Los sedicentes e insultadores republicanos, a los que se refería en su discurso, serán la compañía del candidato Pedro Sánchez. Es su turno, Majestad.
Es su turno, Majestad. Por Jorge H. Mollar

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Los sedicentes e insultadores republicanos, a los que se refería en su discurso, serán la compañía del candidato Pedro Sánchez. Es su turno, Majestad.

Hora es pues de remar juntos para lograr el único objetivo digno de echar al dictador, y a la delincuencia organizada que le acompaña.

Ya, sólo nos queda el Rey, al que nos hemos dirigido muchos españoles apelando a su responsabilidad y españolidad.

Fracasa la investidura de Feijóo y llega el turno de Sánchez y los bárbaros. El tema es complejo, dado el número de tribus: socialistas…

Acabo de llegar de un lugar lleno de universitarios en el que no he escuchado hacer a nadie ni una ligera mención sobre el debate de investidura.

Feijóo pinchó en su investidura en un Congreso gañanizado. Hemos visto a paletos ricos con ínfulas, leyendo la cartilla a los que parasitan.

Buen discurso de investidura del pepero, que dejó en evidencia a Sánchez. Su respuesta fue mandar dar la réplica al diputado más gañán de su piara.

Si yo fuera Feijóo, le devolvía la jugada a Sánchez en su debate de investidura y la réplica se la dejaba a Cayetana Álvarez de Toledo

Y ¿Qué fiesta sin la Tía Juana? En medio de la polémica sobre la amnistía, aparece Dolores Delgado y pide investigar las torturas de la policía franquista

Rebelión en el PDOE por la amnistía a Puchemón. Los yayos del partido arremeten contra Sánchez, acusándole de felón.

Un despropósito más del perverso con el síndrome de La triada oscura: Narcisista, Maquiavélico y Psicópata, que si se recupera, vuelve para matar.

En Génova, asumida la pérdida de la legislatura, se vivía plácidamente hasta que apareció Aznar. – ¡Dejad de rajoynear y a currar! ¡Todos a la calle a montar un pollo!

Resulta patético que la derecha no se lance a la calle de inmediato y diga que va a esperar a conocer el texto de la resolución de amnistía.

Que Dios y el Apóstol Santiago le iluminen para acertar con la tecla en sus negociaciones o que, de lo contrario, no se arrastre por el fango la Constitución.