Los problemas no surgen de la nada. Por José Crespo

Los problemas no surgen de la nada.

«La industria armamentística, las energéticas, la agenda global, y la mano victoriosa de China, son los que se benefician de este conflicto»

A raíz de publicar en La paseata el pasado 15 de febrero las líneas bajo el título «Un conflicto que ni nos va ni nos viene», y que volví a reiterar el 26 de febrero diciendo «Insisto en que la guerra de Ucrania no nos va ni nos viene», a petición de un lector escribo estas líneas y espero sean las últimas pues ya uno se empieza a hartar de que le llamen comunista, antieuropeo o proPutin, dejando claro que se están exaltando los ánimos sobre la base de unos turbios intereses ocultos, pues no hay nada más repugnante que ante esta guerra que nadie quiere, ni ucranianos ni rusos, no hablo de los oligarcas de cualquier color, se llame a la solidaridad y al patriotismo cuando los intereses son realmente oscuros.

Uno llega a preguntarse cómo es posible que ante la caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética lejos de buscar la Unión Europea un acercamiento a Rusia y tratarla como un país europeo y un posible aliado se buscó su cerco y aislamiento instigado desde los EEUU. 

Ucrania es realmente un país ficticio de enorme extensión cuya parte occidental y oriental tienen relativamente poco que ver. No sólo en el aspecto geográfico con los Cárpatos por el oeste y las llanuras de la cuenca del Dniéper en el este, sino por el devenir histórico de las dos partes del país y de sus actuales poblaciones residentes en cada territorio.

Debemos distinguir y seguir dos líneas que confluyen y que nos conducen a la definitiva invasión del actual territorio ucraniano tal como lo conocemos.

Hagamos algo de memoria y remontémonos a 1991 momento en el que la Unión Soviética se disolvió sin que nadie supiese preverlo. El secretario general del Partido Comunista, Mijaíl Gorbachov había intentado reformas sobre el régimen desde 1985, definidas por dos palabras claves: glásnost (apertura, transparencia) y perestroika (reestructuración), lo cual puso en marcha unos cambios políticos que chocaron contra las viejas estructuras del partido. En agosto de ese año un grupo de golpistas intentó derrocar a Gorbachov y tomar el poder para evitar la descomposición de la Unión Soviética.

Recordemos que la función para la que había sido creada la OTAN fue la de disuadir a la URSS y al Pacto de Varsovia de cualquier propósito de ataque sobre Europa Occidental. El nuevo concepto estratégico reafirmaría la importancia del principio de defensa colectiva pero orienta la Alianza hacia nuevos retos: la gestión de crisis, las misiones fuera de zona y las operaciones de mantenimiento de la paz.

Estrangulamiento a Rusia

Con la desaparición de la URSS, Rusia pierde el 30 por ciento de su territorio y el 40 por ciento de su riqueza nacional.

Antes de esa disolución y posteriormente a la misma, la OTAN con los EEUU a la cabeza, durante el contexto de reunificación alemana, para asegurar esta aprobación soviética de una Alemania unida en la OTAN, previamente, el 9 de febrero de 1990, se había acordado por parte del entonces secretario de Estado de Estados Unidos, James Baker, en visita al Presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov que la OTAN no se ampliaría a más países del Bloque del Este. Esta versión siempre fue mantenida por Gorbachov y fue confirmada por la desclasificación de documentos tanto americanos como soviéticos.

El objetivo de aquella reunión fue el de apaciguar a los soviéticos por la inclusión de una Alemania unificada en la órbita occidental. Gorbachov, de buena fe, llegó a proponer una estructura pan-europea de seguridad, que incluiría el ingreso de Rusia en la OTAN. Baker consideró con desdeño esta idea pan-europea como “un sueño” inalcanzable… ¡¿Por qué?!.

Baker y Kohl convencieron a Gorbachov de que una Alemania unificada entrase en la OTAN, aduciendo que sería mejor que una Alemania por libre, pero prometiendo que no habría expansiones al este. Baker aseguró y se comprometió con Gorbachov el 9 de febrero de 1990 a no extender las fronteras de sus aliados: «Entendemos la necesidad de garantías para los países del Este. Si tenemos presencia en una Alemania que es parte de la OTAN, no habría extensión de la jurisdicción de la OTAN para las fuerzas de la OTAN ni una pulgada hacia el este».

En esos términos precisos se le aseguró a Gorbachov cuando se produce la reunificación de Alemania con la caída del muro de Berlín (1990) garantizando que la OTAN no pasaría de Alemania, punto que le fue ratificado igualmente a Boris Yeltsin.

