Al buen tuntún no es más que la corrupción vulgar de lo que decían los antiguos romanos: ad vultum tuum. Equivalía al actual por la cara.
Al buen tuntún. Por Amando de Miguel

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Al buen tuntún no es más que la corrupción vulgar de lo que decían los antiguos romanos: ad vultum tuum. Equivalía al actual por la cara.

Los españoles seguimos siendo insensibles a las crisis económicas; podría ser, también que afectaran a las depresiones psicológicas.

La pretensión más pintoresca del separatismo es que, en sus respectivos territorios, se realice la inmersión lingüística de los escolares.

Sea cual fuere la salida del actual laberinto, lo más probable es que asistamos a un final de ciclo: nada menos que el de la transición democrática.

El control de los medios es un disparate lógico y muy consecuente con el sistema de la virtualidad de la opinión pública, escorada a babor.

Hay que desengañarse. Detrás de la idea del cordón sanitario para ciertos partidos, late la sempiterna flaqueza individual de la envidia.

Pueblo es, también, el conjunto de habitantes de una nación o de una misma raza (palabra, hoy, vitanda), etnia o corriente espiritual.

Se demuestra, una vez más, que Europa es un continente inviable. Al menos, ha perdido el ascendiente internacional que un día ostentó.

Lo más grave y general es que, para muchos políticos de las izquierdas españolas, el nombre de España, se sustituye, ladinamente, por el Estado.

El politiqués lo destacan los políticos que acumulan incultura, sin muchas alternativas profesionales fuera de la carrera política.

El coste de la energía repercute, en seguida, en el transporte y, al final, en todas las actividades productivas. La inflación está servida.

El hueco de la oposición de derechas viene a rellenarlo Vox con el automatismo de la ley de la gravedad. Es lógica la reacción resentida del PP.

Los españoles estamos condenados, de momento, a vivir bajo una especie de democracia autoritaria, tal como van las cosas de la política.

Nuestro amado Presidente nunca habla de economía, un hábito que choca mucho con su rara titulación de doctor universitario en la materia.