Momias planchadas. Por Vicky Bautista Vidal

La presidenta del Consejo de Estado, María Teresa Fernández de la Vega, sorprendió durante su visita oficial a Letonia con el rostro visiblemente cambiado
La presidenta del Consejo de Estado, María Teresa Fernández de la Vega, sorprendió durante su visita oficial a Letonia con el rostro visiblemente cambiado

“En el siglo XIX y principios del siglo XX, la mujer a los 40 años era considerada una anciana. La gente vivía menos, no existía el tinte de pelo, ni el maquillaje ni la cirugía estética”

En el siglo XIX y principios del siglo XX, la mujer a los 40 años era considerada una anciana. La gente vivía menos, no existía el tinte de pelo, ni el maquillaje ni la cirugía estética. No estaba de moda, tampoco, el exceso, porque a parecer un gato mojado se le llamaba “virtud”. Pese a ello, la mujer a lo largo de la Historia siempre ha hecho lo que ha podido y cada una, intentaba lo que se le ocurría para estar mejor; aunque, luchar con un tópico generalizado es realmente difícil: ¿Cuarenta años?… ¡Todo hecho!

Y no es que hayamos cambiado mucho en cuanto a los tópicos, aunque ahora se haya alargado la edad “visible” de todo el mundo, especialmente de las mujeres, en una cantidad considerable de años. A pesar de los adelantos, el paso del tiempo y el cambio inevitable siguen siendo traumáticos para muchas, y muchos también, aunque en este escrito me refiera más a las mujeres.

Es lógico: Cada vez resulta más indispensable la imagen en un mundo audiovisual, y el corazón, el pensamiento, los deseos y las ilusiones no concuerdan con el cambio físico que retira al personal de la vida sentimental activa ni del mundo en general.

 “Con esa capacidad de autoengaño que tenemos el género humano en compacta formación, seguimos en nuestros trece de que La belleza no importa”

Cumplir años, en estos tiempos, está sobrevalorado. Con esa capacidad de autoengaño que tenemos el género humano en compacta formación, seguimos en nuestros trece de que “La belleza no importa”, de que “la belleza interior sí que vale” … “todos somos iguales” … y unas cuantas chorradas más que nadie se cree pero que nos ayudan a tolerar lo intolerable: la inevitable degradación física y después la muerte.

Muchos profetas de religiones, doctrinas y creencias sobre ovnis van por ahí dando la tabarra sobre que el hombre, no está preparado para conocer, ni para enfrentarse al descubrimiento de nuevas verdades sobre quién es, su destino y la posible existencia de seres de otros mundos en nuestro bello planeta. Por supuesto se equivocan: Quien conoce que un día morirá, está preparado para cualquier cosa. Y sabe que, si es afortunado, antes del óbito deberá observarse a sí mismo y tolerar, a la fuerza, una progresiva degeneración física hasta llegar inevitablemente, de momento, a la decrepitud y después a la muerte.

Con este panorama, considero que somos suficientemente equilibrados. Y aunque la Naturaleza procura sabiamente ir retirándonos del camino sin que seamos muy conscientes de ello hasta que caigamos, como hojas secas, del árbol de la vida, nos damos perfecta cuenta de la diferencia que representa en nuestra existencia el paso de una edad a otra. Pocos años de infancia, pocos de adolescencia, unos cuantos más de juventud real y el paso a una edad intermedia en la que ya no somos jóvenes, pero tampoco ancianos y que es la más larga. Durante este periodo. Las mujeres, somos bastante más conscientes de los privilegios juveniles que tuvimos y que ya no están. 

“Y el puto reloj biológico continúa inexorable aporreándonos con bajones cíclicos que nos van empujando, a patadas, hasta que llegamos al borde del precipicio existencial hechas unas momias”

Me da igual que los filósofos buenistas y auto engañados me señalen con el dedo y me marquen con cualquier sello: El autoengaño es bueno porque ayuda a sobrevivir. En algunos casos es progresivo y en otros, de un día para otro. Te acuestas siendo una “chica” y te levantas como una señora de mediana edad ¡y lo notas! En el fondo todas reconocemos la diferencia de trato, la indiferencia de muchos y la no integración en algunos ambientes a partir de cierta edad. Las miradas hablan y nosotras las escuchamos. Y el puto reloj biológico continúa inexorable aporreándonos con bajones cíclicos que nos van empujando, a patadas, hasta que llegamos al borde del precipicio existencial hechas unas momias.

Un día te miras al espejo y no hay quien te reconozca, ni tú misma. ¿De dónde han salido esas bolsas, que parece que alguien vive allí? ¡Ayer no tenía tan flojita la papada!… ¿Y las canas?… Tendrás que elegir entre aprovechar la moda del pelo blanco o empezar a teñirte… Con este panorama, que alguien rebata la necesidad de muchas mujeres por retocarse y en ocasiones por hacerse un “acuchillado y barnizado” completo para recuperar un poco de tiempo más y sentirse integradas y todavía en el mercado.

Lo malo es que es preciso elegir. Quedarás más estirada, sí… pero… ¿Más guapa?… A la vista de algunos ejemplos, no sabe una o uno que es mejor: Que te pongan un careto estándar con el que podrías ser Camilo Sexto, Carmen de Mairena, María Teresa Fernández de la Vega o continuar haciendo como que no te importa envejecer porque la dignidad personal es significativa para ti. No parece que haya otra opción. ¿Quién puede tirar la primera piedra a estas “cara cartón” que nos encontramos cada día por todas partes? ¡No seré yo!

Contenida ante las pruebas que me traen a la cara muchas y muchos “operados”, elijo a la fuerza quedarme con mi “digna edad” antes de arriesgarme a sufrir, aún más, cuando me levante cada día y me encuentre en el espejo con la extraña caricatura de alguien que no conozco. ¡Que vida esta, oiga!

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Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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