A pesar de las apariencias, Rusia no ha mostrado nunca el objetivo de invadir Ucrania sino de influir en ella y, sí, detener la expansión de la Alianza Atlántica hacia el Este, expansión que se viene produciendo sistemáticamente desde finales del siglo XX, con las sucesivas ampliaciones que acabamos de mencionar, primero en 1999 (Polonia, Hungría, República Checa), luego en 2004 (Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Lituania y Letonia), en 2009 (Albania y Croacia), 2017 (Montenegro) y 2020 (Macedonia del Norte).

Con esto llegamos al primer problema que ha sido y es la violación sistemática, como acabamos de ver, de esa promesa, que queda probada con esa ampliación de la OTAN en tres oleadas, un total de catorce países, territorios que habían estado integrados en la Unión Soviética, y que con ello el cerco físico a Rusia se fue estrechando.

Esta situación llega a una mayor efervescencia cuando se habla de que Ucrania va a entrar en la OTAN y va a tener armamento nuclear, estando ya en la frontera directa con Rusia, justo en su puerta.

Hagamos una parada para explicar por qué la escalada armamentística de los bloques en la carrera nuclear no ha ido a más y en sencillamente por el principio de «doble destrucción asegurada» reconociendo que cualquier potencia nuclear que lance un ataque sobre otra con los mismos medios se vería igualmente destruida por la reacción inmediata del contrario al tener tiempo de responder. Este equilibrio quedaría roto en el momento de que se emplazase armamento nuclear en las puertas de Rusia, es decir en territorio ucraniano, dejando sin efecto el principio de doble destrucción asegurada pues cualquier dispositivo nuclear asentado en Ucrania podría alcanzar Moscú o cualquier ciudad rusa europea en cuestión de minutos contados con los dedos de una mano.

De esta manera se abre la posibilidad de un ataque sobre Rusia que no le permitiría reaccionar y dar respuesta al ataque. Esta es una razón de peso por la que Rusia pedía la neutralidad de Ucrania, de la misma manera que EEUU no aceptaría la ubicación de misiles nucleares rusos en México, Cuba, Nicaragua o Venezuela, y la prueba es la reacción de EEUU en la conocida crisis de los misiles de 1961 en Cuba.

Crisis de los misiles de 1961 en Cuba

¿Por qué los medios de comunicación ocultan estas motivaciones?

En 1991 Ucrania tenía el tercer mayor arsenal nuclear heredado de la Unión Soviética. Por el Memorándum de Budapest sobre Garantías de Seguridad, un acuerdo político firmado el 5 de diciembre de 1994, se ofrecían garantías de seguridad por parte de sus signatarios con respecto a la adhesión de Ucrania al Tratado de No Proliferación Nuclear. El memorándum fue originalmente suscrito por Rusia, Estados Unidos y Reino Unido como potencias nucleares. De esta manera Ucrania traspasó a Rusia 5.000 bombas nucleares y 220 vehículos de largo alcance necesarios para usarlas, incluyendo 176 misiles balísticos intercontinentales y 44 aviones bombarderos de gran alcance con capacidad nuclear.

El memorándum incluía garantías de seguridad frente a las amenazas o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania, así como la de Bielorrusia y Kazajistán. Como resultado, Ucrania cedió o más bien devolvió el tercer arsenal de armas nucleares del mundo entre 1994 y 1996.

Acercándonos a la actualidad, recordemos que en 2014 en Ucrania se produce un golpe de estado, conocido como Euromaidán, desarrollado entre el 21 de noviembre de 2013 y su culminación el 23 de febrero de 2014. No es casual la responsabilidad en este golpe de estado del oligarca George Soros y la administración Obama para derrocar al presidente electo democráticamente Viktor Yanukovich, gobernador del óblast de Donetsk entre 1997 y 2002.

Tras derribar al presidente y para sustituirlo pusieron en su lugar a un nacionalista ucraniano, como sabemos toda la maniobra se disfrazó, con la complicidad de la prensa occidental, como una respuesta a un supuesto malestar social como pudimos ver ante las cámaras de toda Europa. La situación de golpe de estado fue tan clara y evidente que Francia y Alemania conjuntamente con Rusia intervinieron para dar garantías a Yanukovich de que no le iban a derribar y de que iba a acabar su mandato electoral hasta las nuevas elecciones.

Conocido este apoyo europeo, el embajador norteamericano en Kiev, Geoffrey Pyatt, pide instrucciones a su gobierno en Washington, pues parecía que el intento de derrocamiento que querían Soros, Obama y Clinton, no iba a prosperar.

