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Gibraltar, la usurpación, el fraude y el contrabando, sin frenos

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Por qué no ha detenido a los culpables, por qué no suspendió el viernes la autonomía catalana? ¿Por qué esta semana se les ha seguido dando más dinero y no cumplen la ley

Fernando García de Cortázar, hace un certero diagnóstico de la enfermedad nacional ¿y/o terminal? De España, aún nadie se atreve a decir alto y claro; cuando, cómo y por qué la contrajo

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«Lo que ha hecho al parecer la señora Cifuentes está fatal, pero la patulea aquí referida, en puestos tan o más importantes, también lo hicieron …

En este momento, Gibraltar es la única colonia existente en Europa, una colonia que invade el territorio español en la provincia de Cádiz

Michael Howard, alude al territorio argentino de las Malvinas, anteriormente español, para referirse al Peñón y se olvida del pasado inmediato de la verja de Gibraltar

Gibraltar es una colonia, la única situada en Europa, con un mandato claro de descolonización por parte de las Naciones Unidas

«La periodista y su interlocutor se preguntaban por su infructuosa investigación sobre el origen de los capirotes de los penitentes» El Jueves Santo veía por …


Dos cientos ocho mil millones de euros. Ese chorro de millones es lo que vale el rescate de las autonomías, pesebre de corrupción política, en 5 años.
Entiendo que los políticos como profesionales, que deben ser, podrían haber previsto y ejecutado la eliminación de duplicidades autonómicas desde hace muchos años pero no se hizo ni se espera que se haga. Entre las medidas y programas que exponen o se exigen unos a otros no existe ni una que intente atajar esta ruina que será costeada por todos nosotros.

Cabe preguntarse… ¿porqué no se tomó ni parece que no se tomará medida alguna contra las autonomías?.., pues, porque lejos de ser un elemento de acercamiento de la administración al ciudadano son un pesebre de corrupción política y de clientelismo servil ante el que se arrodilla la justicia nombrada por los propios políticos a excepción de alguna toga heroica.
Además las autonomías emprendieron una carrera legislativa sin freno con la única consecuencia de socavar dos principios básicos de convivencia democrática y de sentido de estado como son la Libertad y la Igualdad de todos los ciudadanos creando artificiales barreras lingüísticas, económicas y de gestión.
Creo que es prácticamente imposible que nadie pueda mantener alguna sombra de duda sobre el hecho de que las autonomías son la peor herencia de la transición, nuestra ruina moral y económica, y el peor sistema posible de organización territorial.


En la filosofía y la política hermanadas, Aristóteles, allá en la antigua Grecia, ese ancestro espiritual que pretenden borrarnos de un plumazo, definía la oclocracia como el gobierno de los demagogos en nombre de la muchedumbre, lo que los podemitas definen como “la gente”, y, por tanto, una degradación de la democracia. Lógicamente para que los oclócratas puedan manejarse, son precisas dos piezas, sin las que el funcionamiento no sería factible:

Por un lado la muchedumbre, “la gente”, simple masa ciudadana informe e ignorante desnuda de valores, moldeable y sensible a la adulación, ajena al concepto de pueblo, y el oclócrata. La muchedumbre, definida como masa por Ortega y Gasset, es aquel sector de la sociedad que, sumido en una profunda ignorancia, se mueve por instintos primarios, sentimientos elementales y emociones irracionales. Se distingue del término pueblo, en que éste constituye el cuerpo social conformado por los ciudadanos conscientes de su situación y de sus necesidades, con una voluntad formada y preparada para la toma de decisiones y para ejercer de forma plena su poder de legitimación, de tal manera que para su ejercicio en una democracia de partidos es necesario que tanto el ciudadano como el político estén investidos de patriotismo, en definitiva de responsabilidad y visión.
Los oclócratas se presentan como salvadores, imprescindibles, como caudillos carismáticos, dotados de la capacidad intuitiva de adaptar materiales simbólicos a las necesidades de la muchedumbre, “la gente”, haciéndoles ver que va a satisfacer sus más inmediatas reivindicaciones para, de esa manera, mantener y exigir una adhesión incondicional de ese sector social, hundido en la ignorancia, el abatimiento y el pesimismo y que, ante la manipulación y adulación del oclócrata, envuelto en un halo de misticismo, se vuelca a sus dictados con fe ciega y mística. El oclócrata llama al corazón de la gente y con una sonrisa llama a sus corderos la “buena gente” dando a entender que el contrario, su oponente, es “mala gente”. Es como un primitivo hechicero, curandero o chamán, considerado en posesión de fuerzas cuasi sobrenaturales o sobrehumanas, en fin, como si de un emisario divino se tratase.

