En sus bodas de oro, los “jóvenes del Mayo del 68” estamos ya hasta el gorro y, si no cambia el rumbo, tendremos que organizarnos

Revolución del 68
Mayo del 68

“Algunas de las cosas y situaciones que estamos viviendo en España en los últimos meses me han recordado al Mayo del 68”

Aunque todavía quedan unos meses para que se cumplan las “bodas de oro” de aquel movimiento social conocido como la Mayo del 68, algunas de las cosas y situaciones que estamos viviendo en España en los últimos meses me lo han recordado y me ha parecido oportuno establecer cierto “paralelismo” y analizar desde aquel fenómeno algo que puede estar, en cierto modo, larvado en una parte importante de la Sociedad Civil española actual.

Sin duda alguna, los que llevamos años “peinando canas”, sobre todo los que lo vivimos de cerca porque ese año llevábamos ya un par de cursos en la Universidad -entonces sí, y con los matices que se quieran, con mayúscula para la mayoría de las doce existentes- y los más jóvenes quizás también, seguramente escuchamos muchas veces hablar del Mayo francés o Mayo del 68, como se llamó comúnmente a aquel fenómeno de rebeldía que comenzaron en París grupos de estudiantes de izquierda contra la sociedad de consumo y se trasladó después al mundo obrero industrial y a los sindicatos, dando lugar a la que fue sin duda la mayor huelga general de Francia -tal vez de Europa occidental-, secundada por más de nueve millones de trabajadores, que puso en un brete la Quinta República que el General Charles de Gaulle había abierto diez años antes y que acabó un mes después con el anticipo electoral, en Junio de ese año.
Por supuesto, aquellos movimientos revolucionarios de Francia tuvieron también su réplica en otros países europeos -Alemania, Checoslovaquia (la Primavera de Praga)…- y americanos -USA, Argentina o México- y, cómo no, en España, aunque aquí, en esa época, bajo la “dictablanda” de Franco, todo se quedó en alguna manifestación o conato de huelga quela izquierda, en su línea, intentó relacionar con los disturbios universitarios del momento y vivimos ciertas “reivindicaciones” desde los recordados Cine Forum del SEU -Sindicato Español Universitario- o en aquellos conciertos “prohibidos”, que la “vista gorda” -ya evidente- acababa permitiendo sin mayor problema.

Torcuato Fernández-Miranda, en las Cortes
Torcuato Fernández-Miranda, en las Cortes

“Muchos de los salidos de la Universidad en aquellos años 60’s fueron protagonistas destacados -o incluso artífices- de la Transición española iniciada diez años después del Mayo del 68”

 

 

Precisamente, muchos de los salidos de la Universidad en aquellos años 60’s fueron protagonistas destacados -o incluso artífices- de la Transición española iniciada diez años después del Mayo francés tras la Constitución de 1978, en aquel viaje “de la Ley a la Ley” que iniciara Torcuato Fernández Miranda en 1976 y que casi cuarenta y dos años después nos ha traído a una situación de riesgo que unos -en su deseo conciliador- tal vez no previeron y otros -falsos como corresponde históricamente al nacionalismo, de derecha o de izquierda- tenían fríamente calculada -a largo plazo- en aquella mesa de negociación en la que se fraguó el cambio.

Y hecho este preámbulo, voy con el “paralelismo” que decía al comienzo de mi artículo. No cabe duda de que además de los muchos cambios, crisis, decepciones con nuestros políticos por sus acciones u omisiones, traiciones del nacionalismo, constatación del fracaso que ha supuesto el “consentidor” sistema de las autonomías que los separatismos latentes sacaron de la buena fe de sus interlocutores, etc., se ha producido de forma casi imperceptible un fenómeno social que, en mi opinión, habría que aprovechar para salir de esta situación a la que todo lo anterior, junto a una indebida cesión de algunas de las responsabilidades exclusivas del Estado que nunca debieron abandonar ese ámbito-insisto de nuevo en la Educación, aunque no es la única-, nos ha llevado.