Victoria Nuland, secretaria de Estado adjunta para asuntos europeos de EEUU, hace referencia durante la conocida conversación telefónica a que la ONU podría nombrar en los próximos días a un nuevo enviado especial para Ucrania y que esto ayudaría a impulsar el final de la crisis ante la supuesta inacción de la UE y que no se podría derrocar a Yanukovich… «Y ya sabes, ¡que se joda la UE!», afirmó la secretaria… «¡Exactamente!», contestó el embajador.

Un portavoz del Gobierno alemán señaló seguidamente que la canciller Merkel consideraba «totalmente inaceptable» el comentario de Nuland. Está clara la interferencia norteamericana en los asuntos ucranianos exclusivamente por sus intereses geoestratégicos y ello nos ayuda a comprender el golpe de estado de 2014 en Ucrania.

Pasadas 24 horas del ofrecimiento europeo de garantías a Yanukovich.

El golpe sigue adelante, lo derriban y los nacionalistas ucranianos toman el poder. Crimea decide separarse de Ucrania y el 27 de marzo de 2014, en respuesta a la crisis de Crimea, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 68/262 (llamada de Integridad territorial de Ucrania), logrando la firma de cien países ignorantes de la realidad ucraniana para afirmar el compromiso de las Naciones Unidas para reconocer a Crimea como parte de Ucrania, rechazando el referéndum sobre el estatus político, ignorando la cesión gratuita que se había hecho de este territorio ruso durante la URSS.

Tras la recuperación del territorio ruso de Crimea por parte de Rusia, Estados Unidos declaró aquella situación como una violación de sus obligaciones para con Ucrania en el contexto del Memorándum de Budapest, y una clara violación de la soberanía y la integridad territorial de Ucrania.

Es en ese momento con la llegada de los ultranacionalistas ucranianos al poder, tal como mencionamos más adelante en esta secuencia temporal, cuando las regiones sin nacionalismo ucraniano de Dombás o Donbass, Donetsk (RPD) y Lugansk (RPL), deciden su separación continuando desde ese momento un acoso, bombardeo, ataque indiscriminado a civiles, sembrado de los campos de cultivo con minas contra personal, etc, que duró ocho años, ya sea bajo el gobierno del empresario Petró Poroshenko (2014-20 de mayo de 2019) y su relevo el actor Volodímir Zelenski estrella de la serie de televisión Servidor del Pueblo, nombre del partido político creado en 2018 por su productora de televisión en marzo de 2018, en la que interpreta el papel de presidente de Ucrania. Zelenski apoyó el movimiento Euromaidán entre 2013 y 2014 y durante la guerra en el Donbass apoyó activamente a las fuerzas uniformadas actuantes en la región como el tristemente conocido batallón Azov de ultranacionalistas ucranianos.

Nueva Rusia

Todo este territorio se conocía como Nueva Rusia, también llamada Novorrusia, nombre histórico de un territorio del Imperio ruso surgido tras la conquista por Rusia en 1774 del Kanato de Crimea, uno de las regiones sucesoras del Imperio mongol de la Horda de Oro, tras las guerras ruso-turcas.

Los bombardeos apoyados por Zelenski sobre todo el territorio de Donbass han sido la causa de más de 14.000 muertos inocentes en su mayoría civiles de los que ni la BBC, CNN ni ninguna otra cadena del conocido como ‘mundo libre’ se hizo eco en ningún momento

En 2015, en un intento de evitar las matanzas que venían perpetrando las fuerzas nacionalistas ucranianas en la región, se firmaron unos acuerdos con cobertura internacional, los tan esgrimidos Acuerdos de Minsk, en los que el gobierno ucraniano se comprometía a dejar de bombardear estos territorios permitiendo el uso de su lengua materna, el ruso, en la educación pues habían impuesto el ucraniano.

Estos acuerdos según la OSCE, Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, y han sido denunciados por haber sido violados en más de 11.000 ocasiones.

EEUU pone en marcha sus terminales para crear un frente común contra Rusia en favor del más que corrupto gobierno ucraniano, o al menos alejado de los parámetros europeos, dirigido por Zelenski conocido como expropiador de sus oponentes, por el cierre de cadenas de televisión, o el encarcelamiento domiciliario del jefe de la oposición, Víktor Medvedchuk.

