La Hostil que me ocupa. Por Vicky Bautista Vidal

La hostil que me ocupa

«Estoy segura de que en la vida de todos hay ahora una Abundia, un Musculeitor, una Alisia, un Cacaseno… Incluso, una como yo y la hostil que me ocupa»

 
Prometo que una vez, hace cientos de años, dentro de mí vivió Blanca Nieves: lo digo por eso de esperar príncipes azules mientras duermes en una urna con la seguridad de que los cuentos son verdad, incluidos los chinos, que así nos fue a muchos en la representación vital. A mí, por ejemplo, ha tenido que espabilarme aquella hostil interna que me habitó siempre pero que yo no conocía.
 
¡Que sí!… Como casi todos los personajes de este cuento que somos, yo, como ustedes, también di con madrastronas de diversa calaña, con enanitos trabajadores y cantarines, pero igual de enanitos por dentro como por fuera. Con príncipes y princesas de palo, de buena apariencia y mediocre naturaleza. Teniendo que aguantar un bosque politizado donde los conejitos y los pajarillos, se convirtieron en tortuosos dignatarios de un orden raro donde lo inicuo, malévolo, estúpido y avaro ocuparon el sitio de la Naturaleza Naturante y decidieron organizar la vida a su estilo.
 
¿Y cómo no nos íbamos a dejar engañar los etéreos y volátiles espíritus enterrados en carne de este jardín?… confundidos por cantinelas de falsos ruiseñores y saltitos graciosos de ardillas y conejitos con antifaz rojo, sin advertir los hilos que, encaramado en el gran árbol central, movía el lobo mismo con la gracia que da saber, si eres una alimaña, que pronto te vas a merendar a un mundo entero de sensibles crédulos con las cabezas puestas sobre impolutas bandejas de oro preparadas para entregárselas al primero que supiera contarles el mejor cuento.
 
Todos hemos “bailado” entre las florecillas moviendo tules y terciopelos en este nuestro bosque animado. Hasta que nos hemos tropezado con el abismo bajo las hojas, o caímos de bruces sobre el barro por la aviesa zancadilla de alguna raíz de árbol carnívoro, dejándonos los dientes clavados en tierra dura y no en la blanda nube donde creíamos habitar.
 
Repaso mi día y pienso ahora, antes de pasar a otro tema, en gente. “La gente”: esa nube abstracta, sin delimitar individuos, que nos rodea y con la que tratamos cada día.
 
De Entre “la gente” extraigo a algunos amigos que he visto hoy.
 
Me cuenta mi amigui: Abundia, seguidora fiel de técnicas Nueva Era, a la que abandonó su novio por la asistenta, pero que “como ella es Dios” pensó un ratito en que él volvía y este, volvió, pero, para recoger sus juegos y su consola, el ordenador y alguna ropa que le quedaba en el armario; dejándola de nuevo, eso sí… Pero, porque ella,” no había hecho bien lo del pensar muy concentrada, aunque ella sea Dios” y practique esas cosas divinas que la panda exotérica cree estar haciendo bien…
 
Puede que Abundia tenga razón y sea verdad que todos somos creadores…
 
–¡Pero, muy gilipollas! – Añado yo; porque creamos tonterías y además mal.
 
Me llama mi primo: Cacaseno; me dice que se va a colocar de esbirro desokupa para dar o recibir los tratos adecuados, con los peligros que conlleva, y cobrar su sueldecillo mileurista mientras el listo de la oficina se sorbe el verdadero pastón, junto con el “güisquise” con el que celebra la pasta gansa cobrada a Cándido Mustio: propietario del lugar donde tres parejas de violentos okupas que se las saben todas, les atienden con amenazas y denuncias mientras escriben el manual de cómo utilizar la no Justicia española para vivir gratis.
 
¡No importa!… Recompuestos los velos llamo a mi amiga Alisia Inopia: Me he enterado de que ha cogido el Coronavirus pese a las 32 vacunas recibidas. Me cuenta como ha huido del hospital donde fue a pedir oxígeno porque prefiere ahogarse en casa debido a que no había nadie detrás de la puerta del cubículo donde la escondieron nada más llegar al Hospital.
 
Llaman a la puerta después y es mi vecino: Casildo Ya Me iba, el que tiene una página en Internet donde se hace llamar “Musculeitor” el Parménides de la Internet.
 
El tipo es lo que ahora llaman negacionista y debido a su punto narcisista, ha decidido empezar a salvar el mundo a su manera y me ha elegido a mi como avanzadilla de la próxima multitud que le escuchará embobada en cualquier plaza.
 
