
«En nuestras esquinas, junto a las aceras de toda España ha aparecido una nueva figura más capaz que el felón internacional: Se trata de Gretorra»
Con la aparición de Gretorra se produce un cambio en la clasificación general de la infamia en España. Hasta ahora con las palabras del felón en Nueva York, al alardear de la profanación de Franco y mezclar el cambio climático con las perspectivas de género, estábamos ya muy cerca del gran esperpento nacional, de lo nunca conseguido en la historia española desde la aparición en el Ruedo Ibérico del Marqués de Bradomín, el último círculo de la insensatez política y la decadencia moral por el que Sánchez lleva tanto tiempo sacrificándose. Un alarde para el que Sánchez, porque hay que reconocerlo, se ha entrenado con plena dedicación en la cinta de la impostura, sudando mentiras, plagios y fotografías, cientos de fotografías a todo color y papel cuché que pagamos todos con el frenético ritmo propagandístico que imponen sus asesores y para el que cada segundo introducimos otra moneda y qué no pare la farsa ni la música que le acompaña.
Pero de nuevo queda de segundón en la carrera de la infamia, y por una cabeza, como en los mejores tangos. En nuestras esquinas, junto a las aceras de toda España ha aparecido una nueva figura más capaz que el cum fraude internacional: Se trata de Gretorra en huelga de no asistencia a sus responsabilidades en solidaridad con el terror. Es la culminación, el no va más. El auténtico paradigma del esperpento nacional.

