
«Lo de pasearse con la bragueta abierta por doquier, como hace de vez en cuando un alto cargo del PSOE del cuál todo el mundo ya sabe el nombre, no va conmigo»
Está claro que no sirvo como macho dominante o guarro paseante asocial y provocador. Lo de pasearse con la bragueta abierta por doquier, como hace de vez en cuando un alto cargo del PSOE del cuál todo el mundo ya sabe el nombre, no va conmigo, me da vergüenza, y que conste que no desmerezco entre los que se cambian en los vestuarios de las piscinas. No he tenido muchas parejas, habrán sido diez o doce a lo largo de mi vida, pero ninguna ha presentado queja formal o informal, por el tamaño de mi “instrumento”. Claro que no todas ellas tuvieron la deferencia de asirlo provocativamente.
Lo que está claro es que lo de aquí te pillo, aquí te meto, no es lo normal en mi vida, aunque alguien haya dicho lo de “De esta vida sacarás lo que metas, nada más”. A mi ese dicho se me cumple, pero no sexualmente, sino económicamente. Vaya, que si meto en el banco cinco mil euros los puedo volver a sacar, aunque algo hayan menguado en valor. Para la generalidad de la gente, esto de los “meteres” y los “sacares”, sobre la marcha, no es lo normal, el sufrido sexo masculino, se lo tiene que trabajar duramente.
Solo para los caraduras o los Adonis, que los hay, es lo habitual. De hecho, solo lo es para una corta minoría, que debe tenerla larga, ja ja ja ja… Yo tuve un amigo, que hace años que no veo, al que nos pegábamos todos al entrar en un pub o discoteca, atraía hacia sí, las miradas de todas las mujeres como un imán y no por llevar el rabo fuera del pantalón, no le hacía falta. Imagino que, si hubiera ido con la bragueta abierta, a alguna le hubiera dado un soponcio con desmayo, que no un so Poncio Pilatos. Pero a muchas este hecho les habría parecido mal, incluso obsceno en grado máximo.
No entiendo, cómo algún macho humano puede creer que, con su rabito al aire, puede conquistar a alguna mujer, salvo que lo haga en una playa para nudistas. Allí sí, allí junto al mar soñé que se acercaba a mí, «ayer junto al mar, yo no sé que sentí», perdón creo que parte de esto es una canción de una película bastante famosa cuyo nombre ahora no recuerdo. Está claro que hacer humor con temas de sexo, solo es potestad de maestros del humor, como Woody Allen, que usa el complejo de inferioridad para obtener triunfos cinematográficos.
Y es por todo esto que he contado desde arriba hasta aquí, por lo que está claro que no sirvo como macho dominante o guarro paseante asocial y provocador. Lo de pasearse con la bragueta abierta por doquier, como hace de vez en cuando un alto cargo del PSOE del cuál todo el mundo ya sabe el nombre, no va conmigo, me da vergüenza, y que conste que no desmerezco entre los que se cambian en los vestuarios de las piscinas. No he tenido muchas parejas, habrán sido diez o doce a lo largo de mi vida, pero ninguna ha presentado queja formal o informal, por el tamaño de mi “instrumento”. Claro que no todas ellas tuvieron la deferencia de asirlo provocativamente. Lo que está claro es que lo de aquí te pillo, aquí te meto, no es lo normal en mi vida, aunque alguien haya dicho lo de “De esta vida sacarás lo que metas, nada más”.
