
«El dogma de la sanchísima sanchidad en la teología adorativa y palmera del partido sanchista, postula que hay un solo Pedro en tres personas distintas pero de la misma esencia corrupta»
La frase se refiere ni más ni menos que al dogma de la sanchísima sanchidad en la teología adorativa y palmera del partido sanchista, que postula que hay un solo Pedro en tres personas distintas pero de la misma esencia corrupta, Pedro el doctor falsario y sin vergüenza, el galgo de Paiporta, dechado y muestra de cobardía y don Teflón, el padre de la corrupción al que todo le resbala. Este concepto es el misterio y a su vez realidad central de la fe sanchista, que no socialista, donde se afirma la unidad en la esencia corrupta de esas personas y el desdoblamiento de personalidad de un psicópata paranoide en diferentes entidades anormales y paranormales. De alguna fuente parlamentaria se le ha definido equivocadamente como zombie pero es un craso error dado que un zombie, muestra sus deseos con claridad, no miente, no corre y no sonríe.
El día antes de esta sonada comparecencia hacía una llamada a la empatía hacia las víctimas, familiares y supervivientes de la gota fría de hace un año, cuando en aquel momento mientras el número de muertos iba ascendiendo prolongaron el pleno para convertir definitivamente TVE en Telepedro, cuando Marlasca rechazó los ofrecimientos de ayuda internacional, cuando vimos la sorpresa de bomberos franceses siendo los primeros en llegar y al galgo exclamar aquello de «si necesitan más recursos que los pidan… yo estoy bien… son las cinco y no he comido».
En realidad hemos sido testigos de la comparecencia ante la comisión de investigación del Senado de un auténtico psicópata de manual que ha cumplido con creces con las características y rasgos que le definen, con pruebas sobradas de un comportamiento superficialmente encantador, sonriente y aparentemente seguro de sí mismo, pero que oculta una absoluta falta de empatía, remordimiento y sentimiento de culpa. Hemos visto su tendencia permanente a manipular, mentir de forma elaborada con sus mensajes escritos y aprendidos, para desviar la atención sobre asuntos que no eran objeto de la comparecencia, hemos visto un intento de dominar el escenario y la conversación, sin mostrar emociones genuinas. En sus evasivas y tendencias discursivas que no venían a cuento se han contabilizado dieciocho «no me consta», once «no lo sé» y siete «no tengo constancia», seis «no recuerdo», cinco «desconozco», tres «no sabría decirle» y dos «no tengo conocimiento».
Hemos observado en su comunicación cómo incluía una mezcla de forzada elocuencia y una alegación de ignorancia, evasivas, inconcreciones y recurrencia al «no me consta», con unos cambios bruscos de tema recurriendo a ataques a Isabel Díaz Ayuso. También ha traído a colación al fenicio e inútil Pablo Casado cuando dijo «Le quitaron y pusieron al amigo del narco a dirigir el PP. Es que consejos vendo que para mí no tengo». En fin, un interés constante en sí mismo y en el ejercicio del control sobre el objeto de la comparecencia tratando de degradarla al definirla como «circo», «una institución al servicio del fango», «comparecencia de difamación», afirmando que «han convertido esta Cámara en un lodazal para el acoso y la vendetta», ha hablado en su alegato de «burda instrumentalización… con fines deleznables» y «han hecho del Senado una sucursal de la máquina del fango», degradando con ello y faltando el respeto al Senado como modelo totalitario al que aspira.
Como siempre Sánchez se ha presentado como un ser de luz, amigo y defensor de lo bueno, de la limpieza, la pulcritud, la honradez, las cuentas claras y el chocolate espeso, y enemigo frente a todo lo malo que significa la derecha y la ultraderecha corruptas, racistas, fascistas, enemigas del feminismo, de los emigrantes, de las minorías y de los derechos de los homosexuales y la retahíla LGTBIQ+JK… YZ.
Sánchez se ha mostrado una vez más como un valiente adalid del bien dando una prueba de sana rebeldía frente a la hidra de una oposición que representa la peligrosa crispación sin proyecto ni ideas, con un único objetivo de derribar a un hombre bueno predestinado a perpetuarse pues ha venido a salvarnos frente a la corrupción y que se reafirma en la resistencia: «No tiraré la toalla. Vamos a continuar… Yo soy un político limpio que lidera un partido ejemplar». Nos toma por gilipollas, nos mea en la cara mientras se coloca, exhibe, quita y pone su nuevo modelo Dior de gafas de mentir de cerca.
