El Gran Mongol. Por Diego Pardos 

El Gran Mongol. Portada del ejemplar número 21 de la revista satírica Mongolia

«Demos gracias al Gran Mongol por sacarnos de la oscuridad y de la España en blanco y negro que representa nuestra Semana Santa»

 Me lleva de la mano (es un decir) mi a veces admirada Ana Iris Simón para escribir esta columna en plena Semana Santa. Son los días de celebración más importantes para un católico (y habrá quien me corrija si no es cierto) que se tenga por tal, incluso para quien desde el descrédito o la tibieza admire las manifestaciones culturales y de fe que se producen en torno a la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. No sé si pasado mañana pasaremos a ser cristianos ortodoxos (como pregona el periodista Eduardo García Serrano hartico ya de los obispos con el asunto de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos). Pero en el mientras tanto uno va cumpliendo años y semanasantas, e incluso en el posible caso de abrazar en un futuro la fe ortodoxa seguirán siendo estos días de la Pascua el cénit de la emoción religiosa y artística. Compositores, escultores, imagineros, pintores, sastres… y la Obertura de La Gran Pascua Rusa de Rimsky Korsakov. 

 

Ana Iris publica en su tuiter una cosa bien fea: una felicitación que desde la revista Mongolia se hace a Satán. Consiste en una serie de portadas de su siempre innovador periódico. Tienen en común la burla y la ofensa precisamente a la religión católica. Hay quien dice que con “otras” religiones (vamos, con el Islam) no se atreverían. Yo no lo sé, pero sospecho que la clave estriba en que no quieren hacerlo. Es como si usted le pide a Pablo Iglesias que sea valiente reconociendo la poca gracia de Otegui (o viceversa) y ambos se niegan porque en realidad se sienten atraídos irresistiblemente. O le solicite al señor presidente del Gobierno que felicite la Semana Santa a los españoles: no lo va a hacer, sencillamente porque no le da la gana. Así que me someteré a la obediencia del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla para veranear en Biarritz y evitar de paso que se burlen de mis creencias. 

 

Total, que me he visto obligado a curiosear algo por internet (todo sea por los lectores de La Paseata) y descubro que la revista Mongolia recibe ayudas del Ministerio de Cultura. Es decir, que a cambio de las ofensas a sus sentimientos religiosos, gran parte de los contribuyentes españoles han de rascarse el bolsillo alegremente sin recibir un triste ejemplar. El ministro subvencionador es Ernesto Urtasun, miembro del partido comunista Catalunya en Comú, que estoy seguro que habrá seguido en esto la senda de sus antecesores. Todo es poco para alimentar la independencia y la labor de la prensa libre. En aquellos tiempos añorados en los que yo acudía catorcenalmente a la papelería para comprar La Gallina Ilustrada, tuve que soportar la visión fugaz de la vecina Mongolia, que era como lindar pared con pared con una cheka. Leí, por curiosidad y aburrimiento en la adolescencia de mi Colegio Menor la revista El Jueves, otra lectura para milicianos (y hoy día para milicianos y milicianas, por no hablar de milicianes) que también comparte la delicadeza y la inteligencia de la premiada publicación hermana. 

 

Hemos de traer la reflexión a estas páginas y felicitarnos por el éxito de estos rotativos satíricos, abanderados de la libertad de expresión, ejemplo de buen gusto y espejo donde mirarse. Mientras siga editándose Mongolia, España tendrá en jaque al fascismo. Si El Jueves continúa en pie, se seguirá combatiendo a la reacción desde sus páginas: a los fachas, a los curas y a las monjas, a los políticos generalmente de derechas; se defenderá la proclamación de las decenas de géneros afectivo-sexuales y en especial a la mujer, y el claro cuerpo de ésta no será utilizado ni entregado su dibujo para deleite de los lectores más cochinos. Puede que incluso la red de los Paradores de Turismo haga una suscripción masiva para apoyar tan necesaria cultura. Porque hemos de tener una cosa en cuenta (y dar de paso gracias a Satán): los tiempos oscuros donde campaban a sus anchas esas publicaciones infectadas por la extrema derecha animalista (La Codorniz, Hermano Lobo, La Gallina..) ya pasaron. Ahora por fin existe el delito de odio (derogado o a punto de hacerlo, supongo, el delito de ofensas a la religión), y castiga aquellas manifestaciones ultras que, so pretexto del humor, pretenden instaurar de nuevo la dictadura franquista. Hoy en día, a nadie se le ocurre editar esa revista -portavocía del “búnker”- que se llamó para mayor sarcasmo Goma-4, con total descaro, mostrando a las bravas su carácter violento y donde dibujaban intolerantes antidemócratas como Salas o Summers. (Digo yo que era Goma-4 porque la goma-dos ya estaba patentada por la Eta y el Grapo.) De modo que esperamos que nadie tenga la tentación de resucitar estas apolilladas rotativas. 

 

Disfrutemos entretanto del magnífico humor que se confecciona en este país y demos gracias al Gran Mongol por sacarnos de la oscuridad y de la España en blanco y negro que representa nuestra Semana Santa. Celebremos asimismo esas portadas feministas con la señora Díaz Ayuso a punto de pegarse un tiro en la cabeza (que provocaría la envidia de sus antiguos colegas del Egin). Y por favor, ya está bien de lanzar discursos de odio con eso del “me gusta la fruta”. Porque como todo el mundo sabe y se comprueba a diario, no está hecho el fruterío para la boca del progre. 

 

 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

Artículos recomendados

Deja un comentario