María Durán: Sin calcetines. Por Diego Pardos 

María Durán: Sin calcetines.

 Si hay una periodista en España con eterna querencia por visitar la cola del paro esa es la irreductible María Durán. Detesta dormir en calcetines y según le confesó a Gonzalo Altozano, ella y su hermana Mónica le susurraban “malo” a Cándido Conde-Pumpido (cuando era Fiscal General de Zapatero) en sus paseos adolescentes por Sangenjo. Con este y otros antecedentes no es de extrañar que no tenga el mínimo recato en dedicarle algún adjetivillo a usted mismo, lector de esta entrevista. 

  

-María Larisa Fiódorovna: al paso que vamos, ¿qué tal si abrazamos la Iglesia Ortodoxa Rusa? 

 

Me lo planteo a diario. Que yo siga siendo católica apostólica romana después de Bergoglio es la prueba fehaciente de que creemos en la religión verdadera: un MILAGRO. Pero aunque León XIV no me parece ni comparable, de repente hace cosas como autorizar un homenaje a un abortista o bendecir un «trozazo» de hielo y yo me llevo unos disgustos espantosos. Luego hablo con mi confesor, el Padre Manuel Navarro, y me mete en vereda. La verdad es que me peleo muchísimo con mi fe, pero creo que dudar, si luego uno llega a buenas conclusiones, está bien. Es estar “en vela”.   

 

-El cardenal Cobo y monseñor Argüello se van a llevar un buen disgusto. 

 

Espero, espero. Es que a alguno de estos señores hasta le parece bien que haya curas casando hombres entre ellos. A mí no. Pero en este caso, más que dejar de ser yo católica, creo que deberían hacerse ellos de la congregación de la obispa esta que regaña a Trump. 

 

-Durán y Gil-Casares. ¿De los Gil-Casares de toda la vida? 

 

De esos… porque no hay otros. El apellido lo unió mi bisabuelo Felipe, así que cualquiera que se apellide Gil-Casares, aunque no conozca a todos, es pariente mío. 

 

-¿Hay vida más allá de Chamberí? 

 

No. Acabo de vivir tres años fuera, y no. Me mudé a Puerta de Hierro, que es no precisamente para quejarse, pero el encanto de vivir en tu barrio de siempre, de pasear a diario por tus recuerdos y ver crecer a tus hijos donde antes lo hiciste tú es especial. Además de que la forma de vida, con mucha tienda de siempre, mucho bar, y ambiente todos los días del año, me encanta. Soy feliz una mañana de sábado haciendo mis recados, yendo a la ‘farmacia de Mar’, tomando un café en Kybey II y saludando mientras saco a la perra a las mismas personas que llevo viendo pasear perros 17 años.  

 

-Cuando eras pequeña, seguro que la liabas parda en clase. ¿Los chicos te tiraban de las trenzas? 

 

Al contrario, era timidísima y me portaba muy bien. Nunca me echaron de clase, por ejemplo. Los chicos no me tiraban de las trenzas porque tuve una época como de los 8 a los 12 años que me dio por llevar siempre diadema, y luego casi hasta que acabé el colegio coleta muy alta (porque tuve un noviete como a los 14 al que le gustaba).  

 

-Hablando de chicos: supongo que quieres igual a tus dos niños, pero… ¿si uno de ellos se hiciera colchonero como Martínez-Almeida? 

 

A los hijos se los quiere igual, cierto, pero según el rato uno te puede caer parcialmente mejor que el otro. Almeida tiene tantos defectos que casi lo de ser colchonero es lo de menos. Mientras ninguno de los niños sea del Barça lo podría soportar, aunque con disgusto.  

 

-Una periodista utiliza el instrumento de la pluma y el micrófono. Aun así, ¿es necesario usar tantas palabrotas, insultos y soeces? Ni que hubieras sido alumna de don Alfonso Guerra… 

 

Pues debo ser peor ‘escrita’ que ‘hablada’, luego en mi día a día no digo demasiadas palabrotas. Tampoco tenía la sensación de haber dicho tantas… 

 

-Pocas me parecen, en efecto. Yo estoy deseando que vuelvas a escribir columnas para pasar un buen rato. 

 

Me hace muchísima ilusión cada vez que alguien me lo dice, porque la opinión es lo que más me gusta del periodismo. Lo que pasa es que la decisión de que dejara de escribirlas en el periódico donde más hice no fue mía, sino del ex director que quería echarme como fuera por motivos personales y con, diremos, mentirijillas. Si volviera a escribirlas, la primera se la dedicaría a él, para hablar de cómo ha funcionado el karma en su caso.  

María Durán en directo.

-Hiciste las prácticas en Intereconomía. ¿Influyó en ello la prensa que se leía en tu casa y las emisoras de radio que escuchaban tus padres? ¿Hubieras aceptado hacerlas para el Grupo Prisa o Pedro J. Ramírez?  

 

En casa se leía el ABC, aunque más por las grapas que por la línea editorial, porque somos todo lo contrario a monárquicos. No sé si habría podido hacer las prácticas en otro sitio, pero Intereconomía nos encantaba, siendo menor de edad veía con mis padres y a veces con mi abuelo ‘El Gato al Agua’. Siempre estaré agradecidísima a Diego Martínez Perán, entonces director de Radio Intereconomía, de abrirme las puertas a ese mundo, porque me ha marcado muchísimo el carácter y la forma de entender la vida y el trabajo.  

 

OkDiarioThe ObjectiveLa Gaceta7NN, Herqles… ¿no te sabes estar quieta? 

