Un Déjà vu de 1959, auténtica Memoria Histórica, y un suponer

 

Franco 1959
Franco 1959

“Hoy he preferido analizar una situación que parece repetirse -de momento en parte, gracias a Dios- desde un Déjà vu recordado por un discurso pronunciado hace casi sesenta años por un personaje importante de nuestra Historia”

Esta semana voy a dejar un poco de lado los temas de actualidad en torno a los asuntos principales que desde hace meses o semanas ocupan cientos de horas de tertulias y kilómetros de palabras en los periódicos, tratados como siempre con la doble vara de medir característica de nuestros medios de comunicación que, en su mayoría -contrarios y algunos “amigos”-, los llevan en sentido inverso a su verdadera importancia.

Así, vemos más tiempo y páginas sobre los movimientos compulsivos de los golpistas catalanes que sobre las actuaciones del Tribunal Supremo que el martes emitía un Auto, desde mi punto de vista impecable, en el que ponía los puntos sobre las íes a la veleidad del tribunal regional alemán que excarceló al principal artífice del atentado contra el Estado Español, dándole un aire que sigue empleando para arremeter contra la Justicia española, o que para mostrar el juicio por el caso de los ERE fraudulentos que se lleva en Andalucía contra dos expresidentes de la Junta y toda una trama política más que “presuntamente” delictiva, que “distrajeron” casi ochocientos millones de euros del erario público con irregularidades de todo tipo que no voy a repetir, hasta desplazar a la Juez que destapó el escándalo, sustituyéndola por una más “próxima” que suavizara los presuntos delitos.

Lo mismo que se está dando mucho mayor alcance a la tontería del NO máster todo a cien, de ida y vuelta, de Cristina Cifuentes -que ella ha llevado muy mal, sin duda, como ocurriera en su día con la estupidez de los trajes de Francisco Camps, que tampoco supo cortar de raíz- que a la trama Gürtel del Partido Socialista valenciano y sus socios de Compromís y Podemos, que muchos ni citan. Un caso aquel que sí ha servido para confirmar mi tesis sobre la mediocridad universitaria en España y para sacar a relucir cada día más falseamientos curriculares de políticos que menguan su expediente académico, haciendo desaparecer másteres -por si las moscas-, como el Secretario de Estado de la Seguridad Social, Tomás Burgos, o dejan de ser “titulados”, como el “pedagogo” que pasó del rosa al naranja, Toni Cantó -¡menudo “cante”!-, o la socialista Isabel Ambrosio, “ilustre” alcaldesa de Córdoba, que ya no es “maestra”, salvo en el arte de mentir, que parece dominarlo.

Hoy he preferido analizar una situación que parece repetirse -de momento en parte, gracias a Dios- desde un “Déjà vu” recordado por un discurso pronunciado hace casi sesenta años por un personaje importante de nuestra Historia, que creo interesante para recuperar la auténtica Memoria Histórica que algunos quieren reescribir desde la falacia resentida y sectaria de la izquierda “progresista”, para tratar de ayudar a crear opinión, que viene siendo mi objetivo de los últimos años.

“Esto, que pudo ser así en mi juventud, en los años sesenta, es incuestionable hoy entre las generaciones posteriores y mucho más entre los jóvenes del siglo XXI”

Desde la perspectiva de la realidad española del momento -1959-, este personaje histórico analizaba, veinte años después de terminada la Guerra Civil -en la que como ya he escrito alguna vez, perdimos todos, pero sobre todo el comunismo, que no perdona ni olvida-, las causas que habían llevado al peor y más triste suceso de la Historia de España Contemporánea y que, “los que no lo habíamos vivido y sufrido”, posiblemente no nos dábamos “verdadera cuenta de la realidad de la que se partía”. Esto, que pudo ser así en mi juventud, en los años sesenta, es incuestionable hoy entre las generaciones posteriores y mucho más entre los jóvenes del siglo XXI.

