
«Juan no salía de su asombro. Aquella llave accedía a ese mundo de fantasía que algunos llevamos dentro»
Durante una tarde gris de otoño, mientras las hojas secas bailaban al compás del viento, Juan caminaba por una calle de su barrio distraído en sus pensamientos, cuando vio algo brillar en el suelo. Era una llave, la recogió con curiosidad y se dio cuenta de que por su diseño tenía una apariencia llamativa que despertó su interés. Casi sin pensarlo se la guardó y continuó caminando.
Al llegar a casa, la examinó con mayor detenimiento bajo la luz eléctrica y descubrió en ella un grabado parecido a un plano. Intrigado por el hallazgo, decidió seguir aquella pista guiándose por el dibujo. Llegó hasta una antigua librería donde fue recibido a la entrada por el dueño. Éste, con una sonrisa le dijo -¿te ha traído hasta aquí la llave?- Juan sorprendido, cruzó el umbral de la tienda mientras le oía decir – esa llave abre una puerta tras la cual las palabras de los libros cobran vida- Y así fue. Al introducirla en su cerradura un coro de voces comenzó a narrar sus historias. Juan no salía de su asombro. Aquella llave accedía a ese mundo de fantasía que algunos llevamos dentro. Llevándote a esa parte de nuestra imaginación, que tantas veces nos llena de felicidad.
@Manuel Sanz Real