 

Me cuesta. Pero ahora por fin y después de muchísimos años me vuelvo a encontrar laboralmente en mi sitio. César Vidal y el equipo me han hecho sentir en un año como si llevara una vida con ellos, y en Herqles además de trabajadora soy pequeña empresaria, y eso unido a que el director, César Pintado, es como familia, pues lo hace todo bastante maravilloso. 

 

-Podrías escribir algún articulito en el ¡Hola! o el Semana.  

 

Podría intentarlo, pero no me gustan nada las revistas de cotilleos. A mí sólo me puede interesar la vida de otros si es de personas muy guapas y muy elegantes como Naty Abascal, y casi no quedan.  

 

-También fuiste cronista charlamentaria en La Gallina Ilustrada. En el primer número Gonzalo Altozano le hizo una entrevista a Alfonso Ussía, que acaba de morir sin consultar a sus lectores. 

 

Y nos ha dado una pena profundísima… En una entrevista que me hizo Altozano a mí en 7NN (la de Conde-Pumpido que mencionaste) los dos contamos cómo quisimos hacernos periodistas leyendo a Alfonso Ussía. Más que estarle agradecidos deberíamos haber ido a pedirle explicaciones y responsabilidades, pero el caso es que se lo estamos. ‘La Gallina’ fue una cosa que recuerdo con mucho cariño, porque al frente estaba José Antonio Fúster, que además de muy gracioso es amigo. Cuando nos jubilemos todos tendremos que retomarla. 

 

-Lo tuyo con Federico Jiménez Losantos, ¿no será una historia de amor y desamor? Te ha llamado “nenita” en varias ocasiones. Yo creo que le da rabia no poder ficharte. 

 

No lo soporto. Le habría perdonado casi cualquier cosa, pero no que me acusara de ser del yunque, como un timador que todo el mundo sabe. 

En Herqles además de trabajadora soy pequeña empresaria.

-Si fueras más dócil y obediente seguro que seguirías escribiendo columnas de opinión y tendrías tu programa de radio. Incluso ganarías millones como la Inchaurrondo. Pero como no lo eres… 

 

Pues no lo sé. Yo pienso exactamente eso de periodistas con los que he trabajado como Javier Villamor, no de mí misma. Y si lo pensara no lo diría porque quedaría espantoso.  

 

-Retrocedamos en el tiempo veinte o veinticinco años. Seguro que tenías algún columnista favorito. ¿Se escribía mejor entonces? 

 

No creo, lo que pasa es que todos somos hijos de nuestro tiempo, y se escribe distinto. Puede que haya menor número de columnistas buenos, pero es que en general el español medio, desde que yo tengo recuerdo, no ha parado de degenerar. Mi primer columnista favorito fue Ussía, claro. Después de él, durante años el que más me hacía disfrutar era Gistau, y ahora Hughes. 

El gremio periodístico es un asco al que sólo supera la política.

-Háblame bien de colegas tuyos a los que no aguantes y mal de alguno que adores.  

 

Hay un periodista argentino por ahí que es -dice- el Tucker Carlson español, y una redactora de The Objective a la que ya no reconocería por la calle por lo cambiada que está desde que yo no la veo, que firma habitualmente muy buenas exclusivas. Adorar sólo adoro a cuatro, así que supongo que de una manera nada objetiva, no les veo defectos destacables.  

 

-El mundo de los medios de comunicación anda revuelto. ¿Ha traicionado el gran papel de la prensa invirtiendo ese deber de fiscalizar al poder? 

 

Sí. El gremio periodístico es un asco al que sólo supera la política. Cuando alguien que no me conoce me pregunta a qué me dedico, digo que soy florista.  

 

-Algo que me maravilla es la nula voluntad que tienen los periodistas de volver a preguntar a un político lo que no le da la gana responder. Y encima dando las gracias. 

 

Si alguien no repregunta a un político, es que de una forma u otra vive de ese político.  

 

-Si te para la víspera de Reyes la Policía Municipal de Madrid circulando con tu coche sin etiqueta ecológica y con una baliza falsa y te fríe a multas, ¿cuál será tu reacción? 

 

Lo que intento hacer con todas las multas que me manda Almeida: tratar de que prescriban sin que consiga cobrármelas.  

 

-Sobran libros y faltan lectores. ¿Me recomiendas uno? 

 

El que más me ha gustado este año es ‘Se acabó el recreo’, de Dario Ferrari. Y me divierten muchísimo los de Posteguillo sobre Julio César, figura que se nota que a él le encanta, y a mí en lo populista me hace encontrarle similitudes con Pedro Sánchez.   

 

-Hablando de libros, ¿no te da vergüenza no publicar ninguno? Mira que hasta el rey emérito se ha animado… 

 

Me da, porque Julio Llorente me encargó uno que dejé sin acabar por una depresioncilla tras una ruptura. Un desastre. 

 

-Femen, Futuro Vegetal, las batucadas feministas, ahora las “charos”. Son malos tiempos para la lírica. Y eso que tú eres un poco perroflauta 

 

De pinta bastante perroflauta. En nada más. Son malos tiempos en general para cualquier cosa. Ser contemporáneo de Irene Montero ya es en sí un drama. 

 

-César Vidal te da la bienvenida a La Voz todas las tardes pegando unos gritos tremendos para que presentes las noticias del día. Yo lo achaco a que está al otro lado del Atlántico… pero es que parece talmente Paco Martínez Soria en Tarazona llamando a su mujer… 

 

Qué risa me ha dado esto. Yo cuando me oigo también tengo sensación de haberle saludado a gritos. Espero que sea entusiasmo mutuo.  

 

Seremos libres es una canción de Julio Iglesias. María, ¿se puede ser libre? 

 

Casi del todo. Pero para eso hay que tener cierto punto kamikaze, y, siendo periodista, conlleva ser bastante pobre… 

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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