
«Hablar de “abusos” en el descubrimiento de América no es solo torpe, es tremendamente ignorante, además de malicioso, e implica asumir el relato negrolegendario de los enemigos de España»
Con gran dolor escribo estas líneas al sentir que si un símbolo nacional como es el Rey comete la torpeza de ir soltando simplezas para contentar a los enemigos de España significa que nos humilla a todos los españoles haciéndose pasar por felpudo del imaginario negrolegendario.
Alguien dijo una vez que un Rey debe saber por encima de todo Historia y que lo demás vendría por añadidura, idea comúnmente atribuida a Cervantes a través de su obra cumbre, Don Quijote de la Mancha. Aunque a menudo se parafrasea, la esencia de este pensamiento se encuentra en el diálogo de Don Quijote, quien subraya la importancia del conocimiento del pasado para el buen gobierno. La frase conecta con la idea de que la historia es maestra de la vida, «historia magistra vitae», y esencial para que un gobernante aprenda de los errores y aciertos pasados.
Ignoro la calidad académica de quien le escribió esa torpe manifestación, más oportunista, ignorante y cobarde que otra cosa.
Sigo creyendo en la Monarquía española desde nuestros reyes godos pasando por Isabel y Fernando, los Reyes Católicos e incluso a pesar de los infaustos y hez del mismo nombre Fernando VII e Isabel II. Mantengo que el Rey debe ser estandarte, representación y orgullo de nuestra Historia, está para eso exclusivamente.
Mientras cada país reivindica su propia historia, en nuestra España en saldo el propio Rey se muestra avergonzado de ella.
Hablar de “abusos” en el descubrimiento de América no es solo torpe, es tremendamente ignorante, además de malicioso, e implica asumir el relato negrolegendario de los enemigos de España, interiores y exteriores, además de blanquear y asumir la leyenda negra que llevan siglos difundiendo los enemigos de nuestra identidad.
España llevó la Fé por encima de todo, por Europa y por el mundo, llevó su lengua, se fundió en el mestizaje cultural y sanguíneo, fundó ciudades modernas, hospitales, universidades, conservatorios y colegios.
Su único cometido es conocerlo al dedillo, difundirlo y defenderlo, no avergonzarse y avergonzarnos y mucho menos pedir perdón por ello.
Los españoles han asumido la Leyenda Negra a pies juntillas como cierta y verdadera, cuando es completamente falsa. España nunca cometió atropellos desde sus instituciones en América y, de hecho, protegió a las minorías como negros e indígenas. Por algo los indios poblaban las filas realistas durante la emancipación a sabiendas de lo que se les venía encima.
Es evidente que a nuestra cultura hispánica le ha faltado siempre una publicidad y propaganda adecuada, dejando a un lado el patrioterismo hueco, pues lo que no se divulga es como si no existiera, es como si no se hiciera. El objetivo fijado desde el mundo anglosajón fue desde el principio la toma de América, ocultando la labor fundadora de ciudades, hospitales, centros educativos y universidades dejando de lado todo lo relativo a la Ciencia y a la Cultura que no fue menor.
Que hubo abusos, por supuesto, como en todas partes, pero para eso estuvieron las Leyes de Burgos y Valladolid, las Leyes de Indias y las Ordenanzas de Poblamiento, y las figuras de los juicios de residencia y del defensor del indio, algo que no tuvo ningún otro país europeo. Exploradores, virreyes, administradores… sufrieron durísimos juicios de residencia, algunos volvieron encadenados a España muriendo a la espera de juicio y otros antes de conocer su absolución. Figura legal, la del defensor del indio, anterior a la de defensor del pueblo de cualquier país occidental, y en cuanto a la del juicio de residencia ya la quisiéramos hoy para mejor higiene de nuestra clase política.
La diferencia fundamental entre la colonización española y la inglesa es que la soberanía de las Indias, como entonces se las llamaba, reposó siempre, en el caso español, en la Corona de España, muy al contrario de lo que ocurrió en la conquista inglesa, donde el ejercicio de la soberanía era delegado a las compañías creadas para la explotación de las tierras conquistadas. Es por esta razón, por ejemplo, por lo que la evangelización de San Francisco Javier no rindió los frutos esperados en la India y, en cambio, sí los rindió plenamente en las Filipinas, porque tras ella estaba el respaldo de un Estado cuyo propósito principal era éste y no solamente el comercial.
Una clara prueba de lo anterior se encuentra en estas dos observaciones: la conquista inglesa del Nuevo Mundo fue esencialmente costera e isleña, en tanto que la conquista española fue también “mediterránea”. Es decir, mientras los ingleses permanecían en los puertos, los españoles remontaban montañas, cruzaban selvas y se adentraban a fundar ciudades en sitios tan imposibles como inaccesibles.