Ese fenómeno no es otro que el más que notable alargamiento de la expectativa de vida -España es el segundo país más longevo del mundo después de Japón- que se ha traducido en la aparición de un segmento poblacional creciente en la sociedad, al que llamo Tercera Juventud, situado entre 60 y 80 años -obviamente, estos límites no son rígidos-, gran parte del cual está en perfectas condiciones físicas y, lo que es más importante para lo que interesa, mentales, cargado de conocimientos y con una gran experiencia profesional, además de la vital y -aunque no siempre- del sentido común que la edad suele llevar aparejado, de no menor importancia para poner en perspectiva lo vivido en estos cuarenta y un años de democracia, recordar lo que en nuestra juventud recibimos de nuestros padres, que lucharon -literalmente en muchos casos, como el mío- por una España mejor, sin que importe ahora el bando -aunque hubiera un ganador, perdimos todos en la trágica Guerra Civil, pero ganamos todos igualmente en los treinta y seis años de paz y esfuerzo siguientes- y aportar mucho en la búsqueda de una solución definitiva.

Suárez saluda a Fernández Miranda bajo la atenta mirada de El Rey tras jurar el cargo
Suárez saluda a Fernández Miranda bajo la atenta mirada de El Rey tras jurar el cargo

 “Se trataría en definitiva de cerrar el paréntesis 1980/2018 que ya hemos visto lo que dio de sí y a la situación de casi ruptura a la que nos ha llevado y promover, cincuenta años después de aquel Mayo del 68, una nueva iniciativa que ahora sería la Revolución de las arrugas”

Creo sinceramente que sólo teniendo presente aquella situación de orden y despegue de los años 60’s y 70’s -por haberla vivido o analizado su realidad sin carga ideológica-, se podría recuperar, dentro del marco democrático que nos dimos en 1978, la sensatez política ausente hoy en muchos órdenes y en la inmensa mayoría de los que dicen representarnos en los diecinueve “hemicircos” parlamentarios -el Estado tiene dos, Congreso y Senado-, más los dos norteafricanos. Hablo -como ya apunté hace un par de años- de recuperar a verdaderos gestores que han demostrado en estas décadas una trayectoria profesional -pública o privada- impecable. Personas como José Manuel Otero-Novas, Manuel Pizarro o Pablo Isla -por orden de edad y Abogados del Estado los tres- o Francisco González o Ana Patricia Botín, por citar sólo algunos -sé que es impensable que con la consideración y remuneración actuales en política, algunos estuvieran dispuestos, pero hay muchos más-, o como Mikel Buesa o Nicolás Redondo, para que nadie diga que “barro para casa”, que serían muy válidos aunque fuera sólo como asesores, pero con mando en plaza. Se trataría en definitiva de cerrar el paréntesis 1980/2018 que ya hemos visto lo que dio de sí y a la situación de casi ruptura a la que nos ha llevado y promover, cincuenta años después de aquel 68, una nueva iniciativa que ahora sería la “Revolución de las arrugas” que -como decía- permitiera dejar a nuestros descendientes algo parecido a lo que nuestras generaciones recibimos y que ahora está lejos en todos los aspectos, salvo el tecnológico y sus consecuencias, no sólo en España, pero lo de aquí es lo que me preocupa y además, en los países de nuestro entorno y raíces parece que la degradación no llegó al nivel de aquí.

Sé que algunos pensarán que esto lo digo por ser mayor, en una especie de sentimiento nostálgico de que “cualquier tiempo pasado fue mejor” o porque no valore suficientemente a “la juventud mejor preparada de nuestra historia” ese “mantra” que repite la progresía imperante en un intento de autoconvencerse -supongo- de lo que no es, desgraciadamente. Nada más lejos de la realidad. A esos posibles críticos les diré, primero, que tengo cinco hijos entre 43 y 22 años y -como cualquier padre- quiero lo mejor para mis hijos y lo que existe -y a lo que vamos- dista mucho de serlo en muchos aspectos. Después, les recordaré que Picasso -otro mito de la progresía cuando interesa- decía al respecto que “Lleva mucho tiempo ser joven” y, también que “El camino de la juventud lleva toda una vida”. Cierto que siempre queda la esperanza y, como le escuchaba decir a mi padre, parafraseando a Bernard Shaw, “La juventud es una enfermedad que se cura con los años”.

Y, en la línea de lo que Víctor Hugo decía respecto a las edades, algo así como “Los cuarenta son la edad madura de la juventud; los cincuenta la juventud de la edad madura”, concluyo con mi consejo a esa juventud en edad -el mismo que le daría a mis hijos-, jóvenes, hasta los cuarenta, aprended lo más posible y formaos como personas. Entre cuarenta y cincuenta, acercaos a los “jóvenes” maduros para completar esa formación -ya sea en lo público (con verdadera vocación de servicio) o en lo privado- y, a partir de los cincuenta y… -hasta que el cuerpo aguante-, caminad firmes en busca de esa otra “juventud” -la que llamo tercera- con responsabilidad y mucho esfuerzo y respeto.

