El franquismo nunca fue una dictadura. Por José Crespo

El franquismo nunca fue una dictadura
Aleksandr Solzhenitsin: El franquismo nunca fue una dictadura

«El franquismo nunca fue una dictadura y no lo digo yo lo dijo un premio Nobel ruso Aleksandr Solzhenitsyn. el 20 de marzo de 1976 a José María Íñigo en TVE»

El franquismo nunca fue una dictadura y no lo digo yo, lo dijo un premio Nobel ruso. El 20 de marzo de 1976, cinco meses después de la muerte de Franco, el periodista José María Íñigo, recientemente fallecido, entrevistó para el programa «Directísimo» en TVE al premio Nobel ruso Aleksandr Solzhenitsyn.
Según relató el periodista, el escritor ruso no cobró por su intervención, únicamente solicitó asistir a una corrida de toros.
Durante la entrevista se sorprendió de que la izquierda española colocara con el adjetivo de «dictadura» al régimen de Franco al mismo nivel que el criminal régimen de terror que se vivía en la URSS. Lo justificaba en estas declaraciones.
– «Vuestros círculos ‘progresistas’ se complacen en llamar al régimen existente de Franco «dictadura». Yo, en cambio, llevo diez días viajando por España, desplazándome de riguroso incógnito. Observo cómo vive la gente, lo miro con mis propios ojos asombrados y pregunto: ¿saben ustedes lo que quiere decir esta palabra, conocen ustedes lo que se esconde tras este término? Voy a proponerles algunos ejemplos. 
Un español cualquiera no está vinculado a un lugar determinado, a una ciudad o a un pueblo donde tiene forzosamente que residir. Puede desplazarse de un lugar a otro según le plazca. Nuestro ciudadano soviético, en cambio, no lo puede hacer: estamos encadenados a nuestro lugar de residencia por la famosa propiska, el visado de la policía.
Las autoridades locales deciden si puedo cambiar de residencia o no. Estoy totalmente en sus manos, pueden hacer conmigo lo que quieran. Luego me entero de que los españoles pueden salir libremente de su país. En la Unión Soviética esto no existe. Desde hace poco, bajo la presión de la opinión pública mundial, y especialmente de los Estados Unidos, se está dejando salir a una pequeña parte de los judíos. Pero la otra parte y todos los demás pueblos que habitan la URSS están privados de este derecho.
Nos encontramos en nuestro propio país como en una cárcel.
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Paseo por Madrid, o por otras ciudades españolas, de las cuales he visitado doce, y veo que en los quioscos se venden los principales periódicos europeos. En cambio, si en mi país apareciera un periódico extranjero a la venta, se alargarían diez manos para agarrarlo.
Veo, otro ejemplo, que aquí funcionan libremente las fotocopiadoras, cualquiera por cinco pesetas puede sacar libremente una fotocopia. En nuestro país tal cosa no sólo está prohibida, sino que es delito: toda persona que utilice una copiadora para fines particulares y no para el Estado, para la Administración, será condenado por actividades contrarrevolucionarias.
En su país, puede que con algunas limitaciones, están autorizadas y tienen lugar algunas huelgas. En nuestro país, en sesenta años jamás fue autorizada una sola huelga. En los primeros años del régimen, los huelguistas cayeron bajo ráfagas de ametralladora, o fueron encarcelados como contrarrevolucionarios, aunque sólo exigían mejoras de carácter económico.
Hoy día, ya a nadie se le ocurre, a nadie se le pasa por la cabeza, la idea de organizar una huelga. Más todavía: publiqué un día en la revista Novi Mir una narración, Por el bien de la causa. En ella, un personaje, un estudiante, pronunciaba la frase «Vamos a hacer huelga». Pues bien, antes de que la narración pasara la censura, ya la propia mesa de redacción de la revista eliminó la palabra «huelga». La palabra «huelga» está prohibida en mi país.
No, vuestros progresistas pueden usar la palabra que quieran, pero «dictadura» no. ¡Si nosotros tuviéramos las libertades que tienen ustedes, nos quedaríamos boquiabiertos, exclamaríamos que es algo nunca visto!».

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Es realmente curioso cómo el camaleónico comunismo se apropia y ensucia términos como libertad y democracia además de presentarse como abanderados del progreso cuando se llaman a sí mismos ‘progresistas’.
Hace unos días hemos podido ver cómo nostálgicos del crimen del comunismo se manifestaban por las calles de Madrid sin que nadie les agrediese enseñoreando imágenes con las fotografías de Marx, Engels y Hoxha o de criminales reconocidos como Lenin o Stalin.
En cambio un partido democrático como Vox es apedreado por la delincuencia comunista ante el silencio cómplice y cobarde del actual gobierno de España. ¿A qué tipo de España non quieren llevar estos sectarios indocumentados?
José Crespo

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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