Mi madre vivirá, como tantos otros, hasta que el último corazón de aquellos que la conocieron, que la conocimos, deje de latir.
Hasta que la muerte nos separe. Por Julio Moreno López

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Mi madre vivirá, como tantos otros, hasta que el último corazón de aquellos que la conocieron, que la conocimos, deje de latir.

Así que, aunque estés aquí, estas van a ser mis primeras Navidades sin ti. Y son más tristes, más frías y más grises. Te echo de menos, mamá.

Es algo más inesperado que la muerte, algo menos asumible. Es un dolor diferido que no acaba de asfixiarte, pero no te deja respirar.

Hoy, 45 años después, asistimos no con estupefacción y sí con resignación a la disolución de los principios básicos de nuestra Constitución.

Cabría preguntarse si El Rey Felipe VI está dispuesto a ser el ciudadano Felipe, con su maleta de cartón y su abrigo de lana, esperando en Chamartín al tren.

Amar por los dos nos devolvió la fe en que, el vuelo de una mariposa puede cambiar el mundo, como Salvador Sobral cambió el festival.

Esta Soria arbitraria mía, ¿Quién la conoce? Acercaos a mirarla en los grises espejos de mis ojos, cansados de mirar a lo lejos.

No quiero certezas, no quiero certidumbres; quiero desafío, quiero lucha, quiero acción. No me pillarán durmiendo, no me iré sin pelear.

Como dice Felipe, ese genial personaje de las tiras de Mafalda, inseguro, indeciso y de frágil voluntad, “nadie es buen crítico de sí mismo”.

Y no hay que olvidar, sobre todo en circunstancias complicadas, que el viaje no es llegar al destino, sino todo el trayecto.

No vendría mal un héroe de vez en cuando, para demostrarnos que a alguien le importa algo, más allá de la punta de su nariz.

Ahora los bancos no solo te cobran por tener allí tu dinero, sino que quieren que trabajes tú por ellos, con la consecuencia de miles de puestos de trabajo perdidos.

El papel de la prensa en el conflicto entre Israel y Palestina se degradada por el amarillismo y la polarización. Líbranos del mal.

como Judas, este tipo de individuos no suelen llegar a disfrutar de sus treinta monedas, pues su envidia les corroe…