Comienza pues con la vecina: dejándome la cabeza hirviendo, cubierta e invadida después por élites asesinas, marcianos invasores, Grafeno y substancias extrañas varias, sospechosas de haber sido introducidas por enemigos ocultos para hacer mucha pupita a la humanidad y con ello, vaciar un poco el mundo; de forma que, cuando hago como que me desmayo, se va despotricando por haber llegado tarde para salvarme, seguro de que se debe a lo que me han introducido en inyecciones, alimentos, vacunas y otras cosas.. Entonces, debo correr al cuarto de baño a limpiarme las orejas y las narices porque todos los orificios están llenos de bichos raros imaginarios que resbalan aceitosos hasta el suelo de plástico de mi cuartito de estar.
 
Pero… ¡No pasa nada!… Pongo la tele y aparece la cara de Putin en primer plano. Ese que por esas cosas de los idiomas es llamado en diminutivo cuando su nombre debería acabar en “on” para mostrar al mundo su verdad.
 
No es tonto Putin/on… Se ha dado cuenta de que el mundo está gobernado en general por imbéciles sin categoría política ni inteligencia que sería lo que haría falta ahora para librarnos de una posible tercera guerra mundial. Ni siquiera saben que es diplomacia, que son tratos, que es política al fin…
 
¿Cómo pueden estos desechos que han reptado hasta la cima de los gobiernos, lidiar con algo tan imprevisible y peligroso?…
 
Putin/on no tiene a quien respetar en el panorama político mundial. Confía en la cobardía y la inutilidad de gobiernillos de pasta de boniato y en élites mancilladas por la incapacidad. El nuevo Napoleón no tiene miedo a nadie.
 
América, con su acartonado presidente al frente no resta, sino que suma al desastre y, Europa, la pobre vieja, no tiene fuerza, agotada por los siglos, por el miedo y por la invasión de elementos extraños en sus instituciones.
 
Los chinitos de la China, se frotan las manitas amarillentas pensando en cómo se repartirán con Putin/on el mundo que dejará el nuevo “Napo”. Las multitudes se aseguran la supervivencia al posible zambombazo amontonando papel higiénico en los cubículos donde viven, el que puede disolverse sin dejar rastro para los arqueólogos del futuro si al chatungo del Kremlin le da por apretar su botón rojo; que hay que ver con la alegría que amenaza el impoluto ex agente de la KGB con lo nuclear a diestra y a siniestra a cualquiera que se mueva.
 
En las televisiones comienzan a hacernos tragar el aceite de ricino de todas las épocas de guerra por ver si se despiertan virtudes patrióticas que se han venido ignorando antes:
 
Horribles películas bélicas donde sale un pelotón con los papeles bien aprendidos: El muerto, el héroe, el cobarde pero que al final da la cara por todos; el capitán, duro pero sensible por dentro que salva a todos (menos al destinado a fiambre) y que muestra lo que son todos esos valores del soldado que, por ejemplo, nuestro gobiernillo ha estado denigrando desde que llegaron al poder en Españita con minúscula, minimizando a un ejército que, debido a su posible destino, debería ser mucho más respetado.
 
Lágrimas, lágrimas, lágrimas en la televisión… Ha habido otras guerras y otras lágrimas, pero ahora todo el mundo está más sensibilizado porque el peligro de lo mismo se cierne sobre nuestras cabezas después de tres años de pandemia que, por cierto, ha desaparecido de los telediarios…
 
Me arreglo los tules como puedo y vuelvo a fumar… ¡Si!… ¡fumar!… ¿Qué pasa?… ¿Qué se puede hacer cuando se descorre el telón y quedan al descubierto las bambalinas de esta ridícula obra vital que se repite una y otra vez desde hace miles de años?
 
Me traen la guerra a casa y tengo que comer mi sándwich vegetariano, muy occidental, sentadita en el sofá estándar mientras en la pantalla, un tanque ruso arrolla un utilitario donde, algún día, podríamos ir cualquiera de nosotros.
 
Y los extraterrestres de los Simpson, esos de los dientes en pico y las babas colgando, mirando desde sus naves espaciales la peli terrícola y partiéndose el pecho, imagino, mientras deciden si ver lo de la guerra o se endosan una telenovela turca que les enseñará mucho más sobre la tribu humana que vigilan tampoco sabemos para qué.
 
Estoy segura de que en la vida de todos hay ahora una Abundia, un Musculeitor, una Alisia, un Cacaseno… Incluso, una como yo…
 
Háganme el favor de quererlos: ¡Todos tienen miedo! ¡Todos se sienten indefensos!, igual que ustedes.

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales.
Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida.
Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común.
Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden.
La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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