Sin miedo a decir España. Por José Crespo

 

Sin miedo a decir España
Sin miedo a decir España
 

«Arrebatarle a España el nombre ha sido la primera forma, la más sutil e irresistible, de vaciarla de significado. España ha pasado a ser menos que un nombre»

En estos días tengo entre mis manos una serie de libros, entre ellos una «Breve Historia de España» de Fernando García de Cortázar o el premonitorio «España. Reflexiones sobre el ser de España» editado por la RAH en 1998, cuando mi correo anuncia la llegada de un mensaje.
Lo abro y ante mis ojos aparece un excelente artículo que ya guardaba con cariño desde 2013, que desgrana una serie de ideas en una secuencia ordenada, que hasta el político menos aventajado podría comprender aunque dudo le la mínima voluntad y sentido común para comprenderlo. Quizá ha sido coincidencia pero me encantan las coincidencias.
Tengo claro que el español de la calle lo ve tan nítido como don Fernando. Un buen amigo me remite este artículo y lo pongo sobre la mesa para compartirlo pues es justo y necesario. Hay que respirar profundamente y dejar que las frases limpias y cristalinas vayan cayendo en nuestra mente. Insisto, aquí va pues merece la pena ser leído y meditado.
Desde hace años padecemos cómo la palabra España se ha eliminado de prácticamente todas partes, ahora nuestra propia lengua gracias a la vacua ministra Celaá, no digamos de los ambientes y espacios autonómicos donde se maneja la palabra estado o “estao” como un elemento lleno de torpeza y de trabas que debe ser vaciado para que ellos, nacionalistas, separatistas, filoterroristas y también la derechita cobarde, que «lo van a hacer mejor», lo manejen todo en sus pesebres autonómicos, pues como las autonomías no hay nada mejor para gestionar el derribo de lo que queda de España.
Vivimos una prostitución intencionada del lenguaje, una prostitución llena de torpeza cuanto menos, pero que rezuma vileza en muchos casos. Esa corrupción nace desde nuestro lenguaje diario y llega hasta las más altas instancias, una corrupción que ha alejado a la sociedad de lo que es fundamental para su desarrollo y engrandecimiento y me quiero referir a los Valores. Cuando palabras como compañerismo, camaradería, intimidad, amistad, que generan y son la base de una sana unión entre personas, familias, grupos o naciones hacia un objetivo común, son enfangadas por los creadores de opinión y adoptan la palabra «complicidad», es que la sociedad anda muy, pero que muy mal.
Hoy cuando dos personas, amigos, pareja, matrimonio, o un grupo actúan mediante la concordia y el acuerdo mutuo se dice que son “cómplices” y “que se les ve con una gran complicidad”, recordemos que el diccionario es claro. Voy a mi mesa abro y leo:… 《cómplice: Persona que sin ser autora de un delito coopera a su perpetración con actos anteriores o simultáneos, aunque no indispensables. Participante en un crimen o delito que se atribuye a dos o más personas》.
Esa es la batalla que se está perdiendo y es la de llamar a la cosas por su nombre, la de eludir unas y cambiar el significado de otras.
A día de hoy a un fugado, delincuente fugado como Puigdemont se le define como un hombre que busca la justicia. En vez de hablar de «políticos presos», auténticos ladrones, rebeldes y sediciosos se les llama y presenta como «presos políticos».
Saludo a la bandera de España
Saludo a la bandera de España

 

«Este magistral artículo de Cortázar corrobora lo que tantas veces se la dicho, y escrito, y lo que tantos pensamos, que en la guerra ideológica la primera batalla que se gana o se pierde es la semántica»

