
«Recuerdo hoy una fotografía realizada hace tres años en una de mis plazas favoritas de toda España, la de Trujillo, que preside la estatua homenaje a Francisco de Pizarro»
La imaginación tan desmedida como publicitaria de los ecologistas nunca fue de fiar como fuente para los periodistas de oficio, aunque la verdad es que, de estos, quedan pocos en esta España transmutada en “cla” del poder mediático y político en todas sus avanzadillas sociales.
Por eso recuerdo hoy una fotografía realizada hace tres años en una de mis plazas favoritas de toda España, la de Trujillo, que preside la estatua homenaje a Francisco de Pizarro.
Fue una de las acciones propagandísticas de los ecologistas en Acción con las que reivindicaron el cierre de la central nuclear de Almaraz.
Ahí queda la instantánea para la historia que nunca se escribirá de la progresía subvencionada y de gran conciencia social y ecologista. Sensible por el los grandes problemas del planeta y en primera línea del frente en la batalla de siempre. La batalla de la manipulación de lo significados, la tergiversación de la historia y la falsedad de los conceptos.

Porque da la casualidad que un servidor tuvo que aguantar a que uno de estos ecologistas, amamantado por la LOGSE, me imprecara después de calzar el burka a Pizarro sobre el porqué habían decidido tapar la estatua, una burda representación en piedra, según él, del fascismo de Francisco de Pizarro, el asesino de miles inocentes indígenas y que, sin haber leído un solo libro, ahíto de avaricia capitalista, se había dedicado a usurpar las tierras de los desposeídos y robar el oro del feliz Dorado.
Una auténtica metáfora terrible del sinsentido y la falta de cultura y educación. Con cara de asombro, le tiré de la lengua. Era un líder sindical que en otras reivindicaciones antifascistas se calzaba la camiseta verde. Un ferviente animador de las huelgas de la enseñanza pero funcionario del Ministerio de Educación.
Está claro que para que España comience a funcionar hace falta comenzar con la “a” de abuso ideológico y la “agilipollez” de la misera cultural. Recomiendo asimismo una dosis diaria de “anti totalitarismo” en vena.

