La complacencia con el Gobierno. Por Amando de Miguel

La complacencia con el Gobierno. Ilustración de Linda Galmor

«Se podría pensar que ese efecto de la complacencia con el Gobierno (después de todo, socialista) se produce más en las llamadas clases trabajadoras»

La percepción colectiva es un mecanismo psicológico que se aplica en múltiples ocasiones. La más general es que “vemos lo que, previamente, queremos ver o nos interesa que así sea”. El error de percepción lo asumimos con gusto porque la tranquilidad es lo que priva. En el caso de la vida política actual, es fácil colegir que, si uno despliega el espíritu crítico, verá que la realidad le da la razón. Empero, el sesgo contrario es el que se halla mucho más extendido en la población.

Un Gobierno como el español actual contiene trazas autoritarias por gusto o por azar. Acabo de oír a un gerifalte ecologista: “No es que haya sequía, sino que consumimos mucha agua”. O también, la última medida ecologista: colocar videocámaras en los mataderos para observar si los animales sufren. Por si fuera poco, en los casos de violencia doméstica, chitón si se ejerce contra mujeres inmigrantes. Parecen tonterías, pero, una mayoría de españoles del común se identifica con la ideología dizque progresista de los gobernantes. Por ejemplo, admiten todas las subidas de los impuestos con el argumento de que, así, se atiende mejor el Estado del Bienestar. Realmente, es el bienestar del Estado. Incluso, el vecindario no politizado reconoce que la subida de los salarios o las pensiones está bien que vaya por debajo del alza de los precios, para, así, controlar la inflación. Es un donoso argumento, que se ha utilizado, con éxito, tanto por el franquismo como en la democracia.

Se podría pensar que ese efecto de la complacencia con el Gobierno (después de todo, socialista) se produce más en las llamadas clases trabajadoras, quizá, por ignorancia que por otra cosa. Nada de eso. Se trata, más bien, de una reacción de ciertos estratos del censo bastante instruidos y, cómodamente instalados. No hay disonancia en tal identificación. Los miembros del Gobierno y la inmensa camarilla de “asesores” o similares se extrae de las clases acomodadas, más funcionariales que empresariales. Lo curioso es que esa misma correspondencia se da en la hueste de los dirigentes del PP. Por tanto, no estamos ante una extravagancia de la clase política, si se puede decir así, pues se trata de un término fascista.

La conclusión de este diagnóstico es que, haga lo que haga el Gobierno, siempre, tendrá una gran masa de eventuales votantes. Con unas migajas de propaganda y repartiendo ayudas, subvenciones, descuentos, bonos, y demás arbitrios y arbitrariedades, el Gobierno tiene asegurada su continuidad en los próximos comicios. La clave está en que se acepte la sistemática subida de los impuestos. Eso es lo que da poder. Lo que digan las encuestas es lo de menos.

Claro que el aguante de los españoles ante los desmanes del Gobierno tiene su límite. Dicho de otra forma, el Gobierno no pierde legitimidad, pero, se desmorona por falta de eficiencia. Resulta sarcástico que el presidente del Gobierno, por primera vez en la historia de la España contemporánea, sea doctor en Economía. Bien podría haberlo sido en Física cuántica. El resultado habría sido el mismo; la incompetencia ante la hecatombe económica que se nos echa encima. No quiero pensar que podamos volver a las cartillas de racionamiento (ahora, digitales), a los cortes diarios de agua y electricidad, pero en la historia casi todo se repite. No todo es progreso lineal. La población española asistirá a la penosa comprobación de que habrá menos nacimientos que óbitos, menos niños que mascotas, más inmigrantes ilegales que legales.

Amando de Miguel para Libertad Digital.

Amando de Miguel

Este que ves aquí, tan circunspecto, es Amando de Miguel, español, octogenario, sociólogo y escritor, aproximadamente en ese orden. He publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. He dado cientos de conferencias. He profesado en varias universidades españolas y norteamericanas. He colaborado en todo tipo de medios de comunicación. Y me considero ideológicamente independiente, y así me va. Mis gustos: escribir y leer, música clásica, chocolate con churros. Mis rechazos: la ideología de género, los grafitis, los nacionalismos, la música como ruidos y gritos (hoy prevalente).

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