Hoy, me ha hecho muy feliz hablar con el Congo, con mi sobrinita Mónica. ¡Qué bonita, lista, trabajadora y valiente!
Con mi hija, apenas he tenido tiempo esta mañana… Vive en Bruselas, París y la Haya (de momento). Viaja el mundo. Mañana Washington, y así… Trabajando sin parar, y a solas muchas veces. Haciendo y deshaciendo, cuando hay «tiempo», que no es siempre, maletas y más maletas. Los climas en nada se parecen, ya saben…
Nuestros jóvenes, los brillantes, andan azotados por el mundo porque en su país no tienen futuro y en el mundo son recibidos como corresponde a sus méritos y categoría: humana e intelectual.
El mundo les reconoce, valora y paga adecuadamente. Aquí, no. Aquí, repetimos elecciones porque sin pagar lo que debemos y aumentando las deudas vertiginosamente, zoqueteamos en rojos y azules, y robamos a diestro y siniestro. Sufrimos pobreza (comida, medicinas, agua, telefonía, luz y vivienda) no llegamos a fin de mes ni los meses de las extraordinarias, y eso los afortunados, que no soy tonta y no se me escapa, humillamos a los que se esfuerzan y valoran el estudio y el trabajo personal y volvemos a repartir papeletas publicitarias de campañas de más de 50 millones de euros, plagadas de ignominiosas mentiras y chulerías de guaperas (imitaciones malas de yupis americanos) y de improcedentes camisetas desaliñadas, nos tienen que traducir El Quijote porque como todos somos artistas y poetas a los de verdad no les entendemos: no sabemos una palabra. ¿Para qué? Nosotros somos grandes, españoles y con eso basta y sobra.
Aquí somos muy buenos y queremos lo del «Estado» para todos, que vengan los millones que quieran y todas esas cosas; pero, cuando llega la hora de la verdad, no son muchos los que bajan bocadillos, por decir algo, a los que duermen en los parques o cajeros. No, no son muchos. ¡Qué lo sé yo! Es más fácil quejarse de la «pena»… Que verlo les produce y decir chorradas en las redes sociales, con una birrita y/o cubata en la mano y grandes barrigas.
España ya ni me duele. Me avergüenza. Como en el 36, nos quedaremos aislados, sin intelectuales ni gentes de otras valías, y viejos sin pensiones y con los hijos en el exilio.
Un panorama, ¿verdad?
Señores políticos, estamos hasta los cojones. Entérense.




¡BIEN DICHO!