Eludir la palabra España y poner “país limítrofe” en el mapa de un texto escolar en una autonomía y que un niño debe estudiar y en el que se dice que la península ibérica limita al sur con el Reino Unido en referencia Gibraltar en vez de decir que limita con una vergüenza, eso es vileza y ensañamiento con la mente de un niño, y en eso nuestro Rey debería ser el primero en torcer el gesto ante tamaña maldad y así lo ha hecho en alguna ocasión… cuando Felipe IV tuvo que actuar ante el golpe de estado en Cataluña reclamando la reposición del orden constitucional, y que un juez valoró como una simple e inocente ensoñación de los delincuentes separatistas. Ese orden constitucional que ahora va camino de ser dinamitado por comunistas, socialistas, separatistas y terroristas que han entrado a saco de la mano de Sánchez y el ‘moñas’ dando voz al que ha dicho que «para que haya una España republicana, roja y laica, primero tendrá que haber una España rota».
Esconder debajo de la alfombra el patriotismo, cuya definición leo: «Amor a la patria, sentimiento y conducta propios del patriota», y para patriota: «Persona que ama a su patria y se esfuerza por lograr su bien»… ¿es que no hay nada más bello que amar y dar algo por amor? ¿Es que no debe ser este el primer sentimiento inexcusable de un ciudadano cuando se eleva a la condición de político?… Desgraciadamente no veo personas de esa casta, la política, ya sean de derechas o de izquierdas, que empleen estos términos y si lo hacen es para ensuciarlos, enfundarse en ellos, apropiarse ellos y emplearlos como garrotes contra el contrario, me recuerdan aquella pintura negra de Goya conocida como el “Duelo a garrotazos” o “La riña”.
Cambiar el significado de las palabras que es lo que se viene haciendo en nuestra vida diaria desde hace años. En ese cambio se ha buscado el adoctrinamiento cobarde y el aborregamiento de nuestra sociedad. Se ha tergiversado el sentido de la palabra “paz” para llegar a transmitir a los niños que “la paz no es el fin, es el camino”, sin decir que la paz a toda costa, es la que lleva aceptar las brutales dictaduras y a vivir resignadamente en ellas, cuando en realidad la paz sí debe ser nuestro objetivo, nuestro fin, pero luchando por la Libertad, sin aceptar la paz de los cementerios, la paz de la represión, no solamente se está prostituyendo la lengua también los Valores. Debemos estar dispuestos a “vivir por y para” y si es necesario a “morir por”, nunca caer en la indecencia corrupta que se ha hecho norma: “vivir de”.
Negar al oponente la capacidad de las buenas obras. Y quiero acordarme de un torpe nacionalista catalán en aquella comparecencia maratoniana de once horas a la que se sometió al ex presidente Aznar ante la Comisión por el 11-M, en la que soltaba la lindeza, explicando que no sabía cómo traducirlo del catalán pues en castellano no existe, y se refirió a la palabra “enraonar”, explicando que esa “palabra que el señor Aznar no entendió, no porque no hablase el catalán sino porque en castellano, en español, no tenía traducción”. Se refería ese mamarracho a “razonar”… y a aquel mentecato nadie le dijo nada, salió de rositas y crecido. Parlante de una lengua que se bautiza como “catalán” desde finales del siglo XIX, pues antes era llamado simplemente llemosí o lemosino, y tan a finales, pues tomo un librito de mi biblioteca, sobre una de mis aficiones, y leo en la primera página del mismo “Formación de los apellidos lemosines”, publicado en 1881, es decir que lo que siempre se llamó lemosín o llemosí, se comenzó a llamar catalán anteayer, para luego hablar de una lengua y una nación milenaria sojuzgada, mientras que ahora cuatro obispos podridos hasta la médula llaman a estimar y valorar una singularidad nacional fabricada hace cien años por Prat de la Riba y las Bases de Manresa.
Y en esas estamos, perdidos cobardemente en la “economía”, en la aprobación de unos presupuestos estatales a toda costa, orientados a la destrucción de España, sin hablar de lo que verdaderamente es importante, de España, de patriotismo, de perspectiva de conjunto, de visión de futuro, de Valores, de sacrificio, que es lo que nos puede sacar del agujero, mientras se piden informes a tribunales, no vinculantes por supuesto, para ver qué hay que hacer sin ofender a los agresores que siguen lanzando improperios y orinando sobre la Soberanía Nacional y su único propietario, el Pueblo Español. Podemos afirmar con rotundidad que no hay libertad, pues para ser libres el primer paso en una justicia y una fiscalía INDEPENDIENTE Y DESPOLITIZADA, algo que no existe en España. ¿Qué se puede esperar del actual Tribunal Constitucional ante el referéndum ilegal que se planteó, luego ante el envite descarado del 27-S de 2015 anticipándose catorce meses a su fecha límite con una campaña dominada ad nauseam por el tema de la independencia de Cataluña, … hasta llegar al 1-O de 2017 suspendido por el TC el 7 de septiembre y finalmente celebrado contra la unidad de España y ninguneando la Soberanía Nacional?
