
«Màrius Carol, tío, ‘soberanista eminencia’, este legendario odio a España a tal punto os ciega. Nunca odio alguno trajo al mundo cosas buenas»
(a)
Màrius Carol, quien fuera por mucho tiempo
director del actual engendro de La Vanguardia,
todo lleva a pensar que, en este momento,
está, el pobre, pasando por sus horas más bajas.
Lean lo que dice del presidente del Gobierno,
en vez de llamarle directamente MACARRA:
(b)
«No resulta fácil arrinconar a Sánchez:
se escabulle, el tío, como una anguila
y devuelve los golpes como un canguro».
Y sentencia, acto seguido, sin el menor apuro:
«Y es que escasean los FINOS ESTILISTAS.»
(Las mayúsculas, obviamente, son mías.)
(c)
Vean, pues: este prohombre de las esencias soberanistas
mutado en una suerte de rastrera babosa
a la desesperada búsqueda de lisonjas
que ofrecerle a ‘El Padrino Monclovita’,
al que sin duda deberá muchos favores,
sea en forma de lechugas, chistorras
o estupendísimas subvenciones.
(d)
Y todo ello, ¿a cuenta de qué?, se preguntarán ustedes
En efecto: la comisión de investigación sobre el caso Koldo.
Según Carol, el PP no tiene nada claro
quién será el que se atreva, por así decir,
a ‘ponerle el lindo cascabel al gato.’
(e)
¡A Sánchez, nada menos! ¡El más hábil entre cien mil! ¡Pobres, incautos
‘ratones’: saldrán todos escaldados!
Y bien: no seré yo quien anticipe cómo acabará la cosa.
Y con todo, soy capaz de DEDUCIR, más aún que intuir,
cómo se irá sucediendo el magno ‘desaguisado’:
(f)
Nada podrá impedir -el ‘cum fraude’ es así-
que don Narciso, en su actuación, vaya de sobrado:
«Venga el PP en pleno contra mí,
que de ellos me desharé con cuatro buenos tortazos.»
Y que salga aparentemente indemne del mal trago
a nadie va a resultarle en demasía extraño:
(g)
a alguien de resiliencia tan bien pertrechado,
además de ser tan alto y tan sumamente guapo,
no le tumba sobre la lona cualquier pelagallos,
por más que sea un as repartiendo leñazos.
(Algo así es lo que ‘el genial Màrius’ habría pensado.)
(h)
¡Pero, ah: a don Narciso, ebrio de entusiasmo,
temo acabará por olvidársele algo, sin embargo:
no hay un solo tic, no queda un solo mohín
que no le conozcan ya todos los ciudadanos!

(i)
Y cada uno de sus gestos, sin siquiera él sospecharlo,
supondrá una pesada losa sobre cada vocablo
que se atreva a ir más allá de sus propios labios:
No le ‘condenará’ tanto lo que salga de su boca
-remede folios, lechugas o chistorras,
o sepa a pura miel de la flor del naranjo-,
(j)
cuanto su abominable chulería, su egotismo malsano;
sus aires y sus poses de pésimo farandulero,
de los que ha sido siempre siervo y esclavo
-como le acontece a todo aprendiz de diablo-.
Ello le condenará, sí, al más rotundo fracaso,
lo mismo frente al sobrio auditorio del Senado
(k)
que -a fin d cuentas- ante todos los ciudadanos.
A los Narcisos como él es siempre LA SOBERBIA
aquello que en verdad acaba por molerles a palos;
pues no hay gesto, no cabe mohín, en ellos,
que, d una u otra forma, no nos remita a ELLA.
Y, al cabo, en el pecado hallan la penitencia.

(l)
Màrius, tío, ‘soberanista eminencia’;
a ti te lo digo como a cualquiera de tu ralea:
Entristece constatar, con suma impotencia,
como, en menoscabo de vuestra propia inteligencia,
este legendario odio a España a tal punto os ciega.
Nunca odio alguno trajo al mundo cosas buenas.

