La tumba. Por Gallego Rey

La tumba. Fotografía de wenzlerdesign. Pixabay

«Me gustaría decir unas últimas palabras. El lugar donde voy a morir no es feo del todo. Creo que ya no tiene sentido seguir cavando…»

Cavo. Me limito a cavar. Me duelen las manos, el cuerpo y la cabeza. La tierra está dura y no es fácil arrebatarle lo suyo. Sé que cuando lo crean conveniente, cuando quepa dentro de la tumba que estoy cavando, me pegarán un tiro y enterrarán en ella. 

Me gustaría poder cavar más lentamente, fumar un cigarrillo y contemplar el cielo cubierto de nubes, pero no me dejan desviarme del objetivo de cavar. Quizás debería negarme a seguir cavando, y al menos así obligarlos a manchar los uniformes y las manos haciéndoles terminar el trabajo, pero siempre he sido un hombre inclinado a la cobardía. 

Ellos son tres y están bien armados. Yo estoy solo y ni siquiera sabría usar la pala de otro modo que para cavar. Quizás otro hombre, con más vigor y apego a la vida lo intentase y consiguiese al menos llevarse por delante a uno de ellos. No los conozco. Ellos a mí, tampoco. Supongo que la guerra consiste en estas cosas; que unos caven sus propias tumbas y otros se encarguen de que ninguna quede vacía. Yo no he matado a nadie, sin embargo. Yo solo he enseñado a leer y a escribir. La tumba, o sea, mi tumba, ya tiene forma de tumba. Quepo dentro. Me gustaría fumar un cigarrillo y mirar al cielo cubierto de nubes. Me gustaría decir unas últimas palabras. El lugar donde voy a morir no es feo del todo. Creo que ya no tiene sentido seguir cavando…

 

En este enlace puede escuchar la narración en forma de audio libro.

Gallego Rey

Mis pensamientos son tan fugaces que, a veces, me siento como un pez que sobrevive nadando sin rumbo, siempre a contracorriente. Lo sé porque avanzar me resulta difícil, y porque la memoria de este mundo es tan voluble que, para cuando termine de escribir esto, lo que ahora es cierto quizá ya no lo sea. Por eso guardo muchas de las ideas que cruzan por mi mente, como señales indelebles en el tiempo, con la esperanza de trazar un mapa que dé sentido a esta insensatez de mostrar al mundo mi propia insignificancia.

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