Zelenski se halla en la coyuntura de ver qué hace, si pacta con Rusia y cumple los acuerdos de Minsk o prosigue con los bombardeos, hasta que finalmente creyendo que va a ser apoyado por Europa opta por esta segunda opción, momento en el que Donetsk y Lugansk se declaran independientes, como única solución extrema de supervivencia solicitando su entrada en la Federación Rusa que acepta la independencia de esos territorios, y es por lo que Putin reúne al Consejo de Estado y decide la más que anunciada y provocada intervención armada en la que Ucrania, como acabamos de decir, Zelenski pensaba que iba a recibir el apoyo unánime y cerrado de Europa y los EEUU metiéndose ambos en la guerra contra Rusia.

Putin anuncia su entrada, no una invasión y ocupación de todo el territorio ucraniano sino para liberar las zonas sacudidas por la guerra para atrapar a los culpables de los desmanes y ‘desnacificar’ el territorio y con el propósito de evitar la entrada en la OTAN de Ucrania, buscando su neutralidad, y menos permitiendo la posible ubicación de armamento nuclear en esta región.

Distribución lingüística en Ucrania

Es cuando los nacionalistas ucranianos se ponen en marcha para dibujar un país a su imagen y semejanza, pues no debemos de olvidar que Ucrania en un país artificial, y no solamente en la zona oriental y demás territorios rusófonos sino también en los lugares con minorías como polacos, moldavos, rumanos o húngaros muy maltratados.

La prueba del ese maltrato respecto a los húngaros fue que el presidente Orban se negó a participar del circo no mandando apoyo militar ni humanitario a través de su territorio hacia Ucrania.

En julio de 2021 el presidente y humorista ucraniano, Vladímir Zelenski, suscribió la ley que denominó «De los pueblos autóctonos de Ucrania», en que no hay mención del pueblo ruso y considerando como autóctono exclusivamente al pueblo ucraniano y alguna minoría folklórica que mencionamos más adelante. La Rada Suprema, el parlamento de Ucrania, aprobó la ley el 1 de julio.

El proyecto de ley que presentó Zelenski, marcándolo como impostergable, define los derechos de los pueblos autóctonos así como los métodos para su cumplimiento y desarrollo.

Lógicamente el presidente de Rusia, Vladímir Putin, declaró que la idea de dividir a los pueblos en autóctonos y no autóctonos conduce a recordar la teoría y la práctica de la Alemania nazi. En ese mismo sentido se sintieron amenazadas las minorías moldava, rumana, húngara, polaca y bielorrusa.

La ley proclama como pueblo autóctono de Ucrania a una comunidad étnica formada en el territorio de Ucrania, portadora de una lengua y una cultura genuinas, que tiene órganos sociales, culturales o representativas, se percibe a sí misma como pueblo autóctono de Ucrania, compone una minoría étnica dentro de la población de Ucrania y no tiene su propia entidad estatal fuera de Ucrania. De esta forma erradica y convierte en parias a rusos y demás pueblos de Ucrania que no son de cultura ucraniana.

La ley define como pueblos autóctonos, en particular, a los que se formaron en el territorio de Crimea: los tártaros de Crimea, los caraítas y los krimchaks.

La ley afirma que «Los pueblos autóctonos de Ucrania, de acuerdo con la Constitución y las leyes del país, tienen el derecho a conservar y fortalecer sus propias instituciones políticas, jurídicas, sociales y culturales, manteniendo la participación en la vida económica, social y cultural de Ucrania», hecho del que ya se venía privando en las zonas rusófonas solo que ahora se haría por ley.

A los pueblos autóctonos de Ucrania se les garantiza el derecho a crear sus centros docentes, recibir enseñanza en su lengua natal e instituir sus medios de comunicación. También se señala que el Estado se compromete a garantizarles la protección contra los actos de genocidio y otros actos de coerción y violencia.

Hay que reseñar que el pasado 14 de octubre de 2018, la Iglesia Ortodoxa de Ucrania anunció su separación del Patriarcado de Moscú. Este acontecimiento, junto con las leyes que proclaman el ucraniano como único idioma oficial y las que erradican la memoria común, forma parte del proceso de ucranización que comenzó en 2014, y se aceleró tras la reacción rusa con la recuperación rusa de Crimea y la guerra de Donbass. La ucranización pretende crear una identidad nacional por la fuerza, lo que aleja a Ucrania de la construcción de un modelo de sociedad abierta, libre y democrática que fue el principal objetivo de la revolución de Maidán.

Comic

Para cualquier observador queda patente que esta ley en cuestión discrimina a millones de rusos y viola los acuerdos internacionales sobre lenguas y cultura.

En realidad hoy Ucrania no es más que la herencia de un país inventado por el Soviet que en su configuración actual perteneció a distintos reinos e imperios.