Un Tribunal Constitucional, cuyos miembros seguirán siendo designados en su totalidad por el poder político. Y no nos engañemos, de todos los estragos que ha causado la politización de la Justicia, los mayores los ha provocado el Tribunal Constitucional, pues fue el Constitucional el que, a conveniencia de un gobierno empeñado en mantener «contactos con el MLNV», sacó a la calle a la justamente encarcelada mesa nacional de HB. Fue la politización del Constitucional la que animó a socialistas y nacionalistas a impulsar y en buena parte, aprobar, un estatuto abiertamente anticonstitucional como es el estatuto de autonomía catalán. Fue la politización del Constitucional la que ha permitido dejar en papel mojado la Ley de Partidos y la sentencia de ilegalización de Bildu dictada por el Supremo, convirtiéndose y actuando como Supremo del Supremo. Los dos principales partidos políticos, enfangados en la corrupción, jamás han demostrado la altura de miras necesaria y la consciencia de lo necesaria y urgente que es una auténtica división de poderes.
Pero eso es, precisamente, lo que no tenemos. Como se suele decir, aquí solo tenemos a los que quieren ver enterrado a Montesquieu y los que se contentan con sacar de paseo a su cadáver. Sólo se puede salir del lodazal de la corrupción que ha alcanzado todas las esferas posibles, con Valores, es urgente que al frente de España se ponga un equipo de patriotas, de izquierdas y de derechas, con liderazgo que sean capaces y estén dispuestos a concebir con una amplia visión de conjunto la grandeza de su empresa y la transmitan a la ciudadanía. No podemos seguir permitiendo y aceptando la negación de España, considerada como elemento opresor, pues se nos niega el poder de concebirnos a través de una ilusionante visión de conjunto y a través de ella salir del agujero en el que se nos ha metido.
Debemos recuperar España de debajo de las alfombras dialécticas, y denunciar para que no se eluda la palabra España, no se esconda el patriotismo, no se cambie el significado de nuestra lengua milenaria ni se nos niegue la posibilidad de las buenas obras por parte de estos energúmenos que han hecho propia la bandera de la leyenda negra. Sólo saldremos de este atolladero cuando se reconozca que el gran error de la transición fue la creación de las autonomías, y el término de nacionalidades, y sean eliminadas, pues ellas sólo son un foco de corrupción a las que se ha dado a gestionar asuntos estratégicos que deben ser de interés y responsabilidad estatal exclusiva, como la Educación, la Sanidad, la Justicia, la Seguridad… dado que sólo así y con las mismas leyes seremos auténticamente Libres e Iguales, lejos de esa falacia de autogobiernos y más y más competencias desnudando a España donde ahora impera el latrocinio.
Recordemos que una visión de futuro sin acción es simplemente UN SUEÑO, una acción sin visión de futuro carece de sentido y una VISIÓN DE FUTURO puesta en práctica puede cambiar el mundo.
Tras degustar estas líneas llenas de sensatez me surgen dos pensamientos que me gustaría me respondieran las más altas instancias de nuestra nación, España, y me refiero a nuestro Rey, nuestro Gobierno, y nuestra Oposición, y el Parlamento en pleno. Las dos ideas que me surgen son las siguientes: La primera: Este magistral artículo de Cortázar corrobora lo que tantas veces se la dicho, y escrito, y lo que tantos pensamos, que en la guerra ideológica la primera batalla que se gana o se pierde es la semántica. Y la segunda: Aunque ya hay voces muy autorizadas, como la de este eximio intelectual, que hacen un certero diagnóstico de la enfermedad nacional ¿y/o terminal? De España, aún nadie se atreve a decir alto y claro; cuando, cómo y por qué la contrajo. Y ello es necesario, es imprescindible el diagnóstico para procurar el remedio pues sólo la verdad nos hará libres.
Aquí adjunto la Tercera de ABC de 3 de marzo de 2013, de rabiosa actualidad de Fernando García de Cortázar titulada ESPAÑA POR SU NOMBRE “Arrebatarle a España el nombre ha sido la primera forma, la más sutil e irresistible, de vaciarla de significado. España ha pasado a ser menos que un nombre. Ha adquirido la penosa condición de un adjetivo que califica, con la accidentalidad propia de su carácter, lo que parece realmente sustancial: el Estado que unas cuantas naciones se ven en la obligación de compartir con los españoles”.
José Crespo

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Historia. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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