
LA DIGNIDAD COMIENZA DONDE LA JACTANCIA ACABA. (Edward Young)
Una vez proclamada la Segunda República, Julián Besteiro fue visto por miles de españoles como el jefe de Estado más idóneo para el nuevo régimen, lo que explica que fuera finalmente escogido para la presidencia de las Cortes Constituyentes. Cargo que desempeñó con una imparcialidad ejemplar, pese a la presencia en aquel Parlamento de numerosos indisciplinados de todo género (jabalíes los llamó Ortega).. Pero Besteiro, señero -¡y más si cabe!- como un speaker (presidente) de los Comunes británicos, ponía orden y silencio en muchas noches de desbordamientos verbales e ideológicos.
Años más tarde, ya en el exilio, o en la sombría España de la inmediata posguerra, fueron muchos los españoles que soñaron retrospectivamente con una Segunda República presidida por la ecuanimidad de Besteiro: la España posible de Besteiro.
Un anarquista español de rostro quijotesco dijo: «Todos los intelectuales de la Segunda República fueron unos despreciables traidores, menos uno, Besteiro». Añadiendo, para mayor asombro mío: «Los demás huyeron, mientras él se quedó a sufrir la tiranía, junto a su pueblo». Juan Marichal (El País)
Dolores Ibárruri «La Pasionaria»pronunció un incendiario discurso en el Velódromo de Invierno de París, el 8 de septiembre de 1936, «Más vale morir de pie que vivir de rodillas». El 6 de marzo de 1939 huye en avión desde el aeródromo de Monóvar, cerca de Elda, hacia Orán y París, en compañía de Juan Negrín, Rafael Alberti, Enrique Líster entre otros destacados miembros del Gobierno, del mundo de la cultura y de la cúpula del PCE.
