
“La imagen de víctimas que algunas personas tienen de sí mismas es tan fuerte que se convierte en el núcleo central de su ego. El resentimiento y los agravios forman parte esencial de su sentido del yo”. (Eckhart Tolle).
Una de las cosas que peor llevo en la vida, más aun con el paso de los años, es que me hagan perder el tiempo gratuitamente. Es verdad que perder el tiempo es un concepto abstracto, porque lo que para alguien puede ser una pérdida de tiempo, para otro puede ser algo esencial, como leer una novela o pintar un soldadito de plomo. Yo, particularmente, soy muy capaz de emplear mi tiempo en cosas que otros podrían considerar vacías, pero eso lo considero usar el tiempo en aquello que a mí me satisface, en lo que yo quiero emplearlo.
Cosa muy diferente es gastar tiempo en algo que ni me satisface ni me aporta nada. Por eso, por respeto a su tiempo, voy a empezar este artículo por donde quería acabarlo, para que ustedes decidan si emplean tiempo en leerlo o lo destinan a algo más satisfactorio.
Maricarmen me cae mal.
Esta señora no me da ninguna pena ni me despierta respeto, más allá que cualquier otro ser humano que me cruzo por la calle. Esto, además de una declaración de intenciones, es una manifestación honesta de lo que yo pienso de esta mujer y su situación. Así que, si esperan un panegírico de la buena señora, aquí termina el artículo.
Si por otro lado, continúan leyendo, no considero que sea una seña inequívoca de que están de acuerdo conmigo, faltaría más. Pero, al menos, es su decisión. El autor se hace responsable de las afirmaciones del autor, en este y en todos los casos.
«El caso de Maricarmen es una más de las señales de que nos encontramos en los momentos más bajos de nuestra historia, como nación y como sociedad»
Miren ustedes. El caso de Maricarmen es una más de las señales de que nos encontramos en los momentos más bajos de nuestra historia, como nación, como sociedad y como entidad social y política, que es ni más ni menos que lo que debería ser un país.
Y la cuestión es que Maricarmen no tiene la culpa. Maricarmen, en este caso, es una herramienta, un medio, para llegar a un fin. Maricarmen es un slogan, un logotipo, una pancarta, para levantar a una masa de vagos e ignorantes que, de otra manera, ni tienen nada que hacer ni tienen ningún sentido vital. Esa masa de ignorantes que está esperando, expectante, el silbido de su amo para correr detrás de la perdiz abatida.
Y esa perdiz abatida, o a abatir, es la de siempre. En este país, España, que un día fue uno, grande y libre, hay una gran parte de la población que no es que no sepa quien es su enemigo, lo cual sería, si cabe, deseable; sino que, de algún modo, está esperando que otros les digan quien es ese enemigo. Y como esta masa está compuesta principalmente de pusilánimes muertos de hambre porque no han dado un palo al agua en su vida, lo más fácil es indicarles que su enemigo es todo aquel que ha conseguido algo en la vida. El empresario, el triunfador y, en este caso, el propietario.
Sería deseable que alguien explicara a estos ignorantes que la mayor parte de los que poseemos algo, sea esto una vivienda, dos, tres o doscientas, nos lo hemos ganado con el sudor de nuestra frente, probablemente porque hemos trabajado más que los que no tienen nada, con un mayor esfuerzo y sacrificio de otras muchas cosas que quizá no hemos hecho porque había que pagar la hipoteca. Que no hemos estado esperando, cruzados de brazos, a que alguien nos levantara los cojones o nos regalase nada, y que además, probablemente, hemos sido más inteligentes que otros a la hora de manejar el fruto de nuestro esfuerzo.
Convendría, también, que contrariamente a lo que dijo en su día Carmen Calvo, ministra de incultura del presunto delincuente Zapatero, alguien les explique que el dinero público, lejos de no ser de nadie, es de todos; pero lo aportamos los que pagamos impuestos, los que contratamos trabajadores y los que, en definitiva, movemos el dinero. Que sus paguitas, su bono cultural, su paro y sus mierdas salen del sudor de los que hemos tenido más huevos que ellos, arriesgando nuestro patrimonio y nuestra salud mental para levantar empresas y hacer inversiones que mueven este país.
Ahora, toda esta panda de zombis, acampan en la Puerta del Sol, esperando, como Miguelito el de Mafalda, que la vida les de algo. Un par de ostias con la mano abierta les daba yo, a ver si espabilan y se ponen a trabajar de una puñetera vez. Porque, que yo sepa, ser inquilino no es un trabajo, a pesar de que se haya creado algo tan inexplicable como un sindicato de inquilinos, que es lo mismo que un sindicato de jugadores de pádel o de recolectores de níscalos.
Volviendo a Maricarmen, habría que preguntarse por qué, en un país donde se da una media de setenta desalojos diarios, en un país donde hace apenas un mes, otra mujer, Olga, con dos hijos menores, se quitó la vida por ser desalojada de su casa el L´Hospitalet de Llobregat, en un país donde ancianos ven ocupadas sus casas y sufren el desamparo de la ley que han promulgado estos socialistas, ley que va en contra de la justicia y del sentido común, por qué, insisto, el caso de Maricarmen ha movilizado masas. La respuesta es sencilla. Porque ha sido en Madrid, y ahora, a las puertas de las elecciones, convenía.
Maricarmen ha vivido en un piso de renta antigua toda su vida, con un contrato subrogado de sus padres que finalmente se ha extinguido por una ley que no promulgó Franco, ni Aznar, ni Rajoy, sino el partido socialista, especialista en darse tiros en el pie, como Froilán y en que le estallen en las manos sus cócteles Molotov. Y no se ha querido ir del barrio de Retiro, mientras que nuestros hijos no encuentran un alquiler ni en Carabanchel o Móstoles que se puedan permitir con sus sueldos. Y ahora, Maricarmen, como otros que se han dejado utilizar por la izquierda fangosa que gobierna esta pobre España, se va a convertir en otro juguete roto.
A Maricarmen no le ha importado que los comerciantes de la Puerta del Sol pierdan dinero, que las reservas hoteleras y hosteleras de Madrid se desplomen. Que, probablemente, muchos pierdan su empleo como consecuencia de esto.
Así que insisto, aunque me caen peor todos los vagos que acampan en la Puerta del Sol para dar sentido a sus miserables vidas, Maricarmen ni me da pena ni me cae bien. Y siento profundamente que se haya salido con la suya.
Al menos, parece que el resto de perro flautas se va a quedar con las ganas.