Decía también en su discurso que la distancia del pasado obligaba a ”tener que recordar, aunque sea someramente, los puntos más salientes que caracterizaron a la política española en los tiempos que nos precedieron…” e iniciaba su recordatorio con “la inestabilidad política y la lucha de clases”. Cierto que lo segundo no es tan evidente hoy, entre otras cosas porque las reformas emprendidas después de aquellos tristísimos sucesos de la década del 1931-39 crearon la clase media, inexistente entonces, pero ¿no es precisamente “inestabilidad política” lo que ha originado el repetido desafío catalán del 9-N de 2014 y del 1-O de 2017? Y, por otra parte, la brecha que se está abriendo desde 2004 en la sociedad actual puede hacer que vuelva esa “lucha de clases”, si no está llegando ya.

Continuaba destacando “un ambiente permanente revolucionario con menoscabo de la autoridad”. ¿Qué otra cosa es lo que se está viviendo, desde hace seis meses, en el parlamento regional y en las calles y vías de comunicación catalanas y el incumplimiento reiterativo de sentencias del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo? Sul reciente auto lo deja claro, pese a que en algún país socio de la CE -con irresponsabilidad flagrante- parece que sólo es revolución cuando hay enfrentamientos armados en las calles, con heridos y muertos.

“Citaba después el terrorismo en determinadas regiones, la decadencia espiritual y atraso cultural de grandes sectores”

Citaba después “el terrorismo en determinadas regiones, la decadencia espiritual y atraso cultural de grandes sectores”. Lo primero, gracias a Dios, parece desaparecido desde el último atentado de ETA en Diciembre de 2006 en la Terminal T-4 del aeropuerto de Madrid-Barajas, donde murieron dos personas, aunque no han dejado de producirse actos de carácter terrorista en la calle -Vascongadas, Navarra (Alsasua) o Cataluña, donde despierta una especie de kale borroka-. Pero la “decadencia espiritual” -y moral, añado- es un hecho cada día más evidente y no lo es menos el “atraso cultural”, quizás disimulado por el desarrollo tecnológico, la práctica desaparición del analfabetismo -aunque saber leer no implica que se entienda lo que se lee- y la proliferación de “títulos” universitarios, que ya hemos visto para qué sirven aparte de falsear el currículum o decorar paredes.

Otra causa, continuaba, fue también “el fomento libre de los separatismos y el estancamiento de nuestro progreso económico”. Vamos a por el pleno, ¿qué ha sido, si no esto, la libre interpretación de la Constitución de 1978 por parte de unos y otros en mayor o menor medida -consentida, cuando no propiciada, por los distintos gobiernos- para crearse sus miniestadillos con capacidad legislativa, en competencia con el Estado Central, llegando a la creación de innecesarios organismos regionales paralelos? ¿Y qué, si no un estancamiento o retroceso económico fue pasar del 9º al 13º puesto de desarrollo industrial o, en el caso de Cataluña, la fuga de más de tres mil empresas a diferentes provincias españolas tras la consumación del intento de golpe de Estado? Y añadía en esta línea que, “se agravaron”: “la desintegración nacional, con el pacto con los separatistas”, lo que no necesita mucho comentario hoy -todos han pactado con los separatistas-, viendo la situación de casi ruptura en algunas regiones y el sentimiento creciente en otras, inexistente al inicio de la Transición, que se completa con el rechazo, cada día mayor, del nefasto, insostenible económicamente e ingobernable políticamente sistema de las autonomías; “la libertad de conciencias, con las leyes perseguidoras de la religión y de la Iglesia ”, baste recordar la implantación de aquella nefasta “Educación para la ciudadanía”, que no fue otra cosa que el intento de “normalización” de la degradación moral por la vía de los textos -una herramienta relativista de libro, nunca mejor dicho- y la doble vara de medir para todo lo relacionado con la defensa y enaltecimiento de otras religiones, fundamentalmente el islamismo, que no es más que impulsar la decadencia del cristianismo, contra el que vale todo; “la defensa nacional, con la debilitación de las instituciones castrenses”, lo que vuelve a repetirse con la supresión del Servicio Militar -decidida, para más inri, por un Gobierno conservador, afectado por el “síndrome de la Moncloa”- y la desaparición del sentimiento de Patria en los colegios; “el orden, con el quebranto del principio de autoridad”, que parece propiciar la inacción aparente de nuestros gobiernos, la lentitud de la Justicia y el “cachondeo” de algunos de nuestros supuestos “socios” europeos y, por último, añade, “los fundamentos de nuestra civilización occidental, con el deslizamiento rápido hacia el comunismo”, lo que también tiene su reflejo en el momento actual con la deriva hacia la izquierda del Partido Siempre Opuesto a España y la repentina eclosión en 2014 del partido comunista Podemos, tras la siembra del Movimiento 15-M propiciado por los anteriores.

