Pasar factura a un gobierno tan numeroso como minúsculo en su categoría política, será un ejercicio divertido y saludable.
Anatomía de un fracaso. Por Antonio E.

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Pasar factura a un gobierno tan numeroso como minúsculo en su categoría política, será un ejercicio divertido y saludable.

Da igual lo que piensen personajes que no se conforman con llevar plumas de indio de región y quieren portar las del gran jefe indio.

Esta gentuza por muchas descalificaciones legales que sufran, siempre reclaman tarjeta roja para los contrarios

El progreso para esta gentuza no es más que una palabra, un cebo, un mantra, un yogur caducado al fondo del frigorífico de un alérgico a la lactosa.

Ellos han llegado a creerse que realmente pueden andar como Pedro por su casa, sin embargo; no todo el monte es orégano.

Gobierno y sindicatos lo tienen claro: la culpa de todo es de los empresarios. Para los zurdos el único empleo decente es el público.

Amenazar es gratis por lo que presentar bronca queda hasta bien. Y a Pedrete le quedan dos telediarios si Dios y el capital quieren.

El conocido mito habla de los males que sobrevienen a los que quieren ser como los dioses y nuestro protagonista de hoy se siente como un dios.

Parece que dolió de lo lindo, en el soberbio ego de don Narciso, la pretensión del líder pepero de derogar el puto sanchismo.

El gran hallazgo reciente de la jerga política española es el verbo “topar”, la última expresión del intervencionismo del Gobierno dizque socialista.

Inmaculada dio la campanada electoral con la canción El Poder del Pussy: Soy muy traviesa. Soy la fucking alcaldesa.

Este personaje recién fichado por Podemos, se meo fuera de tiesto y soltó la parida/propuesta más grande de la jornada.

La prensa vendida canta Un globo, dos globos, tres globos sin tener en cuenta que España es ya un globo que se nos escapó.

Revolcón de las happy churris en el Congreso. Tras favorecer a un millar de violadores, Sánchez limpia su imagen con ayuda del PP.