
«Aplicaron recetas claras y eficaces para neutralizar las locuras cantonalistas, regionalistas, federalistas, nacionalistas y separatistas de la España de los siglos XIX y XX»
Antonio Cánovas del Castillo en 1876, Miguel Primo de Rivera en 1923 y Francisco Franco en 1936, aplicaron recetas claras y eficaces para neutralizar las locuras cantonalistas, regionalistas, federalistas, nacionalistas y separatistas de la España de los siglos XIX y XX.
Además, ahora tenemos el ejemplo de la eficaz receta del Apartado 4 del Artículo 51 de la vigente Constitución portuguesa de 1976, redactada tras la Revolución de los Claveles y claramente izquierdista, que prohíbe expresamente los partidos regionales… y no pasa nada.
También tenemos otro ejemplo clarísimo, el de la eficaz receta de la vigente Constitución francesa de 1958, que no reconoce ni autonomía política, ni competencia legislativa a las regiones; ni cooficialidad lingüística al catalán, ni al vascuence, ni al bretón, ni ninguna otra lengua regional de Francia, siendo el francés la única lengua oficial y vehicular en todo el territorio nacional, en la enseñanza y es el único en todas las oposiciones públicas en todo el territorio francés… y no pasa nada.
Los separatistas de aquí, muy cucos, caraduras y sinvergüenzas ellos, nos recuerdan constantemente y cada vez que se les presenta la ocasión, los lejanos casos de Escocia y Quebec… Nosotros deberíamos recordarles constantemente los casos, mucho más próximos, de Portugal y Francia. Tenemos que convencerles de que no les vamos a dar ni whisky escocés ni Canada dry, sino que a lo único que aspiramos es a darles tortilla francesa, bacalao a la portuguesa y el «aperitivo Aznar», es decir… el que consiste en reintroducir lo que no se debió quitar del Código Penal, la inhabilitación y los 3 a 5 años de cárcel para quienes convoquen un referéndum sin tener competencias para ello.
En caso necesario, a este aperitivo se puede añadir el español perejil o eneldo si nos ponemos en plan nórdico. No hay otra, a parte de rezar para que la intelectualidad tome la política para barrer a los mentecatos y miopes que dicen ver y contar nueve naciones donde solo hay una. O esto o cuatro «enanos» y un narcisista arrojan nuestra Historia y nuestro futuro por la borda.