La muchedumbre, la gente, es el elemento necesario sin el que no puede existir el oclócrata, ese personaje que a su vez vuelca todos sus esfuerzos de publicidad y propaganda sobre la propia muchedumbre, a través de unos medios de comunicación, controlados por el oclócrata, desde los que apela a los sentimientos más burdos, primitivos y elementales para con ellos buscar legitimación en su cometido de conducator para con ello alcanzar sus propios y particulares objetivos, sin tener en cuenta, ni poco ni mucho, los auténticos intereses de la sociedad dado que su único objetivo es la toma del poder y aplicar, una vez tomado, la ley del olivo… permanecer a toda costa.
Los oclócratas llaman a la búsqueda esperanzada de lo que denominan democracia real, que no es otra cosa que hacer que la muchedumbre se rinda y sienta que, a través del oclócrata, ejerce el poder, y crea que su propia situación personal mejora aunque vaya hundiéndose en la más profunda sima de las miserias, eso sí, sin perder la esperanza, ese es el secreto, pues mientras la muchedumbre se mantenga esperanzada dentro del mensaje del oclócrata, éste mantendrá el poder absoluto.
La muchedumbre, dadas sus limitaciones de toda clase, culturales, sociales, o económicas, está impedida de tener una visión clara de la realidad quedando a merced de ese sujeto que la controla mientras éste disfruta de su poder haciendo creer a la muchedumbre que conduce la mano del oclócrata.

Dentro de las maniobras de desarrollo de su política, el oclócrata dirige sus esfuerzos al cumplimiento de su principal objetivo que no es otro que la conquista y permanencia en el poder personal o de grupo, empleando como herramienta la escenificación, los gestos de complicidad, la adulación, la demagogia y recurriendo a la argucia de la manipulación de las emociones irracionales mediante estrategias como la promoción de discriminaciones, de fanatismos y de sentimientos nacionalistas/separatistas exacerbados; el fomento de los miedos y de las inquietudes; el uso del discurso encendido o incluso vulgar, o una repetida retórica generalmente soez y plena de descalificaciones a todos sus opositores, con miras al control absoluto de la muchedumbre. Inicialmente se le hace cómplice del discurso vulgar y provocador, para más tarde reclamar su complicidad para el cumplimiento de objetivos violentos.
Recordemos aquellas frases cuando la comunista, hoy portavoz del ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, irrumpió desnudándose con un grupo de violentos en la celebración eucarística en la capilla de la Universidad Complutense bajo las consignas, gritos provocadores y amenazas como:

Arderéis como en el ´36… El Papa no nos deja comernos las almejas… Menos Rosarios y más bolas chinas… Contra el Vaticano poder clitoriano… Sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios… Vamos a quemar la Conferencia Episcopal…
Del ataque soez, la burla, a la agresión física, hay una delgada línea sobre la que en un momento determinado el oclócrata y sus esbirros, empujan a la muchedumbre irracional convirtiéndola en su brazo armado criminal.
En estos días está de actualidad el ayuntamiento de Madrid, desde el que oímos y vemos las fechorías de la actual alcaldesa comunista, Manuela Carmena, en este sistema corrupto en el que no gobierna quien saca más votos. Su portavoz, la «asaltacapillas» Rita, de la mano de la «comisión histórica» presidida por la hija de Fidel Castro está lista para gastar el dinero público en cambiar los nombres de las calles. Ante silencios, cobardías, abstenciones, tribunales de justicia corruptos hasta el tuétano, fiscalías defensoras del crimen y del separatismo, y sobretodo desgobierno e inacción de un gobierno al que se le dio mayoría absoluta… se rompen lápidas de monjes asesinados, se arrancan monolitos, se cambian el nombre a las calles… y se cumple la sentencia de Edmund Burke (1729-1767): «Para que triunfe el mal solo es necesario que los hombres de bien no hagan nada».., aunque ya tengo serias dudas de que queden hombres de bien…

El emoticón del lazo amarillo de WhatsApp usurpado por los golpistas catalanes es un insulto a todos los españoles