“Y tras el Déjà vu, recordé una frase que, de chavales, decíamos muchas veces -al menos en mi tierra cordobesa- cuando soñábamos en voz alta o hacíamos algún plan de futuro con más deseo que otra cosa y surgía un suponer”

Dicho lo anterior, y tras el Déjà vu, recordé una frase que, de chavales, decíamos muchas veces -al menos en mi tierra cordobesa- cuando soñábamos en voz alta o hacíamos algún plan de futuro con más deseo que otra cosa y surgía “un suponer”, seguido de todos los pasos optimistas necesarios para alcanzar tal sueño. Por eso, después del análisis anterior me dejé llevar por la imaginación y recordé algo que circula por esas redes sociales que ahora están siempre presentes y me dejé llevar suponiendo cómo sería un país en el que no hubiera drogas; en el que el promedio de rentas fuera el 80% de las de los cinco países fundadores de la Comunidad Europea; en el que el desempleo estuviera por debajo del 5%; en el que existiera una enseñanza pública -media y universitaria- de calidad, y ambas gratuitas; un Estado sin prácticamente deuda pública; una población reclusa inferior a 10.000 -hoy supera los 80.000 presos-; y, añado yo, con Sanidad y Justicia públicas; con seguridad en las calles; sin impuestos prácticamente, las primeras 100.000 Ptas. de sueldo anual -600 € de hoy, sí, anual- estaban exentas y a partir de ahí el sueldo estaba gravado con el 12%; etc., y me dije, cáspita -bueno, me dije otra cosa, pero no queda bien escribirla aquí-, si así era España en 1975, ¿qué se hizo tan mal para estar como estamos? Eso sí, ahora somos “demócratas” manejados por unos supuestos representantes “elegidos” en listas cerradas y que legislan fundamentalmente para ellos. La última muestra, las dietas por formar parte o presidir una de las “comisiones de investigación” que se crean en el Congreso, Senado o camarillas regionales para marear la perdiz y “pasen días, caigan dietas”. Se atribuye a Napoleón la frase de “Si quieres que algo no funcione, crea una comisión”. Y si encima te pagan por participar, “miel sobre hojuelas”, que reza un conocido dicho español.

De la guerra de sillas en la caseta de CC.OO. de la Feria de Sevilla, de la superioridad de la raza aria de los separatistas catalanes o de la “urgencia” de Ciudadanos para cerrar TV3, en virtud de la aplicación del Art. 155 del que en Septiembre no querían ni oír hablar, y otras “minucias”, hablaremos otro día.

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Antonio de la Torre

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

Un comentario sobre “Un Déjà vu de 1959, auténtica Memoria Histórica, y un suponer

  • el 24 abril 2018 a las 15:55
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    Añadir al descontrol de los ERE, decir que hoy se sabe que la Guardia Civil manifiesta que no había ni un control y fiscalización previa a la concesión de fondos ni control y fiscalización posterior a su concesión; es decir, no existía un procedimiento administrativo para su concesión. Se concedía a “go-go” para seguir perpetuandose en el poder a través del clientelismo.
    Lo demás del artículo hace bien el dicho de que cualquier tiempo pasado fue mejor; chico que no siempre se cumple, al menos en su totalidad.

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