El Holodomor, genocidio ucraniano, un terrible botón de muestra comunista. Por José Crespo

 

El Holodomor, genocidio ucraniano, un terrible botón de muestra.
El Holodomor, genocidio ucraniano, un terrible botón de muestra.

«Las cifras del Holodomor son sólo un botón de muestra del volumen total del genocidio comunista perpetrado a nivel global y que los historiadores cifraron, en 1998, en unos 100 millones de asesinatos»

Leía unas líneas de José A. Cantarero sobre el crimen de estado ejercido por el comunismo sobre Ucrania y que me llevan a recordar el Holodomor.
El Holodomor también conocido como Genocidio ucraniano u Holocausto ucraniano, es el nombre atribuido a la hambruna que asoló el territorio de la República Socialista Soviética de Ucrania, Kubán, Ucrania Amarilla y otras regiones de la URSS, en el contexto de la colectivización de la tierra emprendida por la URSS, durante los años de 1932-1933, en la cual habrían muerto de hambre hasta 12 millones de personas.
La muerte por inanición es una de las más horribles y espantosas que se puedan afrontar y si es algo programado, como lo fue en Ucrania, nos define el carácter psicopático y de Stalin que convierte al comunismo en una ideología criminal, que ahora el socialismo español, los comunistas podemitas, separatistas y filoterroristas se empeñan en blanquear.
Enrique Santiago se enorgullece del estalinismo, como su jefe y la pareja de su jefe, y en su ignorancia y/o maldad no condenan el hecho de que el socialismo soviético sometió al pueblo ucraniano a una hambruna planificada que surgió de la mente perversa y la andorga llena de Stalin y su séquito de hienas genocidas del Kremlin, para ablandar al rebelde campesinado ucraniano, para indicarle que debía asumir su inclusión en el paraíso socialista, ese en el que cuando entras no puedes escapar y si lo haces es a riesgo de ser tiroteado, o como en este caso, asesinado por hambre sobre la tierra más feraz y productiva de Europa.
Este es el paraíso socialista soviético al que Largo Caballero, con monumento en Madrid desde 1985, quería conducir a España y es al que defienden el sindicalista Pepe Álvarez de la UGT del PSOE.
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Durante los años 1932 y 1933 fueron asesinados por hambruna provocada entre 7 a 10 millones de ciudadanos ucranianos. El número exacto de víctimas aún no ha podido ser establecido por historiadores mediante herramientas demográficas y cuyas consecuencias en las posteriores generaciones también son dignas de estudio.
A finales del verano de 1933 y sólo en la región de Kiev, se registró la friolera de 300.000 niños huérfanos sin hogar, de los que un mes unos 200.000 perecerían. ¿Cómo lograron este imposible?, pues prohibiendo todo tipo de comercio en las aldeas, impidiendo el abastecimiento de productos alimenticios, condenando a diez años de prisión en una cárcel soviética o al fusilamiento simplemente por el hecho de utilizar el pan como pago por el trabajo, en aquellas regiones que no hubieran cumplido con las cuotas establecidas de entrega de grano recolectado.
Las fuerzas soviéticas, en su desenfreno saqueaban, bajo el adjetivo de requisa, todo almacenamiento ya fuera grande o pequeño procediendo a la quema de los campos de mies. Quedaba prohibida la cosecha de los campos y si alguien acuciado por la hambruna intentaba recolectar algo de comida para calmar el dolor de su esposa e hijos, le esperaba una muerte segura quizá menos dolorosa y más rápida que la agonía por hambre, un pelotón de fusilamiento, aunque también podía ser condenado a la muerte en la soledad de una celda que le llegaba tras veinte días sin ingerir alimento alguno.
Testimonios de supervivientes de esta matanza relataron escenas dramáticas de cómo los hambrientos se lanzaban sobre cualquier cosa que podían echarse a la boca y de los gritos de los niños sin consuelo posible a los que el hambre impedía dormir, sin olvidar los casos de locura e incluso de antropofagia. Y todo esto ocurrió en una tierra considerada como «el granero de Europa». Así quedó destruida Ucrania por el gobierno socialista soviético.
Estas cifras ucranianas son sólo un botón de muestra del volumen total del genocidio comunista perpetrado a nivel global y que los historiadores cifraron, en 1998, en unos 100 millones de asesinatos acumulados a lo largo de la sanguinaria historia del comunismo, cuya exaltación está penada en la Unión Europea… menos en España.
En Madrid existe una estatua dedicada a Largo Caballero, estatua que debe ser retirada como la del delincuente Indalecio Prieto, responsables ambos de la guerra guerra civil 1936-1939. Largo Caballero, secretario general del PSOE en su día, afirmaba que: «Estamos decididos a hacer en España lo que se ha hecho en Rusia. El plan del socialismo español y del comunismo ruso es el mismo», tal como se puede leer en el Diario “El Socialista” el 9 de febrero de 1936.
Se podrán criticar muchas o pocas cosas a Franco, que podría haberse ido o dejado el gobierno antes, pero lo cierto es que acabó con la posibilidad de que España se convirtiera en una república socialista soviética, dictadura de la que solo se sale con sangre y con la que solo se acaba con sangre. La victoria de Franco es lo que no lo perdonan los comunistas que se afanan en declararse y apropiarse del concepto de democracia. Dejemos claro que no todos los que se opusieron a Franco eran demócratas sino comunistas profesionales, los mismos que hoy consideran una oportunidad el momento de crisis para imponer sus criterios.
José Crespo

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Historia. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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