
«¿Acaso no es una confrontación dura y beligerancia asegurar en el Parlamento catalán que el Rey, la Monarquía y la Constitución no se acatarán en Cataluña?»
A rebufo del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, hablan muchos de diálogo ante el golpe de estado catalán y hasta el PSOC delirante, confirma la tesis golpista, y en sede oficial, sobre la violencia de las Fuerza de Seguridad del estado. Y con estos espaldarazos, el títere Torra pontifica sobre la democracia y lanza sus dardos de intransigencia, intolerancia y beligerancia contra España. Y por sus palabras es fácil digerir ese mundo separatista catalán definido con precisión por el patrón de la Argos, don Santiago González, como de «particular y onírico Matrix subvencionado».
¿Acaso no es beligerante el acoso del presidente autonómico y su amenaza con la secesión unilateral?

¿Acaso no es una confrontación dura y beligerancia asegurar en el Parlamento catalán que el Rey, la Monarquía y la Constitución no se acatarán en Cataluña? Es lástima que no oigamos a filósofos y pensadores sobre los problemas que acarrea para el ser humano la inmersión en el odio y la falsedad en la historia que cultivan los independentistas catalanes.
Recordemos hoy otro de los fracasos de ya pasado gobierno de Rajoy y que prácticamente pasó desapercibido: Al ya tan famoso como falso derecho a decidir, aquel Gobierno mudito inventó un lema interesante: «El derecho a saber» pero no tuvo ocasión, y me imagino que ni arrestos, para explicarlo en alta voz, difundirlo, defenderlo y realizar un relato contra la beligerancia golpista que todavía hoy sigue haciendo falta.

