Estamos pagando, a precio de oro, mierda enlatada, encuadernada y enmarcada. Arte efímero, para una generación efímera.
Mierda de artista. Por Julio Moreno López

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Estamos pagando, a precio de oro, mierda enlatada, encuadernada y enmarcada. Arte efímero, para una generación efímera.

Era sin alcohol porque en estos días estoy cumpliendo la penitencia de un domingo que se me fue de las manos, pero esto da para otra columna.

Lo único que puede dotar de sentido a este largo caminar es ser consciente de que no estamos aquí para dejar una impronta.

La educación es la clave del futuro. La clave del destino del hombre y de su posibilidad de actuar en un mundo mejor. (John F. Kennedy).

La igualdad de oportunidades que le estamos arrebatando a las personas mayores de llevar una vida autónoma es un crimen contra la humanidad.

Yo, que soy un hombre valiente, de los del siglo XX, sigo abriendo la puerta a las mujeres, y sigo siendo un fiel practicante del piropo.

Soy un hombre afortunado. Tengo un ejército fiel. No tenemos miedo. La misma mano que acaricia, es la que empuña la espada.

Después de esto, Toño ha colgado una foto de las señoras, que a poco se ha sabido, por un rápido tuitero, que es una foto de las reseñas del propio restaurante.

Yo sigo a algunos tuiteros que nunca te dejan indiferente y que tienen un talento innato para los textos de doscientos ochenta caracteres.

Otros grandísimos autores corroboran, sin yo pedírselo, mi teoría del amor y el desamor. El gran Joaquín Sabina, experto en desamores, es otro ejemplo de ello.

No hay que sacar de su entorno a determinados bichos, porque se despistan. Viendo la sesión de control al gobierno, lo he corroborado.

Carguen con su cruz, y cuando lleguen al Gólgota, extiendan sus brazos y dejen entrar los clavos. Al final, siempre habrá un consuelo…

Aquello se parecía bastante a la normalidad y volverse invisible no era nada normal, así que decidió valerse de la nueva situación…

Voy a tener que quitarme las zapatillas y calzarme las botas para pisar el barro aunque, como en el Álamo, muera con las botas puestas.