudidores domesticados mas cómico del planeta tierra.
Ignacio Rodríguez Márquez

Ignacio Rodríguez Márquez

Un todo terreno en la televisión : Productor,realizador, director ,guionista y comentarista deportivo durante 35 años en TVE siendo el que más transmisiones ha comentado y mas disciplinas deportivas ha narrado . Licenciado en Ciencias de la Información y Técnico Superior en producción y programación. Ex entrenador y jugador profesional de baloncesto. Premio Talento de la Academia de las Artes y las Ciencias de la Television. Medalla de oro en 12 Campeonatos de España de esgrima veteranos y Tesoro Vivo de la Televisión por la UNESCO

Un comentario sobre “Entre el aplauso de los hombres mansos y el ladrido del perro domesticado. Por Nacho Rodríguez Márquez

  • Rodolfo Arévalo
    el 19 agosto 2020 a las 13:08
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    Magnifico artículo compártolo como Bartolomé, que tenía una flauta.

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