Cortado el grifo de la financiación europea, Sánchez intenta sobrevivir subiendo impuestos. Y Podemos insiste en que nos pueden exprimir más.
La Portada de Linda Galmor: Sánchez intenta sobrevivir algo más subiendo impuestos

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Cortado el grifo de la financiación europea, Sánchez intenta sobrevivir subiendo impuestos. Y Podemos insiste en que nos pueden exprimir más.

La ideología del cuento de hadas se mofa de la propuesta de Feijó de bajar los impuestos para aliviar la inflación en la población.

Isla es el nuevo mote de Sánchez en Bruselas. Menudo pollo montó para hacer que hace algo para bajar el precio de la energía sin bajar impuestos.

Lo cierto es que dejaron en la estacada a esos dos titanes del sindicalismo español más conocidos por sus andanzas que por sus logros.

El gobierno se pone las botas con los impuestos indirectos. Pero todo lo que pilla es poco. Es como heroína para un heroinómano.

No bajará los impuestos, prefiere dar subvencioncillas y mantener la súper recaudación por la energía y el alza generalizada de precios.

Ni bajo las bombas se acaba con la panda de mangantes que nos rodea, nos ha rodeado y nos seguirá rodeando, o a mi eso me parece.

El problema es el gobierno, y la solución pasa por ir contra el él, no contra la gente. A ver si lo recordamos cuando lleguen las elecciones.

El sanchismo es lo más perjudicial para los trabajadores: El gobierno “social-comunista”, está aplicando políticas de tierra quemada.

De la desmesurada subida de los precios de los combustibles, el transporte y materias primas, lo escandaloso es el precio de la electricidad.

No es la guerra, es otra excusa para seguir robando al obrero. Porque cada vez que sube el precio de la gasolina o el gasóleo, nos suben los impuestos.

La Junta de Andalucía se ha subido al carro de la Recaudación Obscena a costa de la Agricultura, la Pesca y la Ganadería.

Los socialistas sufren al ver dinero en nuestros bolsillos. Van a subir los impuestos sobre la gasolina.

Impuesto por vivir. Y cuando mueres, también tributas. Media España vive de la otra mitad.