Sobre Crimea recordar que Rusia tenía firmado un contrato de arrendamiento con Ucrania hasta 2042 para tener su único puerto militar en el Mar Negro en Crimea, una península que hasta 1954 había sido siempre territorio ruso pero que el mandatario comunista Nikita Kruschev regaló graciosamente a Ucrania durante una parte de la Guerra Fría. Recordemos que la mayoría de los habitantes de la Crimea son de ascendencia rusa y la península es también el lugar de vacaciones para más de un millón de visitantes rusos al año, para hacernos una idea más que el número de visitantes de norteamericanos de EE.UU. y Canadá a Cancún.

En enero de 2022, El jefe de la Armada alemana, el vicealmirante Kay-Achim Schömbach, señaló que hay que dar al líder ruso Vladimir Putin “el respeto que se merece”, afirmó que era un «sinsentido» pensar que Rusia pretendiera invadir Ucrania, que la postura de Putin merecía «respeto» y que hay que admitir que «la península de Crimea nunca volverá a Ucrania».

En esta guerra, a parte de las víctimas mortales por ambos bandos, hay una gran perdedora y no es otra que el títere de la Unión Europea, esa piscina de pijo-progres que tiene por socorrista a los EEUU.

De momento la locomotora europea que es Alemania ha entrado en recesión y se augura la quiebra de varios países europeos, y entre ellos está España como primero de la lista.

Como ganadores del conflicto, tenemos un tridente en el que tres victoriosos ocupan el podio sin mancharse las manos de sangre… directamente. En primer lugar están los grandes vendedores del comercio de armas y lo vemos, por ejemplo, en el gasto alemán previsto en Defensa para los dos próximos años consistente en la astronómica cantidad de 100.000 millones de euros para adquisición de armamento.

Y como no podemos olvidar que se trata de una guerra energética, en este sentido se encuentra entre los vencedores, la amalgama de las energéticas norteamericanas, EEUU y Canadá, considerando que el gas norteamericano cuesta un 40 por ciento más caro que el proveniente de Rusia. Y mientras, en España se echan balones fuera desde hace años, seguimos sin dar el paso para retomar y desarrollar la energía nuclear como fuente de suministro limpio y además baratísimo.

Y así llegamos al otro gran vencedor que no es otro que la Agenda Globalista, dado que Rusia en la cabeza visible de la oposición frontal a este proyecto de ingeniería social en el que se está anestesiando a Europa con el consiguiente recorte de libertades y el ataque a la soberanía de las naciones y a la familia, en ese conocido eslogan de ‘no tendrás nada y serás feliz’ lanzado desde Davos que nos programa para un mundo diseñado por las élites globales para 2030.

Y haciéndose con el mango del tridente se encuentra el omnímodo victorioso que no es otro que China, que se erigirá como primera potencia mundial, pues con el debilitamiento de los EEUU perdiendo el liderazgo mundial y al haber expulsado a Rusia de Europa se ha alejado la posibilidad de un gran poder occidental que habría cubierto el hemisferio norte, de haber existido voluntad de modelarlo, y se extendería desde Canadá a Vladivostok, apoyado en el hemisferio sur en Brasil, Sudáfrica y Australia.

China, un país comunista donde no existen ni derechos laborales o sindicales, donde no hay problema con energías verdes, ecologismo ni cosa parecida, está encantada de que el débil pelele de la UE, que se ha desentendido de su Industria entregándosela comodonamente, que la OTAN haya empujado a Rusia a sus brazos y de que EEUU se haya convertido el fiel creyente de la Agenda Globalista, que señala la pérdida de la hegemonía norteamericana para el final de esta década. Esa hegemonía la venía ejerciendo los EEUU desde 1991 a partir del colapso de la URSS quedando como única superpotencia, que ha sido incapaz de aprovechar con auténtica visión estos treinta años transcurridos para reforzar y desarrollar su hegemonía, asociándose, acercando y aglutinando en Occidente a quien había sido su enemigo, antes URSS, ahora Rusia.

Mientras seguimos mirando a Ucrania y vemos el sufrimiento del pueblo que habita territorio ucraniano desde Donetsk a Transnitria y desde Kiev a Odessa, que recibe la solidaridad de las familias europeas y no se pone fin al conflicto, son exclusivamente las puntas de ese tridente, industria armamentística, energéticas y agenda global, y la mano victoriosa de China, los que se benefician de este conflicto. Ante todo esto he de decir lo repugnante que me resulta cuando se manosean términos como patriotismo o solidaridad de una forma tan frívola al servicio de intereses tan torticeros.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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