La diferencia, estriba en que el Imperio Romano no tuvo una leyenda negra, a excepción de las simpáticas historietas de Asterix y Obelix, en cambio a lo que España se refiere, se trató de diezmar la legitimidad y grandeza incontestable del imperio español mediante la imprenta hasta que con la llegada de la emancipación, Inglaterra y otras potencias se apropiaron del mercado americano esclavizando a los pueblos indígenas a través de las cómodas élites criollas que lejos de usar la riqueza disponible y el rico capital humano y científico para convertir los virreinatos en superpotencias globales, optaron por la comodidad de venderse a esas potencias del nuevo colonialismo.
Todas las potencias europeas aspiraban a buscar y encontrar nuevos recursos de los que carecían en sus propias tierras, la diferencia es que unos aplicaron una política extractiva exclusivamente y otros intentaron establecer y crear unos principios de civilización tal como la entendían de una forma positiva para ellos y para los colonizados. Por ello en esas primeras centurias podemos afirmar que las regiones extrapeninsulares, con sus habitantes, que descubrió, exploró y pobló España no fueron colonias, en el sentido de factorías, sino una incorporación de hecho y de derecho a la propia España.
La nota distintiva más importante que diferencia la colonización española de la de otros países fue el debate por la justicia. La discusión pública y académica propiciada por la Corona acerca de la conducta de los primeros conquistadores y la justificación jurídica del hecho de la propia conquista marcó la diferencia con otros países europeos que no se lo plantearon. Como reiteramos y reiteraremos, ni nuestro país hermano Portugal, los estados alemanes, Inglaterra, Francia o las Provincias Unidas dieron muestra ni hicieron un esfuerzo parecido, ni tan continuo y apasionado para descubrir cuál debería ser el mejor trato y más justo que se debía dar a las poblaciones de su amplia jurisdicción americana. Tras la aparición de la imprenta se dejó plasmado cómo España desplegó su lucha por la Justicia mientras que otros la emplearon como herramienta para vituperarla fijándose exclusivamente en los cambios traumáticos ocurridos en el mundo indígena durante y después de la conquista, además el hecho de que los usuarios de la leyenda negra tengan que sacar continuamente a la palestra a Sepúlveda y Las Casas nos dan prueba de su inconsistencia.
Maeztu al hablar de la inconsciencia, ‘inconciencia’ de poner oídos sordos a las mentiras levantadas contra España y lo español nos dice que: «… El no enterarnos es inconciencia, y la inconciencia es una forma de muerte. Lo característico de la conciencia es la inquietud, la vigilancia constante, la perenne disposición a la defensa pues ser es defenderse. La inquietud no es un accidente del ser sino su esencia misma».
Hemos de poner de manifiesto que la misión general encargada por el Papa a la Monarquía Hispánica, reflejada en los dos inmensos tomos de Bularios custodiados en el Archivo General de Indias en Sevilla señalan el rasgo principal de lo que fue la colonización española. Las otras expansiones tuvieron un espíritu exclusivamente comercial al amparo de compañías privadas, exitosas agrupaciones de comerciantes, cuya inicial y cara inversión, que es la exploratoria, ya estaba prácticamente realizada por los españoles.
En todo caso en otras potencias fue menor su dominio espacial y en cambio no se preocuparon de analizar sus acciones y hacer examen de conciencia sobre su obra como sí hizo España y además no legislaron sino que dieron carta blanca a sus compañías comerciales para la extracción de recursos y establecer leyes a su gusto sobre tierras y gentes, a las que consideraban carentes de alma, y explotar la tierras obligando a practicar monocultivos extensivos generadores de hambrunas desconocidas hasta el momento, como ocurrió en la India o en Haití, actuando con ejércitos privados de esas compañías comerciales. España en cambio con el emperador Carlos el primer globalizador, frente a franceses, holandeses e ingleses, obtuvo diferentes logros, con un destacado avance legislativo, la preocupación por la Justicia para todos sus territorios y la representación pública mediante las diferentes instancias como el Cabildo, la Real Audiencia, el Consejo de Indias y el Rey, quedando sus cometidos y requisitos así como los de todos los funcionarios y oidores recogidos en las Leyes de Indias, algo sin parangón en el resto de países europeos poniendo de manifiesto la “misión general” encargada por el Papa a la Monarquía Hispánica.
En fin, es lamentable ver que nuestro Rey no tiene quien le escriba… los discursos, unos discursos llenos de defensa, consistencia y dignidad.
Lamentable.


Me ha encantado el artículo mi Coronel. Saber de historia es fundamental para hablar de ella. En tu caso no sólo demuestras que sabes mucho, si no que lo expresas de forma magistral. Un abrazo