Sobre la metamorfoseada Ana Gabriel, sexta fugada -ésta a Ginebra-; la letra del Himno Nacional de Marta Sánchez; la falsedad de las declaraciones de los comparecientes en el procedimiento al secesionismo, que “pasaban por allí” y según Arturo Mas preparaban una independencia “simbólica” -negociaciones “secretas y discretas” antes del 9N incluidas- tras un “referéndum real”, que no legal, añado yo, y que ahora quieren culminar con una investidura televisada y también “simbólica”de Carlos Picodelmonte; el intento totalitario de retorcer la “Ley de desmemoria histérica” y el torticero uso de la tan manoseada y mal llamada “libertad de expresión” según quién se exprese o el nuevo reglamento del Partido Siempre Opuesto a España que pasa a ser Pedro Sánchez O Expulsado, los cambios de rumbo de Ciudadanos y los denunciados “presuntos” pagos para ser número uno en sus listas municipales y autonómicas, remito a las hemerotecas, que van cargadas de esto y mucho más.

Y después de ponerse al día con la información, recapaciten sobre mi propuesta y si lo consideran oportuno, aporten. Como dijo el General Franco al final de su mensaje desde Tetuán, el día que comenzó la Guerra Civil: “¿Es que se puede consentir un día más el vergonzoso espectáculo que estamos dando al mundo?…” y añado yo, en Bélgica, en Suiza y con un TC que parece actuar contra el sentido común. Pues eso, los “jóvenes del 68” estamos ya hasta el gorro y si no cambia el rumbo, tendremos que organizarnos y hacer algo.

 

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Antonio de la Torre

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

2 comentarios sobre “En sus bodas de oro, los “jóvenes del Mayo del 68” estamos ya hasta el gorro y, si no cambia el rumbo, tendremos que organizarnos

  • José F. Feijóo Carrasco
    el 25 febrero 2018 a las 12:52
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    Si hoy nos organizáramos y protestáramos los que por edad recordamos el llamado Mayo del 68, que en realidad fueron protestas realizadas durante los meses de Mayo y Junio,; en España, tendríamos que llevarlas a cabo por motivos diferentes a las que provocaron los disturbios en Francia, que luego se extenderían a otros países europeos, incluso alguno con régimen dictatorial. En Francia se acabaron con la convocatoria de elecciones. A esas protestas se asemejarían más bien las protagonizadas por los que luego serían partidarios, afines, votantes y afiliado del Partido Político que luego se denominaría, y sigue llamándose, Podemos; con la diferencia que en Francia fue iniciada por estudiantes en los que se habían infiltrado elementos comunistas y en el caso de Podemos no fue una revuelta estudiantil, aunque si comunistas y anarquistas.
    Como comencé diciendo, el organizarnos y protestar hoy en día España, no solo incumbiría a los de aquella época, sino a todos aquellos que vemos la deriva de España en el error de la creación de las Autonomías y, ya creadas, en la delegación de competencias como la Sanidad y la Educación. Protestaríamos por la corrupción generalizada, por los excesivos niveles de las instituciones, local, provincial, autonómica y central, que acarrean, junto con órganos y cargos de todo tipo, que sin ellos sobraría para pensiones, infraestructuras y gastos sociales. Dígaseme si no que necesidad tenemos de los cargos del Defensor del Pueblo, que no defiende nada ni a nadie al no tener efectos jurídicos y ejecutivos; la cosa se agrava al existir un nuevo “Defensor” por cada Comunidad Autónoma, para hacer lo miso; es decir, nada. Tenemos un Consejo de Estado con su correlación en las Autonmosuyas, que, además de no hacer algo, sus dictámenes o informes no son vinculantes. Que decir del Senado, cuando con el Congreso tenemos suficiente para que, en algunos casos, sirva de dormitorio. Y así una infinidad de cargos y organismos que no enumeraré, bien por no cansar al que se atreva a leerme o bien porque dejo al Estado en los huesos.

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  • Antonio De la Torre Luque
    el 25 febrero 2018 a las 13:48
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    Amén, don José. Nada que añadir a tan certero comentario, que suscribo.
    Feliz domingo, después de una gran victoria blanca. Vamos mejorando.

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