Las cuestiones de Estado conciernen al Estado y a sus representantes como son el Rey y todo el arco parlamentario y no solo al presidente del gobierno.
Cuestión de estado: El problema de España se llama Pedro Sánchez. Por Jorge Hernández Mollar

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Las cuestiones de Estado conciernen al Estado y a sus representantes como son el Rey y todo el arco parlamentario y no solo al presidente del gobierno.

El catalufismo y su zurullo todavía están escocidos por los cantos del himno de España a la selección de fútbol y se vengarán en los colegios.

De un tiempo a esta parte, lo que priva en Europa es la trayectoria menguante respecto a su influencia en el mundo, otrora magnífica.

Se encuentra pero no se ve en la Piazza della Scala en Milán su título “Buda en contemplación”. El autor Salvatore Garau.

En una mísera pandemia y una terrible cuarentena en la que el autor nos muestra la historia de varios personajes, ajenos entre sí.

Alguien me preguntaba estos días cómo veo yo este asunto de la guerra ruso-ucraniana. Pensé de inmediato en una guerra entre hermanos.

Isla es el nuevo mote de Sánchez en Bruselas. Menudo pollo montó para hacer que hace algo para bajar el precio de la energía sin bajar impuestos.

Lo cierto es que dejaron en la estacada a esos dos titanes del sindicalismo español más conocidos por sus andanzas que por sus logros.

Ese enano gordinflas, el monstruito norcoreano Kim Jong, cada día más tontín, probó un nuevo pedazo de misil con el que pulverizar podría a todo dios.

Sánchez consigue que España y Portugal sean isla energética para modificar el modelo de precios de la energía. O sea nada.

Tranquilos, que no voy a hablar de campo. Creo que no merece la pena seguir insistiendo en lo mismo uno y otro día. Acabaremos comiendo alimentos sintéticos.

Los calzoncillos y los terroristas suicidas en los trenes le perseguirán siempre, aunque no tenga usted ni escrúpulos, ni vergüenza-

Los aplausos a los huelguistas significan que la calle se hace cargo que este gobierno socialcomunista, divide a los ciudadanos.

El reino de la política se convierte en una sutil forma de espectáculo. Obsérvese que las acciones políticas se convierten, por ello, en actuaciones.